La agresividad canina causa un gran número de abandonode perros.

Pero la agresividad en los perros tiene tratamiento.

La agresividad canina y los problemas de comportamiento tienen cada vez más importancia en la convivencia diaria de los hogares con perro.  No hay solo una causa, existen varios tipos de agresividad en un perro: por el territorio, derivada del miedo, por la posesión de un recurso (un objeto, un alimento, etc), materna, patofisiológica (derivada de una dolencia o enfermedad), la guiada por el instinto de depredación, la que se origina durante el juego o la competitiva por el sexo.

Cada una de ellas tiene un patrón, una causa y un tratamiento diferentes. Pero todas ellas suelen estar condicionadas por tres aspectos clave: la excitación ambiental, su capacidad de gestionar el estrés y lo variada y compleja que sea su socialización.

Pero vayamos poco a poco…

¿Qué es la agresividad canina?

La agresividad es un instinto conductor básico de supervivencia, que se produce como respuesta al encuentro con otros individuos (de la misma especie o no), que amenazan o compiten por los mismos recursos vitales, como el alimento, el territorio o su compañero sexual. Debemos diferenciar muy bien entre la agresividad defensiva y la agresividad ofensiva.

La agresividad defensiva suele ser el último recurso que utiliza un perro para lograr librarse de una amenaza, después de emplear otras herramientas como las señales de calma, la evitación o las advertencias corporales o con gruñidos, sin obtener éxito con ninguna.

Aunque es un tipo de hostilidad no buscada y entra dentro de la lógica del comportamiento, es frecuente que una vez se desate la agresividad le cueste al perro más esfuerzo recuperar la calma, dado que se juntan factores de mucha importancia, como el estrés agudo, el miedo a ser agredido y la pérdida de la confianza en las habilidades sociales de uno mismo.

La agresividad canina es el problema de comportamiento más frecuente y el que repercute de forma más grave sobre los humanos.

 

¿Qué es la socialización?

La socialización es el proceso mediante el cual un ser vivo aprende, comenzando tras su nacimiento y durante el transcurso de su vida, los elementos sociales de su medioambiente, los integra a la estructura de su carácter, bajo la influencia de experiencias y de agentes sociales significativos, y se adapta así al entorno social en cuyo seno debe vivir.

También, es la asunción o toma de conciencia de la estructura social en la que un individuo nace, y aprende a diferenciar lo aceptable (positivo) de lo inaceptable (negativo) en su comportamiento. Este aprendizaje no sólo se centra en cómo relacionarse con miembros de su propia especie, sino a todo cuanto le rodea (el entorno, sonidos, criaturas de otra especie, vehículos y objetos, etc). 

Gran parte de los problemas cotidianos de la agresividad canina suele ser a causa de la falta de socialización del cachorro en el momento adecuado, de ahí el querer hacer mención en este artículo. En ocasiones, la socialización insuficiente es provocada por falta de conocimientos por parte de sus dueños, otras por la indicación del veterinario de no sacarle a la calle hasta tener todas las vacunas puestas y, otras veces, simplemente por miedo a que nuestro cachorro sea lastimado.

Cada vez más veterinarios, para evitar estos graves desórdenes del comportamiento, animan a que, adoptando ciertas precauciones (evitar que entren en contacto con orina o heces de otros animales, acercándoles sólo a animales que tengan la vacunación al día, etc), se saque a los cachorros a la calle desde el mismo momento en que se le ponga la tercera vacuna, para que comience su experimentación y socialización. No obstante, estas lineas están siempre supeditadas al consejo de vuestro propio veterinario. Consultadle pros y contras.

Es de vital importancia que como propietarios de un cachorro no os olvidéis de socializar a vuestro perro a partir de su primer minuto de vida. Olvidaros del bulo que existe en la sociedad de que al perro se le tiene que empezar a educar a partir del año de vida, no es cierto.

A partir del tercer mes de vida ya está capacitado para aceptar y aprender instrucciones básicas de comportamiento y de hecho necesita esas pautas para que en su futuro en la sociedad en la que vivimos sea aceptado como un perro de compañía, que es para lo que actualmente la mayoría de las familias lo quieren.

Lógicamente, cuanto más cachorro sea, menor será su concentración, nuestro nivel de exigencia y el tiempo de atención que logremos que establezca, pero es de vital importancia para su desarrollo (desde el neuronal hasta el comportamental, que van bastante ligados) que experimenten, aprendan y se socialicen. Digamos que es una inversión de futuro.

Por lo que es muy importante que sepas que, aunque la socialización del perro ha de reforzarse durante toda su vida, la parte más crítica y la que determinará en gran medida que sea o no un perro agresivo es: a partir de que nace hasta la doceava semana (tercer mes). Para que entendáis el por qué de esta afirmación os citamos tres párrafos del libro Coppinger y Coppinger, del profesor de Biología en la Universidad de Boston Raymond Coppinger y su esposa Lorna:

El cerebro crece de dos maneras: se hace más grande y cambia de forma. El nivel de crecimiento y la forma que adopta dependen de los tipos de estímulos ambientales que reciba las primeras dieciséis semanas (…).

Cuando nace un cachorro tiene ya todas las células cerebrales de las que a disponer durante toda su vida. Si el cerebro del cachorro tiene exactamente el mismo número de células que el de un adulto, ¿Cómo puede llegar a adquirir diez veces su tamaño? La respuesta es que el crecimiento del cerebro se centra casi en su totalidad en las conexiones entre las células. De todas las células que están presentes cuando nace, una gran cantidad de ellas no están conectadas. Lo que ocurre durante el desarrollo del cachorro es el patrón de vinculación de las células nerviosas. Algunos nervios realizan conexiones espontáneas, impulsadas por señales internas. Algunos nervios “buscan” un músculo al que vincularse. Otras conexiones están motivadas por señales externas. Externas al cerebro, claro (…).

Un cachorro que crece en un entorno pobre tiene un cerebro más pequeño. Incluso si este cachorro empobrecido se traslada a un entorno enriquecido como adulto, no podrá aprender a gestionar ese entorno porque no tiene las conexiones neuronales necesarias. Una vez que el perro llega a las 16 semanas ya ha establecido (o no)casi todas las conexiones sociales que va a realizar en su vida” (Coppinger y Coppinger, 2001, pp. 211-213).

¿Qué deducimos de este estudio? Que cuantas más experiencias diferentes experimente el cachorro, más conexiones neuronales generará, además de crear recuerdos que le ayuden a resolver adecuadamente los conflictos en el futuro.

¿Qué ocurrirá si no socializas a tu cachorro?

Bueno, hay muchas, muchísimas probabilidades de que en el futuro sea un perro con conductas agresivas  o un perro que pueda morder por miedo, así que tendrás que adoptar ciertas medidas incómodas a la hora de pasear, ir al veterinario, recibir visitas o soltarlo en el parque de perros, con lo que tu vida se condicionará demasiado.

Ese es uno de los problemas que más se está dando hoy en día: el propietario no sabe qué le pasa a vuestro perro, se comporta de forma agresiva y no hace caso a nada de lo que le dice, y por tanto no sabe como solucionarlo. Para muchos, la salida más cómoda y barata sería soltarlo, darlo en adopción (aunque sería difícil conseguir nuevos dueños debido a su estado) o entregarlo a una perrera para que lo solucionen ellos. ¡NO LO HAGÁIS! Hay varias cosas que probar, diferentes tratamientos, antes de tirar la toalla. Seguro que ellos se lo merecen. Y si fuera un familiar vuestro quien sufre de comportamientos agresivos, ¿Os desharíais de él o trataríais de ayudarle a superarlo, aunque sea complejo? La agresividad canina tiene solución.

No hay perros agresivos sino conductas agresivas. El mismo perro que bajo unas circunstancias es hostil puede no serlo bajo circunstancias totalmente diferentes.

¿Y qué podemos hacer? ¿En qué consiste socializar correctamente a mi perro?

Pues no es nada complicado, se trata de ofrecerle la posibilidad de que experimente todo tipo de vivencias y aprendizajes, desde los más sencillos, como saludarse brevemente con otro perrito con el que nos crucemos durante el paseo, hasta aprender a respetar a las visitas cuando lleguen a casa.  Desde normalizar el ver vehículos, corredores o gente riendo muy alto hasta no robarnos comida de las manos. ¿Y cómo se consigue esto?

  • Con paciencia: las cosas no saldrán como las deseamos desde el principio. Algunos aspectos son más sencillos que otros. O se resuelven de forma espontánea, mientras que otros no. Y sobre todo debemos dar tiempo a que las cosas sucedan. No podemos pretender que un perro llegue al parque, se haga amigo de todos, haga sus necesidades y regrese tranquilo a casa, todo ello en menos de cinco minutos. Debemos dar la oportunidad de que desarrolle cada acción con tiempo suficiente, de que se habitúe a cada entorno, que descubra, acepte y normalice cada nueva presencia.

 

  • Con calma: A menudo habrá situaciones que nos preocupen, que no sepamos a ciencia cierta el qué está sucediendo. No os sintáis mal, es normal. Es normal que vuestro cachorro chille cuando otro perro mas grande o con mucha energía se le acerque muy deprisa. Es un mecanismo de defensa, no significa que haya sufrido daño. No corráis a protegerle gritando al otro perro y discutiendo con su propietario, perdiendo los papeles. No habléis atropelladamente ni demasiado. Incluso aunque tengáis motivos para discutir. No le estaréis ayudando a vuestro perro y lo primero es su educación. Tened eso siempre en vuestro objetivo.  Ni cuando vuestro pequeño se sobrepase en el juego con otro perro mayor que él y éste le regañe (lo eche al suelo, le gruña o le ladre). Es algo natural, los adultos enseñan los límites del juego a los pequeños, y en algunos meses será él quien lo haga. No os alarméis o le asustaréis a él y aprenderá a defenderse de los perros similares al que le ha regañado. Simplemente, en silencio, separadlos, mantener unos cuantos metros de distancia, dejad que pasen unos minutos hasta que ya no parezcan prestarse atención y volved a permitir que tengan acceso el uno al otro. Mostrad siempre calma. Calma, calma y más calma.

 

  • Con comodidad: Si hemos de presentar a nuestro perro a otros perros, cuanto más cómodo se sienta, más posibilidades de que las cosas salgan bien. Limitar su capacidad de movimiento en exceso anulará muchas de las respuestas naturales ante una situación incómoda, como la evitación, la huida o la sumisión voluntaria, y le estaremos abocando al pánico o a la defensa. Por eso es recomendable que tenga mucha movilidad. Es preferible que lo haga en completa libertad, pero si no se puede, al menos podemos emplear una correa larga o una cuerda de entrenamiento. De igual modo, los encuentros fortuitos por la calle los llevaremos a cabo sin tensar para nada la correa, ya que eso expresa nerviosismo y tensión por nuestra parte, empeorando la percepción que pueda tener nuestro perro de ese encuentro.

 

  • Con insistencia: No basta con ver un coche, ni con cruzarse con un patinete. No es suficiente con tener un perro amiguito, igual que no es bastante con que nos respete la comida a nosotros. Hay que ser ambicioso y repetir esos éxitos en muchos entornos distintos, con diferentes personas y animales, para que acabe cimentando su comportamiento. Y si hay algún fracaso, no os preocupéis. Dadle un par de días de tranquilidad y volved a intentarlo controlando mejor la situación (ojo, digo la situación, no al perro. No se trata de llevarlo en corto, sino de reducir el tiempo de exposición, aumentar las distancias iniciales y premiar cada pequeño avance con una mejor recompensa).

 

  • Con orden: Tratemos de no sobrexponer a nuestro perro a nada. Es difícil llegar a aguantar la presencia de un grupo grande de perros si no es capaz de soportar la de uno o dos. No estará preparado para ver una carretera llena de vehículos si no se ha acostumbrado a ver uno solo.

 

  • Una vez acostumbrados a un estímulo aislado podremos animarnos a que viva un grupo mayor del mismo tipo de estímulos.

 

  • Con decisión: planificar la situación antes de exponerle a ella. Tratad de tener el mayor control de la información, tened claro que respuestas buscáis, aplicad una estrategia y ceñiros a ella. Haced las cosas con decisión (no con dureza ni brusquedad, sino tranquilidad y seguridad en vuestro criterio). Si vuestro perro no os nota inseguros se sentirá mucho más tranquilo, y de este modo minimizaremos las posibilidades de riesgo.

 

  • Con seguridad: Si vuestro perro ya ha dado muestras de enfadarse durante el juego, de proteger con ahínco algún objeto o de expulsar a alguien o algo de su presencia, tomad precauciones. El uso de un bozal permitirá (aunque os parezca una opción horrible) que podamos volver a darle la oportunidad de intentarlo sin miedo a que lastime a nada ni nadie (esta es la verdadera opción horrible). Contactad con un educador canino profesional que os pueda asesorar y ayudar (si residís en las provincias de Alicante, Badajoz, Cádiz, Castellón, Córdoba, Granada, Huelva, Sevilla o Zaragoza, podéis contactar con nosotros), no perdáis ni la calma, ni la paciencia ni la esperanza y planificad mejor los siguientes encuentros.

 

  • Con recompensas: Los humanos somos muy dados a regañar por las actitudes erróneas, pero es mucho más útil y fácil de comprender para el perro cuando recompensamos las respuestas deseadas. Haceos a la idea de que cuando corregimos algo, marcamos que esa no es la opción adecuada, pero no arroja luz alguna al perro sobre cual debiera ser la actitud adecuada. Le obliga a seguir esforzándose en obtener la respuesta correcta, la que pone fin al problema. Si esta incertidumbre dura demasiado, el perro se frustrará y dejará de intentar resolver, quedando tan solo patente la sensación de malestar creada por la regañina. Sin embargo, cuando premiamos una respuesta adecuada sí que dejamos patente que es lo que ha provocado que le recompensemos, facilitando la comprensión de los comportamientos que nos parecen bien y provocando que intente repetirlo para obtener nuevos elogios o golosinas. Premiad generosamente, a veces con comida, a veces con juego, a veces tan solo con muestras de alegría y satisfacción, pero no desperdiciéis ni una sola oportunidad de indicarle que “Exacto, así sí”.

Por lo tanto, considero que es de vital importancia que no olvidéis que:

TENÉIS QUE SOCIALIZAR A VUESTROS PERROS PARA EVITAR LA AGRESIVIDAD CANINA.

Estamos preparando otros artículos sobre los diferentes tipos de agresividad canina y sus tratamientos. Os iremos informando poco a poco.

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