No hagáis caso a los consejos de parque

Seguro que todos cuantos tenéis o habéis tenido perro os habréis topado con este tipo de sujetos. Son los “consejeros” o “cuñados”

Aun presuponiéndoles con la mejor fé del mundo, se atreven a dar pautas para “enderezar” y “educar correctamente” a los perros de otros. Aquí vamos a tratar de desenmascarar estas “falsas enseñanzas populares”.

 

No me gusta en absoluto entrar a cuestionar o criticar los intentos que estas personas tienen de ayudar a otros propietarios de perros, a los que ven sufrir por diversos problemas de conducta o falta de educación, pero es que en la mayoría de los casos sus consejos distan mucho de servir de ayuda o ser educativos. Sí, este mismo efecto se produce en personas que dicen cómo han de educarse los hijos ajenos, sin conocer en absoluto las causas de las conductas, las circunstancias en las que se producen, etc…

Con los perros pasa lo mismo: hay quien se atreve a dar “educativas indicaciones” (hay quien las pone directamente en práctica, para horror del perro y estupor mío, cuando menos) sobre como proceder y corregir diferentes conductas.

Y lo peor es que estos consejos, pese a no lograr sus objetivos, corren de boca en boca, siendo puestos en práctica por muchas personas, mal aconsejadas y desesperadas por resolver sus problemas. No es cuestión de culpar a nadie, pero sí de abandonar falsos mitos.

¿Queréis ejemplos? A lo largo de varios artículos os comentaré unos cuantos que he escuchado en persona y os daré mi personal opinión y la que considero la alternativa adecuada. (Continua bajo la imagen)

– “¿Se ha hecho pis? Frota su cara contra la orina, que sepa que está mal.”-

Este es el consejo estrella, en el Top 1 de los consejos desacertados. ¿Si un niño pequeño (y no tan pequeño) se orina encima… ¿Le frotaríamos el pañal o la sábana húmeda por la cara mientras le regañamos? No creo que nadie con un mínimo de sentido común hiciese eso… Pero sin embargo, muchísimas personas recomiendan hacer eso con los perros, incluso testimoniando cosas como “el mío aprendió así”… Dudo mucho que eso sea cierto.

Desde luego, esa “técnica” no tiene ningún fundamento. Hay que pararse a pensar en las causas que originan que un perrito o perrita se orine en casa antes de pensar en como evitar esa conducta. He de decir, con vergüenza ajena, que este consejo también lo he visto reflejado en algunos libros antiguos sobre adiestramiento y educación canina. Un ejemplo de que para escribir de algo no siempre es preciso saber de lo que se habla.

¿Sale poco tiempo a pasear? Muchos propietarios sacan poco tiempo a sus perros a pasear, una vuelta a la manzana y de nuevo para casa. Muchas veces he escuchado, tras dos tristes vueltas alrededor de un árbol, decirle al perro cosas como “¿No quieres hacer? Pues no tengo todo el día. Si no quieres, para  casa, pero cuidado que como hagas al llegar…“.

Y luego, claro, el pipí aparece en cuanto llega a casa y le dejan a su aire. En este caso, lo que el propietario ha de saber es que si el paseo es demasiado breve, será él el causante de que el pis se produzca en el lugar equivocado, porque ha de conoce que el ejercicio provoca una estimulación que facilita la evacuación, pero que no es inmediato, que puede tardar entre 10 y 20 minutos después de iniciarse el juego o ejercicio.

¿Sale pocas veces? Está claro que el animal no puede (ni debería) esperar 10 u 11 horas entre salida y salida. Sí, hay perros que aguantan este ritmo, pero no es el aconsejable. Además, estamos hablando de perros que no pueden aguantarlo. Sacarle mas frecuentemente le ayudará a realizarlo donde queremos, y no donde le pille la necesidad.

¿Está sano? Hay muchas dolencias que conllevan una pérdida del control de la orina. Desde un simple enfriamiento hasta problemas de riñón o  pancreáticos. No podemos acusar al perro de padecer una enfermedad, no es culpable de los efectos de la misma, y regañarle sólo la llevaría a deprimirse (incluso a inmunodeprimirse, lo que empeoraría su estado) o a debilitar el vínculo con sus dueños.

¿Es un perro inseguro? Un perro que siente miedo en la calle (a causa de los ruidos, del tráfico, los perros, las personas, etc…) evitará colocarse a sí mismo en una situación tan vulnerable como la de orinar o defecar, y esperará a regresar a un entorno mas seguro.

Una vez en casa, tras liberarse del estrés, pondrá también en marcha el mecanismo de evacuación. Regañarle y castigar a un perro con este problema sólo serviría para aumentar su inseguridad, su incomprensión y su nerviosismo. ¿En qué degenerará eso? en mas ganas de orinar…

¿Es demasiado joven? a veces, por culpa de los mismos consejeros de parque o escalera, estamos convencidos de que un perro de cuatro o cinco meses ya debería controlar perfectamente la orina. Todo ello argumentado por cosas como “– Mi Tobby, a los tres meses, ya lo hacía todo en la calle. Pipí y popó“. Bueno, pues bien por Tobby, pero al igual que ocurre con las personas, no hay dos perros iguales, y no todos controlan su vejiga de la misma manera. Hay que ser paciente y revisar que cumplimos con todos los puntos anteriores.

¿Cuando ha ocurrido? Si nos levantamos por la mañana y vemos un pipí en mitad del pasillo, es normal que nos sorprendamos y no de forma grata, pero antes de enfadarnos y regañarle, pensemos en cómo percibe el mundo el perro. ¿Sabemos cuando ha hecho ese pis?

Puede llevar ahí unos segundos, unos minutos o incluso horas. En ese caso… ¿De verdad creéis que el perro puede entender el por qué le reñís o le frotáis contra la orina? Desde su óptica, ese pis lleva ahí un montón de tiempo, y a nadie le molestó. No comprenderá por qué de repente os ponéis de semejante manera.

¿Qué? Ah, claro… que parece que sabe que ha hecho algo mal…! Si, el señor Walt Disney nos metió eso a fuego en la cabeza en sus largometrajes… Los perros lo entienden todo, incluso conceptos abstractos como el ayer o el mañana. ¡Pues no! Lamento decirlo, pero vuestro perro, aunque seguro que es brillante por muchas otras cosas, no lo es por comprender cada una de nuestras palabras e intenciones. No entiende nuestro idioma.

Lo que sí sabe es que nuestro tono de voz tras encontrar ese charco de pis suena a enfadado, máxime si no es la primera vez que ocurre y ya ha experimentado el castigo anteriormente. No sabe que ha hecho mal, pero sabe que cuando parecemos enfadados tendemos a pagarlo con él, e intenta suavizarnos con algunas posturas corporales que saben que nos apaciguan un poco.

No lo hace por sentimiento de culpabilidad, sino por temor a nuestra actitud. Así que antes de volver a castigarle, plantearos un momento si va a ser educativo de verdad o simplemente lo hacemos para aliviar nuestra propia frustración. Y si es esto último, deberemos acostumbrarnos a considerarnos “Señor y esclavo”, en vez de “propietario y perro”

Este es el primero de los “consejos de parque o escalera” que queremos desmitificar y desmentir. Con el paso de las semanas, os hablaremos de muchos otros, que tanto daño hacen.

 

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

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