¿Imposible convivir perros y gatos?

¡No pueden ni verse, se odian! Os suena, ¿No?

Esta es una afirmación tan vieja como el mismo tiempo. Durante siglos nos han contado que perros y gatos son enemigos jurados, contrincantes acérrimos que estaban condenados a darse caza y muerte. Nosotros creemos y sabemos que esto no es para nada así.

Perros y gatos son dos especies distintas, con muchas diferencias comportamentales y de hábitos entre ellas. Pero nada de esto es, en principio, insalvable. Al contrario, cada vez es más frecuente que residan animales de ambas especies en un mismo hogar  (e incluso con otras muchas).

¿Por qué convivir perros y gatos es complicado?

¡Por simple falta de entendimiento! La razón reside en su lenguaje corporal. Muchas de las señales que emite cada especie viene a significar lo opuesto para la otra. Por ejemplo… ¿Qué hace un perro cuando está contento? Mueve la cola de un lado a otro, lo que en el lenguaje corporal de los gatos significa “estoy intranquilo e incómodo. No me molestes”. Otro ejemplo… Cuando el gato está contento camina con la cola alta y erguida, pero a ojos de un perro esa es la señal de estar tenso y querer marcar la autoridad. ¿Comprendéis por qué a veces le resulta complicado convivir perros y gatos?

Además del lenguaje corporal hay otros factores, como el instinto de captura. Es frecuente que un perro se lleve genial con un gato dentro de la casa pero que en el exterior quiera darle caza. Eso se produce porque el espacio abierto invita al gato a moverse más deprisa, a correr, y eso es lo que despierta el instinto de captura que todo perro lleva dentro en su interior. Es como si tuvieran un radar de velocidad. Dentro de la casa, los muebles, la limitación de los espacios, no permiten que los gatos alcancen grandes velocidades. Pero el mundo exterior es un lugar enorme que incita a correr y saltar. Y al igual que corren tras una pelota, un pájaro o un coche teledirigido, cuando el perro ve al gato correr, algo en su cabeza despierta: ¡Capturar!

Por último, el carácter de los perros y los gatos, por lo general, es muy diferente entre sí. Esto genera algunos problemas para convivir perros y gatos. Los perros tienden a ser mucho más juguetones e insistentes, mientras que los gatos solo juegan cuando algo les parece interesante o necesitan desfogarse en momentos puntuales. Aunque ambas especies duermen muchas horas diarias, el ritmo del gato es mucho mas pausado que el del perro, y se toman peor el que les molesten.

Entonces… ¿No es posible convivir perros y gatos?

Ni mucho menos. Tan solo debemos tener en cuenta estos cinco aspectos fundamentales:

1.- Deben descubrir sus olores antes de conocerse

Este aspecto es importante y deberíamos llevarlo a la práctica siempre que sea posible. Requiere de un poco de planificación previa, porque hay que llevarlo a cabo algunos días antes de juntar a ambos animales, cada uno en su entorno habitual. Consiste simplemente en intercambiar las camitas en las que ambos animales duerman, cada uno en el que sea su hogar hasta ese momento. Si no disponemos de las camitas o mantitas podemos resolverlo frotando a cada uno con una toalla, paño o camiseta, y ponerlo al alcance del otro animal.

De esta manera descubren el aroma del otro sin la tensión propia del encuentro físico. Así, cuando se encuentren por vez primera ya tendrán un referente olfativo previo . Podemos reforzar la asociación positiva mutua entregando sabrosos premios de comida cerca de la prenda con el olor del otro animal.

2.- Los primeros días, cada uno en una habitación

Esto es especialmente importante para los gatos. Los felinos son extremadamente sensibles a los cambios, tanto de residencia como de habitantes de la misma. Tenerles unos pocos días separados, oliéndose de forma indirecta por debajo de las puertas y escuchándose mutuamente, dará tiempo a ambos para habituarse tanto al lugar como a la nueva presencia.

No os alarméis si durante las primeras horas notáis a alguno de los dos (o a ambos) muy inquietos, incluso tensos. Es algo normal y comprensible. Con el paso del rato irán perdiendo interés y comprobando que el otro olor no conlleva peligro. Cuando el gatito se muestre mas confiado podremos pasar a la siguiente fase, nunca antes.

3.- Observarse desde la barrera

Significa que el primer contacto directo debería establecerse desde un espacio protegido, como un transportín. Si disponemos de transportín para cada uno, mejor. Cuando ambos parezcan tranquilos en su transportín, daremos la oportunidad al gato de ser el primero en salir a explorar y acercarse a olfatear al perro. Mas tarde realizaremos el mismo ejercicio pero a la inversa, liberando al perro y teniendo al gato en el transportín. Así evitaremos que ninguno de los dos hostigue al otro.

4.- La presentación, un paso fundamental

Si hemos llevado a cabo los pasos anteriores, comprobaremos que la intencionalidad de uno hacia el otro habrá disminuido considerablemente. Pero eso no significa que esté todo hecho. Una buena presentación es crucial, tanto para iniciar su relación como para reforzar nuestra confianza.

Para realizar la presentación de forma segura y adecuada nos encargaremos de una serie de cosas:

– Asegurarnos de que el gato tiene posibilidades de esconderse o alejarse si lo necesitara.

Aunque a nosotros nos urja que ambos animales se conozcan y acepten cuanto antes, cada animal lleva su propio ritmo. El comprobar que se tiene una solución (huída o escondite) ante el menor atisbo de inseguridad hará que el gato se sienta lo suficientemente cómodo como para salir de su zona de confort y atreverse a salir a conocer a su nuevo compañero. Nunca, nunca, nunca imposibilitéis al gato que se vaya o que se esconda, y mucho menos tratéis de sacarle de su escondite. Dadle tiempo (a veces es preciso mucho), lo hará el solo. Si vulneráis su capacidad de eludir un problema le estaréis lanzando a él, y os convertiréis en parte del problema. Luego no os extrañéis de que su confianza en vosotros disminuya.

– El espacio donde los presentes no permite grandes carreras.

Llegado a este punto, nuestros enemigos son la desconfianza y el instinto de captura. El primero desaparecerá solo con el tiempo, pero el segundo puede darnos grandes sustos. Si en su intento de eludir el problema el gato sale corriendo, las probabilidades de que el perro le siga son altas. Esta probabilidad es directamente proporcional a la velocidad y actitud del gato. A más velocidad, mas posibilidades de que el instinto del perro se active y le persiga. A veces este instinto es leve y cesa tan pronto alcanza al gato, pero otras es mucho más fuerte y puede instar al perro a simular la caza. Incluso en el caso de que el perro se limite solo a jugar, no es conveniente que ocurra, pues estresa mucho al perro, establece una relación inicial de hostilidad y además puede herirle por accidente.

Lo ideal es una habitación amplia, con mobiliario en el que el gato pueda guarecerse pero con el paso despejado para que podamos controlar el espacio en todo momento. Para convivir perros y gatos, cada uno debe tener una pequeña porción de espacio propia donde resguardarse.

– El perro, en los primeros encuentros, estará cogido con correa.

No significa que tengamos que tenerle asido fuertemente o inmovilizado a nuestro lado, pero sí que debemos tener una herramienta que nos de el control de la situación. Tendremos la correa lo más holgada y liberada posible, y utilizaremos nuestro cuerpo si necesitamos que haya más espacio entre ellos, pasando varias veces por el medio de ambos animales. No es recomendable que les habléis demasiado, mucho menos regañarles o advertirles de nada. Eso solo les desconcentraría y les pondría más nerviosos. En la medida de lo posible, evitad tirones. Si nuestro perro es muy ansioso, tiene algún comportamiento agresivo o ha dado muestra de intentar cazar gatos por la calle, le pondremos bozal, para que no pase nada.

¿Que cómo debe ser una buena presentación?

Pues ante todo, calmada. Haber sacado al perro a dar un largo y buen paseo, en el que haya jugado, olfateado y relajado los músculos, es algo imprescindible. Así no se verá tan influenciado por la excitación, aunque has de contar con que la experiencia de conocer al gato le va a interesar y mucho…

Para ayudar a que puedan convivir perros y gatos, nuestro comportamiento ha de ser lo más neutro y natural posible. Poco ayudamos a entablar una buena relación si nos mostramos nerviosos, lanzando gemidos o advertencias o realizando movimientos atropellados e impulsivos. Recordad que sólo hay una oportunidad para tener una buena primera impresión, y nosotros somos parte importante en la relación.

Lo ideal sería que la presentación tuviera lugar con dos personas presentes, para controlar a ambos si algo fuera mal. En principio pondremos a cada animal en una parte de la estancia, con un contacto visual parcial. Diseminaremos por el suelo trocitos de comida que le gusten a uno y al otro. Así, parte de su atención se desviará para generar una asociación lo más positiva posible. No seis tacaños con los premios. Son una de las principales herramientas para “mejorar” el estado de ánimo de unos y de otros.

Evitaremos un contacto directo, sobre todo por parte del perro (quien suele ser más osado y fuerte), colocándonos entre medio de ambos y tratando de dejar un par de metros de distancia entre los animales. El primer encuentro ha de ser breve, apenas un par de minutos o tres. Los dejaremos descansar un rato a uno y a otro después. Repetiremos el encuentro varias veces al día, reduciendo distancias o abandonando la correa en el suelo.  Gradualmente aprenderán qué significan las señales corporales del otro. El transcurrir del tiempo disipará la sensación de peligro.

5 – Paso a paso

Aunque en esencia parece sencillo, depende del comportamiento y las experiencias previas de ambos que lo sea. Hay una “escalera de dificultades” que debéis contemplar para que puedan convivir perros y gatos en un mismo entorno:

  • Acostumbrarse a verse quietos o en calma
  • Habituarse a verse en movimiento tranquilo
  • Acostumbrarse a escuchar sus voces (ladridos/maullidos)
  • Normalizar el verse comer
  • Acostumbrarse a verse jugar
  • Habituarse a verse corriendo rápido

No queráis correr más de la cuenta. Hasta que no hayáis habituado a vuestros animales a un “escalón” no intentéis que experimenten el siguiente. Y como consejo final:

Nunca les dejéis solos sin supervisión hasta que estés seguro de que la integración ha sido total.

Casos reales

Nos han pedido numerosas veces que ayudásemos a entablar buena relación entre animales de diferentes especies que debían vivir juntos. Os dejamos aquí un par de ejemplos.

Roqui, Chispa y Sorti

Sorti es un pequeño gatito que tiene una parálisis en una de sus patitas traseras. A causa de ello la arrastra al caminar, pero eso no le impide llevar una vida feliz. Su afán de superación ha hecho que corra, salte y juegue como cualquier otro gatito de su edad. Sus propietarios ya viven con otros animales. Les preocupaba que su corta edad y de su patita le restase oportunidades para refugiarse en caso de necesitarlo. Contactaron con nosotros para que les guiáramos y gestionáramos la presentación.  Una de sus perros, es una perra de raza cazadora y en la calle se sobrexcita cuando ve gatos. ¿El resultado? Podéis verlo en este video.

Jade, Willow y Max

Willow y Max son dos perros ya adultos (Willow es una pastora alemana y Max un Bobtail) que nunca habían convivido con gatos. Los conocíamos por haber trabajado anteriormente con el nerviosismo de uno de ellos durante los paseos. Ahora cambiaban de residencia, y en su nuevo hogar iban a convivir con una gata, ya adulta y la cual nunca había convivido con otro animal. Tras varios ejercicios de presentación, Willow ya aceptaba perfectamente la presencia de Jade, la gata. Con Max, el Bobtail, fue un poco más costoso, por lo nervioso que es. Pero la paciencia es clave. Aquí podéis verlo.

Bruno y Ganesha

Este caso me pilla muy de cerca… Es el caso de Ganesha, la gata de mi pareja, y Bruno, el perro que rescaté de una muerte segura hace unos pocos meses. Bruno es un perro de un par de años de edad y es un perro muy especial. Cuando lo recogí mostraba serios síntomas de deshidratacíon y desnutrición, además de tener un comportamiento miedoso, confuso y errático. Lo achacamos al hambre, la sed y la vida callejera… Pero conforme mejoraba descubrimos que su cabecita no era igual que la de otros perros. Poco después vino la sorpresa: sufría de epilepsia.

Tras ser examinado por varios veterinarios (incluso un neurólogo especialista) se descartaron daños físicos en el cerebro, pero sí determinaron que su vista, su coordinación motora y su capacidad de aprendizaje no era normal. Por una posible falta de oxígeno en el cerebro durante el nacimiento y las sucesivas crisis epilépticas sin el debido tratamiento, el cerebro de Bruno se encuentra en un estado similar al de un cachorro de entre veinte y treinta días de edad. Ganesha, la gata, parece haber adoptado a Bruno, consciente de sus grandes limitaciones cognitivas, y lo acompaña, lo lava y lo cuida con esmero todo el tiempo que están juntos. Una prueba de que los animales pueden sentir amor.

Como véis, convivir perros y gatos es muy posible. En realidad es una experiencia enriquecedora que todos deberíamos experimentar en nuestras vidas. Tan solo necesitáis tener paciencia, investigar un poco el lenguaje corporal de ambas especies y darles tiempo para que se conozcan mutuamente. Y si necesitáis ayuda profesional, siempre podéis contactarnos.

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

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