Hay muchas formas de intentar educar a un perro, pero no todas son beneficiosas.

A menudo, cuando comenzamos a educar a un perro y hace algo que consideramos inadecuado, le regañamos con un sonoro ¡NO! ¿Es esto verdaderamente útil?

Nuestra intención es buena, que aprendan y no repitan esos errores en el futuro, pero… ¿Estamos consiguiendo realmente que los perros comprendan que algo está mal?

Los perros no nacen comprendiendo nuestro mundo. En realidad, la mayoría fallece al final de sus días sin haber llegado a comprender una mínima parte de nuestra compleja rutina humana. Y eso provoca múltiples problemas de convivencia, acrecentados por nuestra propia falta de comprensión sobre los por qués de esos comportamientos.

Ningún perro, por inteligente que sea ni por mucho que esté habituado a vivir entre humanos, comprenderá jamás la utilidad de un mando a distancia, el valor de un reloj de oro ni la diferencia entre uno de sus juguetes y uno de los del bebé de la casa. Los perros viven en un mundo repleto de cosas que han de ver pero no tocar, y eso es algo difícil de asumir para un perro. En su sencillo mundo, cualquiera de nuestras cosas son vistas como piedras y palos, objetos que sirven para mordisquear, subirse sobre ellos o bajo los que cobijarse.

Con paciencia y afecto podemos enseñarle que todo aquello que no queremos que toque debe ignorarlo, pero hemos de tener en cuenta su perspectiva del mundo para poder conocer en qué punto del aprendizaje se encuentra en la actualidad. Y ponérselo lo más fácil que nos sea posible.

¿Y cómo enseñarles? Desde luego, evitando fundamentar su educación en el uso constante del ¡NO!

¿Cual es la diferencia entre educar bajo el uso constante del “¡No!” y el del “¡Muy bien!”?

 

Pues varias, y muy importantes. La primera diferencia es el estado de ánimo del perro y del propietario, la confianza en ellos mismos. Cualquier criatura a la que se le felicita y recompensa de alguna manera (seres humanos incluidos) siente una sensación de satisfacción y beneficio que le insta a volver a hacerlo de la misma manera que como lo hizo cuando fue felicitado, si es que se da la ocasión.

Es decir, predispone a repetir el acierto de muy buen grado y de forma completamente voluntaria. Sin embargo, cuando te regañan con un fuerte, frío y seco ¡NO!, el ambiente emocional empeora, los involucrados se sienten molestos, ofendidos o preocupados, y las ganas de permanecer en el lugar donde se ha producido disminuyen. Regañar es retar a no repetir, y todo reto conlleva tensión y riesgo. De modo que la felicitación mantiene el interés por practicar, mientras que la regañina anima al perro a alejarse de la fuente del regaño.

Pero hay otra diferencia aún más importante. ¿Qué es un ¡No!? ¿Qué indica? A mi entender, la palabra No sirve tan solo para marcar un error, pero no aclara nada más. Si un perro quiere coger un objeto que no debe y le decimos ¡NO!, ¿Qué puede estar entendiendo? Para nosotros está claro: “No toques eso, no es para tí”. Pero… ¿Estamos seguros de que él entiende lo mismo? Podría entender otras cosas como:

  • “No es para tí ahora” (Por lo que probará de nuevo dentro de un instante, a ver si esa limitación ha desaparecido)
  • “No es para tí aquí” (Pero si lo ve en otro sitio, probará fortuna de nuevo)
  • “No es para tí mientras yo esté delante” (Así que cuando nos vea despistados se abalanzará sobre el objeto)
  • “No es para tí, es para mí, es muy importante para mí” (si el perro cree que algo es muy valioso para nosotros, probablemente también quiera participar en su disfrute, con más interés que antes)

El educar tan sólo en base al “No” aumenta el nerviosismo y la frustración del perro, pues aunque sirve para advertir que hay un comportamiento “equivocado” o “prohibido”, no arroja luz ninguna sobre cual es el comportamiento “acertado” o “esperado”. Es decir, el “No” alerta pero no clarifica. Y mantener esa alerta durante unos instantes aumentará la insatisfacción y los nervios del animal. Si tiene suerte y la primera opción alternativa que tome es la adecuada, pues ahí acabará la cosa, pero si toma otras decisiones antes de llegar a la correcta, aumentará su frustración y la nuestra, su impaciencia y la nuestra.

Y la situación acabará con ambos enfadados y alguno de los dos lastimado. Además, como método de aprendizaje es poco útil, porque los perros, que aprenden por ensayo/error a través de muchas repeticiones, no pueden ver con claridad la pauta acertada si antes que ella ha habido media docena de pautas erróneas cuyo “reconocimiento” ha sido mucho más intenso que el adecuado.

“Los humanos empleamos demasiado tiempo a regañar y apenas en reconocer aciertos. Cualquier cosa bien hecha por parte del perro debe ser reconocida. Eso fomenta la conducta adecuada y refuerza el vínculo de comprensión y confianza”.

Sin embargo, educar a un perro en base a la felicitación, al reconocimiento de méritos, es mucho más esclarecedor.

Si cuando mi perro se acerca al objeto (por seguir con el ejemplo) mira durante un instante a otro lado o lo suelta aunque sea un poco, le felicitaré animado sin acercarme a él (al contrario, le invitaré a que venga agachándome, para que no crea que lo que quiero premiar ha provocado que me abalance sobre él).

Si repite esto varias veces a lo largo de unos días, acabará automatizado el comportamiento. Y si el objeto es demasiado sugerente, le prepararé una alternativa igual o aun más atractiva, para premiarle si decide no tocar el objeto que no queremos que toque. Al premiarle una conducta justo cuando se lleva a cabo le resulta mucho mas sencillo de entender, y además tendremos muchas mas posibilidades de que se de por satisfecho y no vuelva a las andadas.

Como todo con la educación de los perros, cada situación debe experimentarse y repetirse un buen número de veces. Con las repeticiones lleva la integración de un comportamiento concreto dentro de su conducta habitual.

Esto no es solo aplicable a cuando queremos enseñarle un comando o un truco concreto, sino que también nos vale para cuando queremos premiar un estado de ánimo o un comportamiento que nos agrada y que el perro ha realizado de forma casual. Felicitar siempre ayuda.

Entonces… ¿Es malo decirle que No a algo a un perro?

Bueno, eso depende de la forma de pensar de cada uno. Hay métodos de adiestramiento que lo consideran inútil, mientras que otros lo consideran necesario.

Yo suelo recomendar a los propietarios de perros que no empleen el “No” verbal, sino que reclamen calmadamente, ocupando con su cuerpo, el espacio donde se desarrolla la acción no deseada, impidiéndola de forma pasiva, sin posibilidad de sobrexcitaciones.

Desde luego, el “No” por sí solo sirve de poco. Si lo empleáis, que sea solo para alertar de que algo no va bien, pero inmediatamente tratad de ayudar al perro para que encuentre el camino a la solución correcta. El único “No” útil debería ser aquel que vaya seguido instantáneamente de un timbre de voz sereno, un lenguaje corporal relajado y las pistas suficientes para que el perro pueda descubrir la opción buena y así poder felicitarle finalmente.

Ejemplos de tonos

El ¡No a la desesperada!

Este es un ejemplo de la voz de negación de muchos propietarios, llevados por la frustración y la pérdida de paciencia que les ocasiona con mucha frecuencia el no entender ni controlar algunas conductas del perro:

Como podréis suponer, este tono no causa efecto alguno en los perros, al contrario, les impermeabiliza. Escuchar montones de veces seguidas la misma palabra, articulada en diferentes tonos y envuelta en diferentes estados de ánimo (prácticamente todos negativos) no ayuda al perro a comprender nada, sino que mas bien le insta a ignorarnos. Además, el dejar patente que nos frustra la situación nos debilita a nosotros y refuerza la conducta. Al perro le agrada el orden, pero le divierte de sobremanera el caos si lo produce y gestiona él mismo.

Conclusión: No lo empleéis nunca más, y probablemente todo os vaya mejor.

El ¡No! marcial

Esta es la voz de macho Alfa, fuerte e impositiva, con la que nos suelen indicar que le hablemos al perro.

En mi opinión, este timbre de voz no enseña, sino que cohibe. A efectos prácticos, a muchos propietarios les resultará suficiente, pero mi objetivo va más allá que el controlar la conducta del perro. Yo siempre intento atacar a la raiz de la conducta y eliminar los factores que inducen al perro a mostrarla. Estas tonalidades tan fuertes pueden también empeorar la conducta del animal, porque puede verse asustado por ellas y por tanto reforzar una conducta no deseada provocada por un carácter inseguro. Incluso habrá casos en los que el uso de estas tonalidades eleven la excitación del perro, llegando a mostrar agresividad.

Conclusión: Recomiendo a quien confíe ciegamente en el uso de estos tonos a que pruebe a sustituirlos por otros mas amables durante un tiempo. Seguro que los problemas de agresividad, estrés o miedo se atenúan sensiblemente sólo por este cambio en nuestra comunicación.

El Ne-Po-Po o cómo positivizar un ¡No!

Recientemente, nuestro compañero y maestro en muchas áreas, Raul Méndez, nos comentaba al resto de miembros de E-dog Educación Canina Profesional su opinión a este respecto. Y nos hablaba sobre una cosa muy interesante: El NE-PO-PO. Se trata de que cuando se produzca un refuerzo negativo (NE), tal como regañar con un “No” contundente o cualquier otra situación desagradable ocurrida, tenemos que tratar enseguida de recuperar la confianza y autoestima del perro acto seguido, aportando al menos dos refuerzos positivos (PO y PO) muy próximos en el tiempo. Podemos felicitar por algo tan simple como mirarnos o aminorar la marcha, como por algo mucho mas complejo, como soltar el objeto o sentarse.

El caso es que la sensación final del perro, el cómputo general de esa acción, sea altamente positivo, y todo en un lapso de tiempo muy breve, apenas tres segundos. De este modo, la palabra “NO” ya no será un castigo sino una parte de un proceso constructivo positivo, y tratamos de ayudarle a recuperarse de cualquier grado de frustración vivida segundos atrás.

El “No” melódico.

Me vienen a la memoria las palabras de la experta educadora canina Pere Saavedra, un referente internacional en las habilidades caninas a través de una educación canina amable. Pere confesaba que ella sí que les decía No a sus perros, pero en un contexto y modo que para nada podía confundirse como castigo. Ella utilizaba el efecto “aviso de proximidad a error” que para nosotros los humanos está implícito en la negación “No” (cuando a nosotros nos dicen que No a algo, sabemos que nos hemos topado con un obstáculo, y lo primero que intentamos es obtener lo que deseamos de otro modo. Rara vez nos rendimos a la primera. Se trata a inducirles a lo mismo… Un “sigue pensando cómo hacerlo”) , pero sin hostilidad, ni siquiera verbal. Lo que ella recomienda utilizar es ese “no, no, nooo…” que canturrean las madres a los bebés y niños pequeños, con un timbre dulzón e infantil, y que parece hasta una invitación de juego.

 

La felicitación y los halagos

Aunque pueda parecernos algo obvio, también para las felicitaciones y los halagos deberíamos mantener nuestro tono de voz bajo control y hacerlo de forma adecuada para cada situación. Por norma, la felicitación debe mostrar cierto equilibrio entre alegría, orgullo y serenidad. Si la voz suena demasiado eufórica empujaremos al perro hacia la excitación, perdiendo el estado de ánimo que queremos instaurar, la calma. No obstante, una felicitación muy agitada quizá nos sirva para animar a un perro cansado, desinteresado en la actividad que estamos practicando o que simplemente es muy pasivo.

Este es un ejemplo de cómo felicitar al perro con la voz:

A la hora de educar, adiestrar o rehabilitar a cualquier perro, os recomiendo que lo hagáis siempre  o busquéis ayuda profesional de educadores que usen el método de refuerzo positivo. Este método se fundamenta en lo que hemos hablado, en premiar y recompensar (que aparezcan estímulos positivos que refuercen una conducta concreta), en lugar de castigar y reprender. Puede ser algo más lento y laborioso, pero es más amable, mucho más estable y duradero, y sobre todo no degenera en otros problemas de conducta que aparecen por canalización del estrés generado.

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

E-dog Educadores Caninos Profesionales

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