Afortunadamente, la adopción de animales cobra fuerza año tras año, frente a la alternativa de la compra. Pero… ¿Lo hacemos movidos por la cabeza o por el corazón?

Dar una segunda oportunidad a un perro, a un gato, a un conejo o a cualquier otro animal es un acto generoso y de gran valor, tanto para el animal como para el adoptante.

Incluso para la sociedad en general, ya que reducimos riesgos de accidentes o propagación de enfermedades. Pero el índice de devoluciones de estos animales adoptados es alarmante. De plantearnos o no una serie de cuestiones dependerá que esta acción tenga un verdadero final feliz.

Las redes sociales, algunos programas de televisión o incluso las personas de nuestro entorno, se hacen eco a diario de los cientos de casos de indefensos animales que necesitan ayuda y un nuevo hogar. Muchos de nosotros incluso tenemos que obligarnos a hacer un ejercicio de resistencia para no sucumbir ante la adopción de todos y cada uno de ellos. La verdad es que el número de abandonos, de partos no controlados, de animales requisados por malos tratos o falta de cuidados, es mucho mayor que el número de personas que adoptan en nuestro país, y hacen falta muchos más adoptantes para contrarrestar ese hecho.

“El argumento de que quien compra a un animal tiene una mayor intención de mantenerlo hasta el final de sus días que aquellos que los adoptan es completamente falso. Las estadísticas delatan que hay un horrible empate a la hora de contabilizar abandonos”.

Antes de nada ¿Por qué es preferible adoptar que comprar a un animal?

Bueno, esta cuestión tiene muchas facetas y múltiples respuestas. Vaya por delante decir que en España, a fecha de hoy, en mayo de 2016, es legal la compra de múltiples especies de animales de compañía y un buen número de exóticas, pero… ¿Sabemos de donde proceden muchas de estas criaturas?

  • Criadores: Por cada criador y establecimiento autorizado (los hay y es necesario reconocerlo) hallamos tres criadores que no disponen de las autorizaciones necesarias. Y el problema no es la falta de permisos administrativos, sino todas las carencias que hay detrás: escasos o nulos controles sanitarios de los animales, fomentando la venta de animales con enfermedades congénitas (que en un alto porcentaje tendrán camadas a su vez, transmitiendo esos problemas a las nuevas generaciones); falta de conocimientos sobre la especie y su correcta socialización (generando carencias sociales y de relación con el ambiente en una fase vital importantísima y que nunca se volverá a dar); destetes prematuros, separación temprana de la madre y venta del cachorro de forma también prematura (causa del 40% de los problemas de conducta en animales domésticos, sobre todo perros).

 

  • Fábricas de cachorros: se trata de granjas, la mayoría de las que venden en España están en países del este y sur de Europa (aunque las hay también en las dos Américas y Asia), en las que las hembras son tratadas como meros objetos reproductores, son forzadas a parir cachorros celo tras celo, hacinadas, mal alimentadas, encerradas (generalmente a oscuras, porque la luz representa un gasto) y sin ningún tipo de contacto afectivo ni actividad física más allá de la reproducción. Los cachorros son retirados muy pronto de las madres para ser vendidos por toda Europa lo antes posible (ya sabéis, cuanto más bebés sean, más fácil será la venta). Aquí en España, la existencia de estas factorías de cachorros es ilegal (aunque como tantas cosas ilegales, también se producen), aunque no lo es la compra a éstos “establecimientos” y el mayor tráfico proviene de esos países por culpa de los bajos precios de los cachorros y el alto margen de beneficio que ofrece al vendedor. Como podréis imaginar, estos cachorros vienen débiles, inmunodeprimidos, enfermos en muchas ocasiones y con enorme riesgo de venir enfermos de origen. Os añado un par de vídeos que os muestran cómo son éstas fábricas de cachorros y el tráfico de perros desde esos países, aunque en internet podéis encontrar cientos. El segundo video está parcialmente en lengua valenciana, pero subtitulado al castellano para poder entenderlo. Os recomiendo ver ambos… 

  • Criadores particulares: “Tengo una perra que a todo el mundo le parece preciosa. Si a mí me costó 500 euros… si le busco un novio y tiene cinco o seis cachorros, puedo sacarme unos 2.500 euros, tras darle un cachorro a los dueños del macho… No, no es negocio… es para recuperar todo lo gastado con la perra…”. Este es el pensamiento de miles de propietarios, aplicable a cualquier especie animal. No todos tienen en mente sacar beneficios sino recuperar gastos, cierto es… pero el final de los animales es el mismo. Cuando vendemos el cachorro nos desentendemos de él, dejamos de sentirnos responsables suyos. Pero la responsabilidad de su presencia en el mundo es únicamente nuestra, llegó a este mundo por deseo o imprudencia nuestra. Si cuidamos de nuestros perros como si fueran de la familia, como si fueran hijos… ¿No deberíamos considerar a sus cachorros como algo similar a “nietos”? Pero una vez vendidos, nos despreocupamos de si ese perro vive la totalidad de su vida en un hogar seguro, bien alimentado y con los cuidados veterinarios necesarios. No preguntamos, no pensamos, no queremos saber. ¿Y si no logramos vender la totalidad de la camada? ¿Qué hacemos con los “animales sobrantes”, los que nadie ha querido? Son entregados a albergues, ingresados en perreras, o peor aún, abandonados en autovías o encerrados en bolsas o cajas para que mueran de hambre, sed o frio, lo que ocurra primero. Y si nosotros no lo hacemos… ¿Quien nos asegura que los compradores de nuestros cachorros no los crucen, como hicimos nosotros, y sean ellos los que se “desentiendan” de esos nuevos cachorros, nietos de nuestro querido animal? No nos paramos a pensar la de cientos de miles de animales que nacen, en el transcurso de una década, fruto y descendencia de una sola pareja reproductora. Hemos de detener ese mecanismo, que no haya diez veces más animales buscando hogar que hogares buscando animal.

Pero si los albergues y asociaciones nos cobran al adoptar… ¿Hay diferencia entre la compra y la adopción?

Pues la misma que entre el día y la noche. Las sociedades protectoras y los albergues de animales (la mayoría entidades privadas creadas por grupos de personas enormemente implicadas en el rescate y defensa tanto de los animales como del reconocimiento de sus derechos) se mantienen gracias a las donaciones de los propios miembros y socios, a la venta de artesanías hechas por ellos y artículos propios de segunda mano en rastrillos, eventos, desfiles, rifas y concursos. Algunas afortunadas gozan de alguna subvención municipal, pero son muy pocas y generalmente los gastos son mucho mayores.

Aun así, las protectoras y los albergues, cuando recogen a un animal, lo desparasitan, lo vacunan, lo examina un veterinario, lo ponen en tratamiento si está enfermo, lo alimentan con comida apropiada y si la edad y el estado de salud lo permite, lo esterilizan. Todas estas acciones las realizan de sus bolsillos, sin saber si el animal interesará a algún adoptante o no, y los costes de todo el proceso son bastante elevados. Con cada adopción, estas entidades suelen pedir una cifra económica, que por lo general no supera el 30% del gasto invertido en el animal. Y este dinero sirve para una cosa:  ayudar a continuar la labor de la asociación que nos ha unido  con nuestro animal.

Si compras a un animal, además de pagar su importe tendrás que hacerle un chequeo veterinario, que lo vacune, desparasite y le ponga el chip. El importe de todo eso de forma particular es cinco o seis veces más elevado que a través de una asociación protectora (en el caso de animales exóticos puede ser hasta ocho o nueve veces mayor, porque los costes de las esterilizaciones son bastante mas elevados), y además estarás contribuyendo a que el tráfico de animales se perpetúe. Como ves, aunque la adopción no sea completamente gratuita, su coste no es injustificado y es mucho más económico que la compra. Acércate a cualquier albergue de tu zona y compruébalo.

Pero ¿es válida cualquier adopción? 

A mi criterio, no. La buena intencionalidad, el “amor a primera vista” y esos impulsos por ayudar no siempre duran, y con frecuencia desenlazan en nuevos abandonos. La emotividad del “rescatar” a un animal de la calle, de una perrera o de un hogar en el que no podían cuidarle, pierde fuerza con el paso de los días y tiende a dar paso a la realidad: que son animales con pasados dificiles cuando no traumáticos, que las malas experiencias que ha vivido, que la falta de atención, la carencia de socialización y/o educación, que el no haber vivido jamás dentro de un hogar, etc, pueden provocar dificultades de convivencia iniciales. ¿Son problemas insalvables? ¡En absoluto! Pero para arreglar un problema no basta con desearlo, hay que ponerse manos a la obra también.

Por eso, porque no deseamos desmotivar a la adopción sino porque queremos que todas y cada una de las adopciones sean satisfactorias y para toda la vida, os traemos una serie de cuestiones, que esperamos os sirvan para plantearos la adopción de la mejor manera posible.

¿Estamos en casa todos de acuerdo en adoptar?

Esta es la primera cosa que hay que plantearse. Si vivimos solos no hay problema (aunque puede surgir en el futuro, cuando dejemos de hacerlo), pero si vivimos en pareja, en grupo o en familia, puede que sí lo haya. Todos los miembros del hogar deben estar de acuerdo en querer convivir con el animal, porque en cuanto alguno no se sienta cómodo con la situación comenzarán los problemas.

El animal suelta pelos, que van a la ropa y a los muebles. Es posible que ladre o incomode con el sonido de sus pisadas. Pueden escaparse pises y cacas en casa (sobre todo en casos de cachorros o animales que nunca han vivido en una casa y que nunca han tenido que cohibirse de evacuar en ningún sitio). Quizá rompa alguna cosa (jugando, por estrés o por simple accidente). Si todo esto va a poner a prueba la paciencia de quienes SÍ querían adoptarle… ¿Os imagináis lo que sentirá quien NO estaba de acuerdo con la llegada del animal pero aún así se llevó a cabo?

Todos esos “desastres” son cosas normales, habituales en los procesos de aclimatación al nuevo entorno, que se pueden tratar y evitar, pero conlleva un proceso, y hemos de estar todos de acuerdo en querer afrontarlo, o de lo contrario podemos crispar el ambiente del hogar y acabar muy mal unos con otros. He visto parejas romperse y miembros de familias apenas hablarse por estas causas, aunque lo más habitual es que sea el animal el expulsado. Y tan solo por no perder un instante en escucharnos y coordinarnos en su momento. Si todos queremos, no hay reproches. Y sin reproches, no se dan ultimatum en caliente.

¿Es buen momento para la adopción?

“Me encantan los perros y cuando vi al mío, no me lo pensé. Lo malo es que yo trabajo muchas horas para ganar cuatro duros. Está mucho tiempo solo y no puedo pagarle las vacunas. Pero bueno, en el campo estaría peor…” ¿Os suena esto también? Cosas muy similares las escucho con demasiada frecuencia. Nadie es adivino y puede vaticinar el futuro, pero no es lógico adoptar a un animal sabiendo que:

  • Va a estar muchas horas solo (en el caso de gatos es algo más flexible, pero otros animales, como los hurones, nos van a requerir alimentarles con mayor frecuencia).

 

  • No tengo espacio o no me gusta que deambule por él. Tendrá que aclimatarse al pasillo o a la terraza.

 

  • Las características del animal requieren alguna modificación en la casa, pero no puedo o no quiero afrontarla.

 

  • Por falta de tiempo, alguna discapacidad o por mera comodidad, no voy a sacarlo a pasear varias veces al día.

 

  • No dispongo de dinero para garantizar su correcta alimentación y atender sus cuidados higiénicos y de salud (vacunas, medicación si cae enfermo, desparasitaciones, baños o cortes de pelo cuando lo precise).

 

  • Hay algún miembro de la familia que requiere de la mayoría de nuestro tiempo y esfuerzo, es complicado dedicar tiempo al cuidado del perro de forma simultánea.

 

  • Voy a cambiar de trabajo o residencia en un breve espacio de tiempo y no tengo claro de que dicho cambio me ofrezca las mismas o mayores facilidades para encargarme del animal.

Si se da alguna de estas circunstancias, no es el momento propicio para adoptar. Quizá más adelante, cuando cambien esas condiciones.

¿Sólo es conveniente adoptar cachorros?

La gran pregunta. Levanta ampollas entre el mundo de las difusiones, porque la mayoría de la población cree con pleno convencimiento que adoptar a un animal adulto es un error, que ya viene con muchos “vicios”. Casi todas las personas que se plantean adoptar un animal tienen la convicción de que cuanto más cachorro, mejor, porque le habitúan a su modo de vida. Este pensamiento está tan difundido, que hemos llegado a un punto en el que contemplamos con estupor como se rechaza la adopción de perros y de gatos por tener ya tres o cuatro meses, pasando a las listas de los “invisibles”. ¿Qué es lo que tenemos en mente como cachorros? ¿Es que un gatito de cuatro meses ya es “demasiado mayor” para recibir cuidados?

Decidid bien… Los animales, como nosotros, sólo tienen una vida.

Además deberíamos cambiar nuestra mentalidad en cuanto a los animales de mayor edad. No todos los propietarios están preparados para criar a un cachorro, muchas veces se ven superados por la dinámica cotidiana de los bebés (lactancia, pises descontrolados, mordisqueo demasiado fuerte, rotura de objetos, y muchos etc.), pero quizá sí que estén preparados para cuidar a un animal ya adulto. Ellos también merecen y necesitan una segunda oportunidad, y tienen algunas ventajas:

  • Su carácter ya está formado, por lo que podemos saber cómo se lleva con otros animales, personas, si sufre algún problema, etc… Con los cachorros, todas esas cuestiones las iremos descubriendo a lo largo de sus diferentes etapas.

 

  • Ya han pasado por las etapas más movidas, en las que necesitan un mayor desgaste de energía. Los adultos son más tranquilos que los cachorros.

Los animales adultos, y más aún los ancianos, tienen siempre pocas opciones de ser adoptados, pero ofrecen el mismo amor y lealtad que cualquier otro. Si tú estás planteándote adoptar, te rogamos que te plantees darle un final de vida digno a un anciano o una larga vida a tu lado a un adulto.

No vale con solo intentarlo

Muchas de las adopciones que se llevan a cabo se hacen bajo preceptos poco sólidos y no duran, devolviendo al animal a su centro de origen. Muchas personas se llevan a este o a aquel animalito para “probar” si se adapta a ellos, y a las primeras dificultades, una vez sobrepasado un umbral de paciencia que ya partía siendo bajo, los devuelven.

Nadie piensa estar haciendo algo mal, claro, pero… ¿Sabéis lo que eso representa para el animal, sobre todo de las especies más sociales, como perros y gatos? Les habréis perjudicado seriamente: En sus mentes, la devolución representa un nuevo abandono, un nuevo rechazo, la pérdida de la seguridad, el afecto y el confort al que se estaban habituando. Fomenta el aumento de la desconfianza y el temor.

Los animales que han pasado por varios hogares son más difíciles de dar en adopción. La mayoría de la gente prefiere animales jóvenes en vez de adultos, y el tiempo que ha estado en ese hogar “no definitivo” le ha restado “encanto y juventud”, por lo que dificulta su posterior adopción. Pero además, les estigmatiza. Todos cometemos el egoísta error de suponer que haber sido devuelto es siempre a causa de que es un animal complicado, inadaptado, problemático, y pocas veces pensamos que quizá sus características y necesidades tan solo no eran acordes a la familia que lo adoptó previamente, pero que puede adaptarse perfectamente a otra familia con otro perfil.

¿Veis lo dañino para el animal que es adoptar sin un planteamiento sólido inicial? El afecto es imprescindible, pero también lo son el realismo y el sentido común. Adoptemos cuando estemos preparados para ello, no antes, y evitaremos grandes daños.

¿Meditado o impulso?

“Nos comparten un post en facebook en el que vemos una camadita abandonada, y uno de ellos tiene una carita de ángel que tira de espalda. No podemos dejar de mirarla, y muchas personas comentan lo adorable que es pero nadie hace nada. Quizá sea el destino que nos une. He de hacer algo, después ya veremos”. ¿Os suena? Como educadores caninos, en contacto con familias con perros, lo escuchamos a diario.

La mayoría de las adopciones se realizan siguiendo un impulso emocional, no un pensamiento lógico y organizado. La sensación de sentirnos “salvadores” de un animal desvalido, de marcar la diferencia entre un tipo de vida u otra, nos impulsa a tomar decisiones en caliente. Pero hemos de ser conscientes de que todo se enfría, la adopción no debe culminarse sólo por una cuestión de egos.

Ese “después, ya veremos” es un terrible monstruo al que combatir. Si introduzco a un animal en mi hogar, es porque tengo un plan de vida para él, ya sea adoptarlo yo o trabajar arduamente hasta encontrarle el hogar definitivo. Pero nunca como un experimento, porque ese animal se juega su futuro.

¿Sabemos lo que adoptamos?

Cada especie tiene unas necesidades concretas. Cada una requiere un tipo de alimento, de vacunaciones, de cuidados higiénicos y unos compromisos para con la sociedad concretos. Los perros han de educarse y sacar a pasear, las serpientes requieren terrarios aclimatados y alimento vivo, los conejos necesitan de varias horas diarias fuera de su jaula para poder moverse, etc… No son todos los animales iguales, cada uno requiere cosas concretas. 

Y dentro de cada especie, tenemos que tener en cuenta la variedad o raza, o sus cruces, que también conlleva sus necesidades. Querer que un perro haga su pis en un arenero, solo porque si los gatos pueden ellos también, es una insensatez. O medir por el mismo rasero a un boxer joven que a aquel bichón habanero anciano que tuvimos y esperar a que sus necesidades de ejercicio sean las mismas no solo es injusto, es propio de alguien poco lógico. Pero o soy yo, que me encuentro a todos los ilógicos, o es que abundan más de lo que esperaba. 

Antes de adoptar a ningún animal debemos enterarnos de cuales van a ser sus necesidades y requisitos, comprobar que podemos satisfacerlos, y sólo así, adoptar. De lo contrario, volveremos a caer en el error de tener a un animal en malas condiciones o en el de devolverlo tras un breve lapso de tiempo, y solo por error nuestro. El animal no miente, no nos engatusa, sus necesidades son las mismas que todos sus congéneres, es fácil conocerlas de antemano. 

Tampoco se encapricha de nosotros, somos nosotros los que nos encaprichamos de ellos. Si nos sentimos decepcionados por un animal deberíamos asumir que quien ha decepcionado a alguien somos nosotros mismos. Ellos no fueron a buscarnos sin que estuviésemos preparados… fuimos nosotros, los humanos.

¿Se adapta a mí?

Yo soy una persona de una actividad media-baja (camino horrores, pero no me verás correr por voluntad propia)… Y mi compañero perfecto es Zidane, un Bulldog Inglés sereno y reposado, que disfruta más de la sombra de un árbol o una tostada en una terraza que de una carrera por el monte. Nos compenetramos y ninguno exige al otro nada que no pueda dar.

Es un ejemplo de lo que os quiero transmitir. Vuestro animal se ha de poder adaptar sin esfuerzos a vuestro ritmo y vosotros debéis adaptaros igualmente al suyo. Y tenéis la capacidad y la oportunidad de anticiparlo y elegirlo. ¿Pasas muchas horas fuera de casa? Quizá un gato te de más libertad con el mismo ratio de compañía y mimos. ¿Sales a correr a diario? Ese cruce de Boxer con Border Collie es tu compañero ideal. ¿Nadas en la playa con frecuencia? Un terranova o un Labrador disfrutarán contigo al máximo. ¿Poco espacio y hábito de pasear? Quizá una cobaya o un pequeño roedor…

Pero adoptar un dálmata o cruce de éste cuando soy una persona a la que no le gusta salir a la calle o que trabajo hasta muy tarde no es correcto. Raya lo inmoral, porque estaremos negando a ese animal una necesidad que no es un simple capricho, su felicidad depende de ella. Y con la suya, la nuestra se ve comprometida. Decidid bien… Los animales, como nosotros, sólo tienen una vida.

¿Y por qué no adoptar un “invisible”?

Todos aquellos que estamos inmersos en el mundo de las difusiones y adopciones animales solemos ser testigos de una situación desesperante… Hay personas que se agolpan por adoptar un animal concreto (que ha salido en la tele o cuyos tutores han realizado una gran campaña de promoción y difusión) mientras que miles de otros animales parecen ser totalmente invisibles (aunque también los difundan, vayan a eventos o rastrillos).

Estos animales pueblan perreras, albergues o casas de acogida durante años, algunos durante toda su vida, sin que nadie pregunte por su adopción. ¿Por qué? Porque no son de raza pura, porque ya es muy mayor, porque es de tamaño grande… hay tantos por qué como animales invisibles.

Yo trabajo con frecuencia con algunos de estos invisibles (especialmente perros) y puedo garantizaros que estos animales son dignos merecedores de cariño, respeto y cuidado, y que son capaces de aportar esas tres cosas en dosis mayores de las que necesitan.

¿Entonces quieres decir que no adoptemos?

¡En absoluto! ¡Al contrario! Siguen haciendo falta miles de hogares para miles de animales. Sólo quiero concienciaros de que lo que para nosotros puede tratarse tan solo de un experimento, una prueba de afinidades, para esos animales representa quizá su única posibilidad de llegar a ancianos con dignidad y calidad. Debemos cuestionarnos si es el momento, si dispongo de todo lo necesario, si ese animal es el acorde para mí y si yo soy el acorde para él. Y cuestionárnoslo con la cabeza, no con el corazón, porque los impulsos del corazón, aunque poderosos, nos traicionan a menudo y no nos dejan ver aspectos que luego serán muy importantes. Por el bien de esos animales, por vuestro bien.

Para que cada animal adoptado no necesite buscar adopción nunca más.

Por último… ¿Sabríais donde adoptar?

Os damos una relación de algunas de las asociaciones, albergues y protectoras de las provincias en las que nosotros residimos, en las que pinchando en su nombre os dirigiremos a sus webs. Son muchas más, desde luego. Si colaboráis con alguna que no aparece en el listado y queréis que aparezca, escribid un comentario al final de este artículo, incluyendo su web, y lo iremos incluyendo.

Asociaciones y protectoras de animales en Alicante

Asociaciones y protectoras de animales en Badajoz

Asociaciones y protectoras de animales en Cádiz

Asociaciones y protectoras de animales en Castellón

Asociaciones y protectoras de animales en Granada

Asociaciones y protectoras de animales en Granada

Asociaciones y protectoras de animales en Huelva

Asociaciones y protectoras de animales en Sevilla

Asociaciones y protectoras de animales en Zaragoza

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

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