Educar al perro.

Muchas veces tenemos claro que nos queremos poner en manos de un educador canino profesional que nos ayude en esta tarea, pero la duda es ¿Cuando es el mejor momento?

El periodo de Impronta.

En todo mamífero existe un periodo de impronta (Según La R.A.E.: Proceso de aprendizaje que tiene lugar en los animales jóvenes durante un corto periodo de receptividad, como consecuencia del cual aprenden una serie de reacciones estereotipadas frente a un modelo.) que le marcará su carácter de por vida.

El perro es cachorro hasta los seis meses de vida, pero el periodo de impronta se desarrolla aproximadamente en los primeros cuatro meses de vida y es una fase de vital importancia. En este periodo se está formando su carácter y se están terminando de desarrollar las sinapsis encargadas de interconectar las neuronas.

Durante la fase de impronta, el animal (hablamos de perros pero es aplicable a todos los mamífero) establece, en base a sus primeras percepciones, qué cosas son beneficiosas y cuales son un posible peligro, y sienta un precedente que le ayudará a actuar de forma casi automática cuando las perciba en futuras ocasiones.

Debido a ello, toda la información que recoja en este periodo será de por vida, es decir, si un perro muestra por ejemplo inseguridad en esta fase, siempre va a mantener algo de inseguridad, aunque sea posible ayudarle a reducir la intensidad de su respuesta.

Es por eso que se recomienda, que al igual que educamos a nuestros hijos/as desde el primer día, el perro reciba la educación acorde a su edad para evitar conductas que le marquen para siempre. Educarle no es ser severos con él, sino exponerle al mayor número posible de situaciones de forma calmada, controlada y ayudándole a que gestione de forma adecuada.

Si las primeras impresiones de cualquier evento (un encuentro, una acción rutinaria o la aparición de un ruido fuerte) no son traumáticas, sino que acaban de forma positiva, al experimentarlos de nuevo, el cachorro buscará de forma instintiva repetir las actitudes que lograron que todo acabase de forma satisfactoria en el pasado.

Educar al perro: la fase de cachorro

LA SOCIALIZACIÓN DEL PERRO.

 

En este periodo es fundamental que el perro se relacione con el mayor número posible de personas, perciba vehículos y objetos de todo tipo, pero sobre todo que tenga contacto con otros perros.

El principal motivo por el cual un perro muestra inseguridad con otros perros suele ser porque el cachorro es separado muy pronto de la camada (se considera demasiado pronto el periodo comprendido entre el nacimiento y las nueve semanas de vida) y su cerebro no recibe información suficiente acerca de otros perros, como juegan, como se comunican, cuales son sus reglas de convivencia, etc..

Si lo sacamos de su camada con pocos días de vida y lo metemos en una casa donde no hay mas perros, si no lo sacamos a la calle hasta los cuatro meses porque aún no tiene todas la vacunas, etc, entonces, cuando comencemos a sacarlo a pasear nos daremos cuenta de que cuando ve a otro perro le da miedo, sin necesidad de trauma previo (pelea o invasión espacial intensa).

El hecho de no estar con otros perros, de no tener experiencias vividas durante su impronta que le indiquen lo que es peligroso y lo que no, produce que la respuesta mas lógica sea dejar que tome el control el instito de supervivencia y afronte la situación con miedo, así que lo mejor sería dejar al perro con su camada como mínimo hasta los tres meses y mostrarle, además de su camada, otros perros de diferente tamaño y razas, para que recoja toda la información que se va a encontrar de adulto y aprenda a actuar adecuadamente.

Para evitarle riesgos sanitarios tan solo debemos asegurarnos que los perros que se le exponen estén sanos, vacunados y desparasitados, y que el espacio donde se produzcan estos encuentros esté limpio. Si por causas de fuerza mayor el perro ha tenido que salir pronto de su manada (abandonos, fallecimiento de la madre, etc.), lo mejor es que busquemos perros bien educados, sanos y desparasitados para que con regularidad estén con ellos.

Tenemos que tener en cuenta que el miedo no controlado de un perro puede fácilmente derivar en agresividad. Al igual que debe estar expuesto a otros perros, es fundamental exponerlo por el mismo motivo al contacto de diferentes humanos y de otras especies animales. Por los mismo motivos, que tenga referentes positivos de tales criaturas.

RESPETO ENTRE PERRO Y HUMANO.

Otro motivo fundamental por el cual un perro debe de estar con su camada en el periodo de impronta, es que de la madre y sus hermanos va a recibir un tipo de  educación que nosotros, los humanos, no vamos a saber darle. El principal fallo de las personas con su perro es la falta de comunicación, porque el perro se comunica en un idioma diferente al nuestro.

Nosotros nos apoyamos principalmente en un idioma verbal y el perro en un lenguaje corporal. La información que nosotros le damos no siempre es la que ellos recogen. Y no entendernos nos dificultará la tarea de educar al perro correctamente.

Por ejemplo un fallo muy común es el comando “no” de muchas personas que, lejos de ser eficaz, produce un efecto contrario al deseado: al decirlo a voz en grito, enojados o nerviosos, no permitimos al perro sacar conclusión de lo que pretendemos en base a los indicios de nuestra gestualización o lo que le hayamos enseñado previamente, tan solo se fija en el estado emocional en el que nos encontramos y no tarda en asociar el comando con ese nerviosismo o frustración.

Digamos que puede malinterpretar lo que tratamos de decirle por una propuesta de juego alocado o una fuerte regañina, y actúe en consonancia, lanzándose a un juego desbocado o tomándonos miedo. Por tanto,  se puede convertir en un juego inadecuado, que derive en un perro desequilibrado y estresado.

Por esto es importante aprender ese “no”, de forma adecuada, sin gritar, sin frustraciones ni enfados, con paciencia y calma, desde el primer día para que el perro no se refuerce. Sin duda, cuando la madre le dice que no al cachorro, lo hace de forma gestual y éste atiende y comprende.

Si sacamos a un cachorro de la camada muy pronto no aprenderá a respetar el descanso, a abandonar los juegos cuando alcanzan cierta intensidad o a respetar los espacios de cada uno, en el periodo de impronta, y podríamos estar colaborando para llegar a tener un perro con carencias fundamentales en sus límites, que posiblemente no llegue a ser un perro del todo equilibrado nunca. (Debemos considerar que un perro no equilibrado no es un perro malo ni un perro loco, sino que tiene problemas para gestionarse y solucionar adecuadamente alguna situación o situaciones concretas).

Así mismo, para obtener el respeto de nuestro perro es preciso que nosotros conozcamos sus necesidades, sus hábitos y le respetemos nosotros a él. Pedir respeto sin respetar es tan solo una puerta abierta a los problemas.

EDUCAR AL PERRO DESDE CACHORRO.

Para educar al perro podemos crearle al cachorro algunas órdenes o comandos. Como “junto”, “suelo”, “sienta”, “quieto” y “aquí”, de una forma siempre positiva. Es decir, premiando los éxitos para promover que repita el comportamiento deseado.

Es una oportunidad para que la persona aprenda ese idioma corporal canino, pues el perro aprende mejor la obediencia sin necesidad de enfados, gritos y frustraciones y fomenta de forma positiva esos gestos de respeto y confianza que el perro, de forma innata, muestra a su propietario y compañero.

Si el perro, en esta fase de vida, es capaz de aprender y ejercitar estas órdenes, sin duda, cuando sea adulto, tendrá una mejor predisposición y capacidad para aprender cualquier orden nueva, trabajos, juegos, etc…

OFRECER LOS JUEGOS ADECUADOS.

El juego es una parte importante en su etapa de cachorro, puesto que siempre tiene una predisposición a ello. Mediante el juego establecen “ensayos” de situaciones más serias, como la caza, la competición o la autodefensa, entrenando unos con otros pero dentro de unas reglas y límites tolerables. Pero hay que saber que a través del juego ellos se refuerzan en actitudes a veces no deseables.

El dueño debe aprender que no todos los juegos del perro valen, que hay que marcar unos límites, como haría la propia madre de los cachorros. Los juegos demasiado intensos que los perros establecen entre ellos, en los que uno de ellos da muestras de querer cesar y el otro las desoye una y otra vez, deben ser corregidos y limitados (por ejemplo, introduciendo unos pocos minutos de paseo cuando vemos que el juego está cercano a intensificarse, para ofrecer una nueva oportunidad de juego poco después. Así vamos consolidando un hábito de cesar el juego y desviarlo hacia otra actividad alternativa cuando éste alcanza cierto grado de intensidad).

El juego debe ser de “igual a igual“, respetuoso, para que en un futuro no tenga problemas de socialización y muestre dominancia hacia otros perros. Mientras ambos perros muestren el mismo grado de intensidad no debemos preocuparnos. Pero es interesante habituarles a no mantener mucho tiempo seguido de juego a gran intensidad, pues el nerviosismo que genera puede provocar situaciones tensas durante los minutos posteriores al juego.

El juego demasiado intenso e invasivo con las personas también puede traer consecuencias negativas. Por ejemplo, un fallo muy común es el juego de permitirle morder nuestra mano (tampoco debemos enfadarnos o castigarle, basta con evitar que el juego de mordiscos se pueda entablar, alejando las manos de su alcance, entregando algún juguete que sirva de alternativa, etc). Es un juego, sí, pero debemos pensar que lo que el perro está aprendiendo son conductas futuras negativas.

Los dientes del cachorro aún no hacen daño, y puede causar hasta gracia en sus dueños, pero cuando sea adulto causará más daño y morderá con más intensidad. Por eso hay que educar al perro. Y reirle de pequeño y regañarle de adulto no hará otra cosa que confundirle y frustrarle. Debemos ser consecuentes y pensar en su educación como una guía gradual y constante de lo correcto y lo incorrecto desde el primer día, no abrir la puerta al caos durante su infancia y exigirle un orden extricto al llegar a cierta edad. Ni siquiera los humanos llevaríamos bien ese tipo de aprendizaje aplicado a nosotros, con nuestra presumible superioridad intelectual.

Hay que tener en cuenta que un cachorro debe descansar el 90% del día, porque un perro que no tiene este descanso tiende a ser muy nervioso. Si nos excedemos con los juegos y no respetamos su descanso en esta etapa tenderá a ser un perro desequilibrado. También es importante respetar esa zona de descanso y no jugar en ella, ya que el perro cuando entra en ese espacio debe ser de descanso y no asociarlo al juego.

Hay muchos juegos con el cachorro que pueden fomentar actitudes muy positivas en él y seguro vinculará mas al dueño con su perro, como por ejemplo, lanzarle una pelota y esperar a que nos la traiga (esto también requiere de una técnica, no es algo que suelan hacer de forma natural, aunque casi todo el mundo crea que así es. Hay que ensayarlo y perfeccionarlo poco a poco. En un próximo artículo os explicaremos cómo lograrlo), buscar un objeto escondido, rastrear (hay pocas actividades que les guste más que buscar un rastro apetitoso por la casa, el jardín o el campo), ejercicios de agility, habilidades y órdenes de juego aprendidos de forma cognitiva (la patita, que ruede, etc) y en un espacio dedicado al juego.

CUANDO Y CÓMO DAR CARIÑO AL CACHORRO.

Sin duda alguna, al perro tenemos que darle cariño, pero adecuadamente, para reforzar sus acciones buenas. Por ejemplo cuando se siente o esté tranquilo, podemos y debemos acariciarle, pero nunca en situaciones de estrés.

Cuando el perro se muestre atemorizado, excitado, eufórico o enojado, nos abstendremos de acariciarle o hablarle, tanto para no reforzar esa conducta como para ayudarle a generar el ambiente necesario para recuperar su autocontrol lo antes posible.

En esos casos, caminar a un ritmo tranquilo puede ayudarles a canalizar la energía propia  de ese estado de ánimo indeseado, y tan pronto se calme, le felicitaremos y acariciaremos. Pero nunca debemos dirigirnos a él con tonalidades muy estridentes (salvo que queramos incentivar su juego y movimientos, en el caso de un perro desmotivado) ni tampoco con demasiada frecuencia (evitar estar todo el tiempo encima de lo que el perro hace. Si el entorno es seguro, le debemos dejar cierto grado de independencia y autonomía, permitir que explore el mundo y autoexplore sus capacidades. Si el entorno no es seguro… ¿Qué hacemos ahí?) ya que este comportamiento es una sobre atención, que podría provocar establezca un apego y necesidad excesiva, que provoque que el perro genere una posible ansiedad por separación, que suele desembocar en situaciones en las que el perro muerda el mobiliario de la casa para desestresarse o ladre insistentemente cuando el dueño no esté presente, tratando de que éste le escuche y acuda a su lado.

El cariño es otra recompensa más, que se concede cuando la conducta, el estado de ánimo o la respesta emocional es la correcta en una situación dada. En cualquier otro escenario, nuestra actitud ha de ser calmada y confiada, pero lo más neutra posible, para no imprimir emociones que obstaculicen que el perro recupe su autocontrol.

Sabemos que educar a nuestros hijos es fundamental para ellos, aunque a veces nos de pena no dudamos en hacerlo por su bien. Nuestra convivencia depende de ello. Cuando adquirimos una mascota lo hacemos para que se sume a nuestras vidas, y sólo disfrutaremos plenamente de ella si está educada. Debemos educar al perro. E instruirles en esa tarea nos corresponde a los humanos (repito que ser educado no es tener tres carreras, sino saber comportarse educadamente en las situaciones cotidianas).

Por ejemplo, pasearemos mas tiempo porque no tira de la correa, nos la llevaremos a parques porque no se pelea con otros perros, la vamos a soltar porque sé que va a venir cuando la llame, puede estar con la familia y visitas porque no se sube encima y está tranquila, etc… Pienso que querer a tú mascota es darle lo que ella necesita, cubrir sus necesidades básicas y ello conlleva algún sacrificio.

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

E-dog Educadores Caninos Profesionales

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