Tratando la agresividad canina de Lleo

Nuestro amigo Lleo es un perro mestizo que vive en Elche (Alicante) con sus propietarias y que la mala fortuna ha tenido a bien dotarle de varias alergias alimenticias bastante severas que le han creado un fuerte recuerdo del dolor, lo que ha causado que sea arisco y agresivo por defensa.

Estas alergias, que le producen hinchazón y urticaria por todo el cuerpo, hicieron en el pasado que tuviera serios dolores en las orejas, que llegó a tener muy inflamadas. Podéis imaginar el dolor que se puede sentir cuando una zona tan sensible como los oídos se hincha y dilata. Gracias a su veterinario sus alergias están bajo control. Su alimentación ha de ser hipoalergénica y ha de ser medicado regularmente, pero hace mucho tiempo que no sufre los efectos de forma intensa.

Pero el recuerdo de aquellos dolores permanece en la memoria del perro, y desconfiaba del contacto en la zona del cuello, cabeza u orejas.  Sus propietarias han vivido numerosos mordiscos para “hacerlas entender” que la mano en esa zona no era bien recibida. Esto es algo que se da con frecuencia, que un perro, aunque no sufra molestias en la actualidad, impida de forma instintiva que se le haga contacto en la zona que una vez le dolió tanto.

Además, recientemente se le ha diagnosticado hipotiroidismo, lo que arroja nueva información sobre sus ataques súbitos de agresividad. Su trastorno de tiroides se encuentra en tratamiento, pero hay que continuar con la labor de contracondicionamiento para anular las conductas que se producen por hábito y no por hormonas.

Pero ese no era el único problema de Lleo, un mestizo, cruce de Beagle con alguna variedad de perro cazador. El mayor de ellos era que la falta de comprensión entre él y sus dueñas se había transformado en una falta total de confianza, llegando al punto de temerle cuando el perro daba mayores muestras de relax y confianza. Al parecer, Lleo era muy veloz en pasar del “me agrada” al “no lo soporto”, y esto propiciaba un clima de desconfianza que no dejaba de crecer entre ambas partes.

En la calle era mas de lo mismo. Pese a no ser un perro muy muy grande (tamaño median0) sí que tiene mucha fuerza y tiraba mucho de la correa. Además, ver a un perro a distancia era el detonante para sus ladridos y tensiones, igual que con los corredores o las bicis. Por suerte o por desgracia, sus propietarias viven muy próximas a la ribera del río, lugar habitual en Elche de encuentro para ciclistas, corredores y personas que pasean a sus perros.

Comenzamos el trabajo de reeducación en casa, observando el comportamiento del perro en su ambiente. Pese al enorme temor por nuestra integridad de sus propietarias, la verdad es que Lleo no nos agredió físicamente en ningún momento. Cierto es que nos dijo de todo menos bonitos en los primeros minutos, pero, al ver que respondíamos a sus señales de calma y que eramos firmes en la posesión de nuestro propio espacio, comenzó a calmarse. Observamos y transmitimos las explicaciones de lo que veíamos a sus dueñas, quienes admitían desconocer el significado de muchos de los gestos que emitía su perro con frecuencia.

De esta manera pudimos comenzar a refrenar el nerviosismo del perro dentro de la casa, pero sin que se sintiera ni agredido, ni hostigado ni regañado. El efecto fue casi instantáneo en nosotros, parecía estar deseando poder entender y ser entendido por humanos. Entendió que debía respetar nuestro espacio, que robar cosas de la cocina no era la mejor manera para “pedir atención” a sus dueñas, que las puertas han de ser respetadas. Pero sus dueñas también tuvieron que entender cosas: que es mas fructífero elogiar y premiar que reñir o alarmar (además de mas seguro para todos); que el truco no está en pedir mil veces una cosa sin obtener efecto, sino en hacerla por uno mismo diez veces y lograrlo las diez; que la prevención es una cosa diferente a la desconfianza, prevenir es eliminar los elementos adversos para enfrentarlos de forma ordenada y progresiva, mientras que desconfiar es temer constantemente que va a fallar, sin alterar nada para ayudarle; y sobre todo, que la calma, la paciencia, la consistencia y el silencio logra muchas mas cosas que las voces, las prisas, los ruegos, las órdenes no atendidas y las carreras. Lo están poniendo en práctica y las cosas han mejorado un montón.

A fecha de hoy seguimos trabajando en la mejora de Lleo junto con una etóloga veterinaria, pero lleva meses sin muestra de violencia (cuando antes era cada semana, e iba disminuyendo el espacio de tiempo entre marcaje y marcaje), está mucho mas sereno, no le afectan los corredores ni las bicis, y comienza ahora a sentirse más cómodo y seguro en compañía de perros. La pérdida de temores de los humanos, su constancia y su actual buena guía, le ayudan a pasos agigantados. Es más, ahora incluso pueden peinarle o secarle con toalla sin que se vuelva a morderles, aceptando cada vez mas que la toalla no es ni un peligro ni un juguete para morder.

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

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