Modificación de conducta: Canela y su miedo

Esta pastora alemana sufría hiperactividad, ladrido excesivo, juegos incontrolados y actitud agresiva hacia perros y vehículos.

Cuando los propietarios de Canela nos consultaron, nos trasladaron su necesidad de solucionar lo que consideraban el mayor de sus problemas: sus fuertes, constantes y molestos ladridos. Residiendo en un bungalow en una urbanización, sus vecinos se habían quejado reiteradamente de sus ladridos constantes, lo que preocupaba enormemente a sus propietarios.

Al evaluar el estado de la perra, nos dimos cuenta de que ese no era el problema principal, sino tan solo la parte del iceberg que se podía ver en la superficie: bajo el agua, el problema era mucho mayor.

Tras realizar una serie de preguntas sobre el pasado de la perra, descubrimos que fue adoptada cuando casi todavía no tenía un mes, o sea, a una edad demasiado temprana, en la que apenas disfrutó de la compañía y enseñanzas de su madre, y apenas jugó con sus hermanos.

Si a eso le sumamos que, por recomendación veterinaria, no salió a la calle hasta tener todas las vacunas, y que esto sucedió casi a los cinco meses, descubrimos que Canela había sufrido una falta de experiencias tempranas vitales para todo cachorro. Por ello creció sin saber convivir con sus congéneres perros.

Desde sus primeros paseos por la calle mostró recelo y temor ante la presencia de otros perros. Esta actitud, al principio miedosa y que poco a poco fue degenerando en agresividad por miedo, llevó a sus dueños a realizar los paseos evitando encontrarse con otros perros, para evitar sus enfados y nervios.

Sin embargo, esto, en vez de arreglar las cosas, las empeoró. Comenzó también a mostrarse agresiva contra los vehículos en marcha, especialmente en algunas calles.

Conforme esta Pastor Alemán crecía, su inseguridad en la calle y su enfado al ver a otros perros crecían con ella. Ahora sumadle que ella no es la única perra del vecindario, sino que es imposible andar seis pasos sin que nos ladre otro perro a través de las vallas de los jardines…

Para Canela la calle representaba todo cuanto le angustiaba, la percibía como un peligro constante, convirtiéndose ella misma en un peligro para los demás perros. Y la casa, en contraste, era el lugar mas seguro del mundo…

Allí, dentro de los muros de la casa, era donde Canela se sentía bien, donde corría, jugaba, saltaba y era, en definición, un perro. Pero su falta de ejercicio y el alto nivel de estrés que vivía en cada paseo, día tras día, le impedía poder contener sus nervios.

De ahí que los juegos siempre acababan en ladridos y carreras descontroladas, que cualquier sonido le provocara romper a ladrar o que hasta el vuelo de un insecto causará las vocalizaciones mas estruendosas. Era una víctima de su propio nerviosismo.

Y comenzamos con la rehabilitación.

Tiempo atrás contaron con el intento de ayuda de una persona aficionada al adiestramiento canino, pero se centró únicamente en controlar el paso durante los paseos, el que no tirase de la correa, utilizando collar de trabajo o de púas.

Lejos de entrar a discutir los pros y los contras de esta herramienta, hay que comprender la asociación que esta perra (como muchos otros como ella) estableció: ante la aparición de un perro en la calle, ella se tensaba.

Eso provocaba que sus propietarios le dieran una corrección con el collar, que llevaba a la perra a retraerse. Pero aumentaba su aversión hacia los otros perros. Ver perros provoca intensos dolores en el cuello. Su tensión aumentaba cada vez mas.

Durante las primeras sesiones, y en contra de como solemos hacer, trabajamos los educadores con la perra a solas, sin presencia de sus propietarios, para intentar establecer un vínculo de confianza y seguridad, que tardó en darse mas de lo que esperábamos. Canela nos rehuía, medio en juego, medio asustada.

Pero poco a poco, sobre todo en la calle, comenzó a sentirse a salvo junto a nosotros. Nuestro plan de ataque era el siguiente: lograr que Canela percibiera la calle de una forma menos amenazadora, que disfrutase en ella, que investigara su entorno, que explorara, corriera y saltara sin preocuparse de si hay o no otros perros.

Decidimos cambiar de herramienta. Jubilamos el collar de púas y probamos con el Canny Collar, un sistema para nada lesivo y que nos da mucho mas control sobre ella. Intentábamos no añadir ni nervios ni tensiones extra a las que la propia perra se auto provocaba.

Comenzamos a practicar breves secuencias que parecían casi ballet, contando pasos y segundos, acercándonos y alejándonos de forma consciente y medida de las fuentes de preocupación. Y le pedimos a Zidane que nos ayudase, que pasease con nosotros.

El principio del cambio de comportamiento

Al inicio de los primeros paseos, Canela quería agredir y amenazaba constantemente a nuestro bulldog inglés favorito, pero el comprobar que éste no respondía ni daba muestras de preocupación, sino que le emitía constantes señales de calma, le generó, en dos sesiones, una confianza absoluta en él. Pasó de verlo como una amenaza a no alterarse hiciera lo que Zidane hiciera, y a sentirse segura a su lado, imitándole en algunas conductas.

Pero Zidane no le divertía, y queríamos que comenzase a descubrir un mundo agradable y positivo, así que probamos a presentarle a Timur, el perro de apoyo de nuestro compañero David, un perro de complexión, tamaño y movimientos mucho mas similares a ella.

Y funcionó: Tras unos primeros nervios ante la presentación, descubrió que Timur, al igual que Zidane, no representaba un peligro. Pero además de eso, Timur representaba mucho mas… Descubrimos que se sentía atraída por él, olfateaba cuanto Timur husmeaba, le seguía allí donde él iba, incluso no respondía negativamente ante el contacto directo. Así que la liberamos, con una cuerda larga colgando por si había problemas. Pero no los hubo.

Y los primeros avances en casa comenzaron a notarse. Sus dueños nos dijeron que no es que ya no ladrase, pero que comenzaba a pasar ratos mucho mas largos de calma y relajación, y que ya no les recibía con ladridos a su llegada. Eso reafirmaba nuestra teoría: el problema de los ladridos y los nervios se resolvería si lográbamos enriquecer su mundo y ayudarle a perder miedos.

Las sesiones siguientes las pasamos caminando por entre los muchos perros que acudían por las tardes por el llamado “parque del Golf”. Al principio nos limitábamos a pasear por la zona exterior, sin acercarnos a los perros pero sin rehuirlos si nos encontrábamos alguno en nuestro camino, mostrándonos tranquilos, serenos y confiados. Nada de presión, nada de voces, nada de alarma.

Canela ya no se muestra hostil

Y un par de sesiones después ya estaba dentro de todo el grupo de perros, olisqueándolos al “despiste”, observando sus juegos, estudiándoles y tratando de separarse de los más revoltosos.

Y un par de sesiones después todo iba mucho mejor, mas suelta, presentándose correctamente, tratando incluso de incitar al juego, deambulando con unos y con otros, sin jadeos, sin tensión, permitiéndose olfatear árboles y cesped sin estar alerta, como un par de semanas atrás.

Los nervios en casa descendieron un amplio porcentaje, si bien todavía ladraba cuando algún pájaro entraba dentro de la vivienda. Pero la calle ya era mucho mas placentera. Las presentaciones se llevaban a cabo en apenas unos instantes, ya no se “armaba” al ver a otros perros, sino que le nacía la curiosidad de ver quienes eran.

Y comenzamos a practicar el que corriera junto a una bici. Esa actividad le encantó, tanto que experimentamos que se presentara, totalmente suelta, a un grupo de perros recién llegado, y ella sola, voluntariamente y tras reconocerlos y aceptarlos, se desprendió del grupo para alcanzarnos y continuar corriendo junto a nuestra bici.

Ahora, tanto ella como sus propietarios, saben como se lleva a cabo una presentación adecuada, y los dueños son conscientes de que es su tarea la de dotar de calma y seguridad a la perra, que si lo hacen ella lo acepta y evoluciona a pasos enormes, pero que si ante un peligro reaccionan con alarma y no le ayudan a resolver la situación, Canela puede volver a encerrarse en sí misma.

Queda tiempo por delante hasta que esta perra se sienta segura y confiada con todos los perros y en todos los entornos, pero lo más difícil ya está hecho, y solo queda continuar con este trabajo de calma, silencio y seguridad.

 

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

E-dog Educadores Caninos Profesionales

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