El problema del abandono de animales domésticos en España (especialmente perros y gatos) es un verdadero drama, que lejos de superarse, empeora año tras año.

Se abandonan cientos de perros, gatos y otros animales a diario en toda España. Las Organizaciones Protectoras de Animales, tanto públicas como privadas, están a reventar, sin apenas capacidad, personal o recursos para aceptar más animales en mitad de una tendencia siempre ascendente al abandono. Siempre tienen nuevos “inquilinos“, siempre están faltos de espacio y de recursos, materiales, humanos y económicos, para poder lograr únicamente paliar la cantidad de animales que se abandonan.

La lógica dice que debería ser imposible que el abandono de animales sea tan numeroso durante un largo periodo de tiempo por dos sencillas razones: la primera es que el que adquiere un animal es porque se presupone que quiere un animal, no lo abandonará tras adquirirlo. ¿La segunda? que la conciencia en la era de la información debería ser cada vez mayor. Ambas lógicas ¿no? lo contrario sería una excepción ¿verdad? Pues parece que en este asunto la lógica se equivoca. La cantidad de gente que adquiere un animal de forma impulsiva, sin conocer, asumir y querer realmente todo cuanto conlleva el hacerse cargo de él es una cifra que ningún político podría positivizar, y crece año tras año.

Veamos por qué sucede esta incongruencia del abandono de perros y animales.

Una de las cosas mas importantes a tener en cuenta para entender las causas de este problema es la poca cultura animal que tenemos en España. Recientemente escribimos en esta web un articulo que habla sobre ello, titulado Qué es y que no es un perro: Falsas expectativas, en el que exponíamos que mucha gente tiene ideas preconcebidas y erróneas de lo que es un perro, de sus características, sus capacidades y sus necesidades.

Y este problema no es exclusivo de los perros, sino de cualquier mascota. La ignorancia rampante del país, sumada a la imagen distorsionada que la televisión y el cine suele trasladarnos de los animales, pone a nuestras mascotas muy difícil la tarea de cumplir nuestras expectativas cuando pisan nuestra casa. Ya tienen un suspenso casi asegurado desde el principio.

“La lógica dice que debería ser imposible que se abandonen tan grandes cantidades de animales “

El no saber como tratar a nuestras mascotas (me refiero a tratarles creyendo que entienden nuestro idioma, por ejemplo, pero es sólo una entre cientos de otras cosas erróneas) genera el 99% de los casos de problemas de conducta y de salud en los animales. Recordemos que hasta hace 30 o 40 años, muy pocas personas decían saber tratar estos problemas de conducta caninos, y menos de un tercio de los que lo decían sabían tratarlos realmente. Para complicar más las cosas, hace aún menos años que el país se ha enterado de que los profesionales que sí saben tratar esos problemas de conducta existen y son accesibles. Lo habitual y generalizado hasta hace relativamente muy poco, cuando una familia se daba cuenta de que su animal tenía problemas, era barajar entre tres opciones, todas ellas de una dureza extrema: convivir con el problema, matar al animal o tirarlo de casa.

Esta última opción parecía ser considerada con frecuencia la mejor salida (al menos para nuestra conciencia humana), pues evitaba tener problemas en casa (máxime cuando se trataba de agresividades), era barata (no había que pagar a ningún veterinario) y nos permitía tener una solución “clemente” que nos permitiera autoengañarnos y hacernos sentir bien, pues nos desentendíamos del animal y su problema pero “al menos seguía vivo” (para muchas mentalidades, “solo es un animal”, un ser vivo de segunda, y del cual se da a menudo por hecho que sabrá sobrevivir con esas habilidades arcanas llamadas instintos, con las que solucionan todos sus problemas de forma mágica. Desgraciadamente, la realidad tiende a ser mucho menos indulgente). Afortunadamente, hoy en día es cada vez mas sabido que hay una cuarta opción infinitamente mejor: tratar el problema del perro y rehabilitarlo, única forma de reducir el abandono de animales.

A estas alturas, la lógica ya estará llorando, pues nadie se plantea abandonar su coche cuando se le avería, ni si quiera cuando decide cruzar el desierto, como en el anuncio de la televisión y se le muere en la playa. Sin duda alguna, siempre hay esperanza, un modo de solucionarlo. ¿Por qué no existe el mismo reparo al abandono hacia un ser vivo que hacia un objeto? Bueno, recordemos también que ningún concesionario vende un coche sin asegurarse de que el comprador sabe conducir y tiene un carnet que certifica que está capacitado para resolver la mayor parte de los problemas comunes del vehículo; contrariamente, muchos comerciantes de animales españoles (afortunadamente no todos) no solo no explican como “funciona” lo que venden (cómo deben ser tratados y cuidados los animales), sino que incluso muchos mienten al hacerlo para garantizar una venta.

No son pocos los que niegan que los cerdos que venden crezcan mucho (seguro que los habéis visto en la tele, pequeños y adorables por toda la eternidad. No nos suelen advertir que ese adorable cerdito puede llegar a pesar doscientos kilos y requerir muchísimo espacio y alimento); algunos criadores venden cachorros nada mas destetarlos o incluso antes (saltándose las más importantes fases del aprendizaje y desarrollo del animal); Un gran número de tiendas de venta de animales no tiene a los animales en condiciones dignas y saludables (falta del espacio suficiente; muchas horas en recintos cerrados; una higiene de sus espacios insuficiente y la consiguiente convivencia prolongada con heces y orina; exposición prolongada al bullicio y el gentío, alterando el descanso correcto, etc), pues lo importante de la “mercancía” es exponerla y venderla (aquí no incluyo a comercios que sólo venden productos para animales).

Quienes nos venden o dan acceso a los animales, que en el fondo deberían ser un importante vector de información para el propietario, en muchos casos ayudan a la epidemia de ignorancia en lugar de combatirla. Ahora la esperanza también está llorando.

“La cifra abandonos de perros y gatos crecen año tras año. El abandono de animales no parece desaparecer, sino fortalecerse”.

Todo esto explica que como ciudadano de a pie no entendamos a los animales, que no los conozcamos. Pero sigue sin explicar de forma clara por qué se abandonan tantos animales. Ciertamente aún falta un eslabón en esta cadena tan cruel.

 

¿Por que se produce el abandono de animales? Porque nos causan problemas o alteran nuestras cómodas rutinas. La lógica intenta una última y desesperada afirmación: todo eso nos pasa también a los seres humanos, principalmente con los niños, pero por norma no los abandonamos, buscamos lo que haga falta, aprendemos lo que haga falta y acudimos a quien sea preciso para solucionar los problemas que podamos tener con ellos.

Pero la pobre lógica olvida que estamos en España, un país en el que la gran Fiesta Nacional consiste en torturar a un animal hasta la muerte, y cuyos protagonistas reciben el titulo honorífico de “maestros”. Aquí, para la ley los animales no son seres vivos, son propiedades, y mucho más baratos e inestables que un coche: fáciles de reemplazar, tanto económica como emocionalmente.

Ahora sí está claro, todas las piezas encajan. Si a un humano se le rompe un objeto barato y fácil de adquirir por no saber manejarlo, no pasa nada, lo reemplaza. Este pensamiento se extiende automáticamente a los animales: si tienes mucha suerte, aprenden por sí solos a dejarse manejar de cualquier manera (aprenden a sobrellevar nuestros propios errores y subsanarlos ellos como buenamente se les ocurra). Si no la tienes, pues tienes un “mal animal” y se reemplaza. Por lo que si insistes (reemplazas) lo suficiente, terminarás dando con aquel animal que sea como la tele, el vendedor o tu imaginación te han dicho que son todos. Inaudito, ilógico, inaceptable, pero real como la vida misma.

¿Y a donde van todos esos animales “fallidos” que no se ajustaban a los caprichosos deseos de su amo?

Los que tienen mucha suerte, encuentran un nuevo hogar con propietarios mas pacientes, realistas y concienciados de lo que supone cuidar de un ser vivo (y milagrosamente, la mayoría de los problemas por los que se le repudió en su día desaparecen en poco tiempo).

Los que tienen algo de suerte van a dar a refugios o albergues, a la espera de que alguien los adopte y pasen a formar parte del grupo de los de la Mucha suerte. Algunos pasan allí muchos años, incluso toda su vida, sin ser adoptados (la estupidez y egoismo humanos que nos lleva a querer sólo adorables cachorritos a los que malcriar a nuestro antojo sigue transmitiéndose año tras año, la tendencia no parece variar).

Los que tienen poca suerte pasan a engrosar la lista del abandono de animales, son dejados en cualquier parte y viven un tiempo en libertad, vagando de aquí a allá, deambulando en busca de algo que comer, a costa de poner en riesgo su vida y la de cuantos le rodean. Sus probabilidades de supervivencia son muy escasas, atropellados en las cunetas o muertos por enfermedades no tratadas.

Y los que no tienen nada de suerte van a parar a perreras en las que, si no son reclamados o adoptados en un breve plazo, se les sacrifica sin contemplaciones para dejar espacio a otros, juzgados por el único delito de haber tenido mala suerte.

Como veis, toda una cruel y caprichosa ruleta rusa animal.

Falsos argumentos y excusas

Y para acabar, algunos ejemplos de las excusas más frecuentes, que casi siempre tienen solución, tales como:

“Vamos a tener un niño, y nos da miedo que el perro, gato, etc., le haga algo o le tenga celos”.

Este tipo de aseveraciones nos indican dos cosas claras: que no conocéis en absoluto a vuestro compañero peludo y que vais a arrebatarle al niño la posibilidad de convivir con el que con toda seguridad será su amigo mas fiel. Si supervisamos siempre el contacto entre niño y animal, si mediamos para que los juegos de uno no molesten al otro, aprenderán a tolerarse y se harán inseparables.

“Es que de repente me da alergia”.

¿De repente? ¿Y en número de casos tan frecuente? Bueno, a veces es cierto, y en los casos más severos poco hay que hacer, pero para la mayoría de los casos existen productos para paliar los efectos, tanto para administrarle al animal como para nosotros. Con el tiempo, nuestro organismo desarrollará inmunidad y desaparecerá el problema. En realidad, nos habrá ayudado a fortalecer nuestro sistema inmunológico.

“Nos cambiamos de vivienda y en la nueva no nos dejan tenerlo”.

Sucede a menudo. No todos los arrendadores se atreven a tener animales, pero hasta para eso hay soluciones. Existen grupos en las redes sociales en los que encontrar viviendas de alquiler en las que no te ponen problema para que vivan ellos también. Igual ya te habías encariñado con una casa concreta, pero… ¿Es esa casa en la que aun no has vivido mas importante que ese animal que ya te quiere? Si la respuesta es afirmativa, te recomiendo una puesta a punto a tu escala de valores y que te recalibres los niveles de empatía.

“A mi nueva pareja no le gustan los animales”.

Todos conocemos ese dicho de que los extremos opuestos se atraen, pero… ¿De verdad crees que esa relación es sana? En la vida en pareja hay muchas concesiones y condiciones que han de darse para empastar, pero cuando éstas son de cierto calibre, que implican el abandono de tus principios, necesidades o anhelos, las posibilidades de que esa relación sea duradera son escasas. ¿De verdad vas a deshacerte de tu amigo peludo por que a tu pareja no le gusta? ¿Y qué tal si lo intenta? Tu animal ya es parte de tu vida, de tu núcleo emocional. Va contigo, y quien te quiera a ti ha de aceptarte por completo: hijos, trabajo, ideales, convicciones y animales.

“Se lo compramos a los niños, pero ellos no se están encargando de nada”.

¡¡¡¿Siiii?!!! ¿De veras? ¡¡¡No doy crédito…!!! Que hicieran lo mismo con todos aquellos juguetes que tanto desearon hasta dos días después de haberlos conseguido debería haberte dado una pista. El perrito, el gatito, ese hurón, cobaya o pececito no son responsabilidad de los niños. Vale que les instruyas e inculques en algo tan loable como el amor a los animales y lo saludable de ser responsable de algo, pero… ¿Eres tú, humano adulto, el adecuado para dar esa lección? Porque la solución que se te ha ocurrido ante la evidencia de que los niños son niños y le dedican poca atención a las cosas es la de regalarlo, llevarlo a una protectora, o peor aún, venderlo para recuperar lo invertido en él. Eres el adulto o adulta. TÚ INTRODUCES AL ANIMAL EN CASA. Tú lo adquieres, está en tu hogar, eres el responsable final de todo cuanto suceda allí. Y si no quieres asumir tamaña responsabilidad, no trates de forzar a otros a que lo hagan.

“El perro tiene demasiada energía para lo que yo puedo mantener”.

Buen intento. Pero no convence. Es posible que esto sea así, pero es algo que podríamos haber supuesto antes incluso de adquirirlo. Su raza o mezcla, su tamaño, su forma de jugar, todo eso nos da pistas de las necesidades que pueda tener el perro en el futuro (no nos excusemos. Internet es una fuente de información, y además, no conozco a un solo adiestrador o educador canino que no esté dispuesto, de forma gratuita a través de una conversación telefónica, a informarte de cual va a ser el ejercicio habitual que va a requerir tu ChowChow, tu mestizo de Dálmata o ese cruce entre perdiguero y terrier con el que te has ilusionado. Teniendo esa información (generalizada, claro está), te puedes formar una idea aproximada de si ese perro es adecuado para lo que tú puedes ofrecer. Y pasear y olfatear les gusta a todos y les relaja. No es preciso ser Perico Delgado ni un crack del montañismo. Caminar, caminar y olfatear mucho.

“Tengo un nuevo trabajo y tengo poco tiempo”.

Enhorabuena por el empleo. La situación es comprensible, pero busca apoyos. Seguro que algún familiar o amigo concienciado con los animales entiende lo duro que es para el perro aguantar ese nuevo horario de soledad y acepta sacarlo a pasear o pasar a estar un rato con él. Si no, existen las guarderías caninas, los paseadores, las nannydogs… que por muy poco pueden arrojarte ese salvavidas que te hace falta para que tu perro se sienta saciado y feliz, atendiéndolo. Y si la economía está complicada como para contar con alguien pagado, pues te tocará madrugar un poco más y estar algo más de tiempo paseando por la noche. Pero desprenderte de él, salvo que sí conozcas a alguien con tiempo, con la economía como para cuidarle pase lo que pase en el futuro y que realmente sienta aprecio por tu perro, no debería ser una opción.

“Es que tiene un problema de conducta, y no hay quien viva con él”.

¡Bueno…!!! A nosotros no nos vais a convencer con esto… Los problemas se superan con paciencia, serenidad y la guía de alguien experto. No hablo de un cuñado, la vecina del primero y su yorkshire o los dueños de los perros del parque, sino de un etólogo veterinario o un educador canino. No dejes que un problema, que generalmente está cimentado en errores tuyos pero que tiene solución, aleje a tu perro o tu animal de tu vida.

“Es que mi perra ha tenido cachorros y no se qué hacer con ellos”.

Lo primero debería ser esterilizar a tu perra. Con ello evitarás que vuelva a suceder, que la cadena de perros sin hogar siga creciendo eslabón a eslabón. Esterilizar a los perros no es cruel, no les deprime ni les cambia el caracter. Lo que cambia el carácter es la montaña rusa de las hormonas sexuales, y los que es cruel es quitarle a una madre sus cachorros. Esterilizar es evitar enfermedades y cachorros.

“Mi situación económica ha cambiado y no puedo darle lo que necesita”.

Esta sí que es una razón válida (cuando es honesta, y no que prefiero prescindir del perro que de salir de copas). Nadie podemos prever cuando perderemos un empleo, habrá una recesión económica o sufriré una situación económicamente complicada que se prolongue durante el tiempo. Es comprensible que nadie pasa apuros porque quiere, Y si que es un motivo que pueda movernos a buscar un lugar que mantenga al animal en las condiciones que necesita. Pero antes de esto, quemad todos los cartuchos. A través de las redes sociales se pueden organizar campañas para solicitar ayudas económicas, de material o alimentos, en las que expongamos la situación y nuestro deseo de que el animal siga a nuestro lado. Aunque no lo creáis, aún hay mucha gente solidaria.

“¡Uy! Ahora está enfermo, lisiado o ya es viejo”.

Ya es triste haber sido fiel a alguien toda la vida para que en los momentos en los que más ayuda necesita, le sea dada la espalda. Todos nos haremos viejos, todos podemos enfermar. ¿Y? ¿Es que eso nos convierte en menos valiosos? No lo creo. Es egoismo puro y duro. Debemos estar a su lado tal y como prometimos cuando lo adquirimos. Entre todos hemos de combatir el abandono de animales.

 

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

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