Ayudando a Kero a superar su agresividad

Kero es un perro que, probablemente a raiz de un atropello que sufrió en la adolescencia, mostraba hostilidad hacia muchos ruidos, movimientos inesperados y manipulado por parte de ajenos a la familia.

Tal era su hostilidad que fue denunciado por agredir a algunas personas e inscrito dentro de la lista de animales peligrosos.

Sus propietarios nos contactaron solicitando ayuda justo el día después de su última agresión, en el que mordió a una vecina que había bajado a ayudarles a pintar la casa. Tal y como es debido, tras chequearla en urgencias, el personal del hospital dio parte de agresión, y pocos días después, el Ayuntamiento de Alicante les notificó su inclusión dentro del listado de censo de perros peligrosos, así como las medidas que eso conllevaba.

Asimismo, les comentaron que cabía una posibilidad para sacar a Kero de ese mismo listado, y era someterle a un adiestramiento canino y superar un test de sociabilidad.

¿Por qué es beneficioso lograr extraerle de ese listado? En primer lugar, por él mismo. Porque el tratamiento de su problema le vendría a ayudar a gestionar su respuesta en todas esas circunstancias en las que se siente alterado, mejorando su calidad de vida y reinsertándole en su entorno.

En segundo lugar, por su propia seguridad: el listado de perros peligrosos surge con la intención de prevenirle riesgos a la sociedad en general, pero también tiene sus lados injustos. Imaginemos que un perro inscrito en este listado (ignoremos por un momento el motivo que pueda haberlo causado) se ve atacado por cualquier otro perro y en su autodefensa causa una herida al perro agresor (con bozal no puede morder, pero un arañazo también puede herir)…

Pues el futuro de ese perro, aunque tan solo se haya tratado de quitar al agresor de encima, sería muy incierto, llegando a poder ordenarse su sacrificio, lo que es algo muy injusto.

¿Cual fue la decisión tomada por los propietarios de Kero? Comenzar con el tratamiento, tratar de superar el test, y, por cautela, continuar teniendo las mismas precauciones que tendría en caso de no haberlo superado (bozal, seguro, etc…). Con esto se minimizan las ocasiones de riesgo, tanto para la sociedad como para el propio perro.

Y comenzamos a trabajar con él. Ya en nuestras primeras visitas comprobamos varios problemas severos: el primero, una gran energía acumulada a la que sus propietarios no sabían canalizar, dado que su temperamento (espoleado por esa misma gran energía acumulada) no les permitía liberarle para que jugase con otros perros.

En segundo lugar, el recuerdo de su atropello en el pasado le mantenía en una constante tensión en la calle, queriendo avalanzarse hacia automóviles, buses o motos. El tercer motivo de preocupación era el alto nivel de dependencia hacia sus dueños y su enorme ansiedad cuando uno de ellos se alejaba unos metros de él. Y como colofón, su gran intolerancia a ser manipulado por personas de fuera de su familia.

Comenzamos a abordar los problemas, uno por uno. Las primeras sesiones las dedicamos a crear rutinas de paseo. Con ello tratábamos de crear el vínculo necesario para todo el manipulado posterior que habría de llegar, pero también reducir su nerviosismo y su estrés.

En un par de semanas ya estuvo listo para comenzar a estar en parques y espacios cerrados con otros perros sin sentirse tenso por su presencia. Al cabo de pocos días ya sentía una gran alegría cuando se encontraba con otros perros. Fue en estos paseos cuando comenzamos también a entablar un breve y placentero contacto físico, a través del cepillado.

También durante estos paseos comenzamos a entablar un contracondicionamiento a su reacción ante la proximidad de vehículos, trabajando, desde gran distancia, para lograr que su tensión ante la visión de los coches se reduzca. A través de juego, premios y halagos conseguimos que acabara ignorando a los vehículos hasta el punto de que cuando escucha una moto se nos encara para solicitar su felicitación, en lugar de saltar hacia él como antes.

Y casi sin buscarlo comprobamos que su ansiedad cuando sus propietarios se alejan se iba reduciendo día a día.

Y por último, el trabajo mas complicado, el manipulado. A causa de su atropello, Kero tiene recuerdo de dolor en las patas, y su primera reacción ante el contacto con las patas delanteras era la de morder para expulsar. A pesar de ser un perro de tamaño mediano, su boca es muy potente, y sus mordiscos muy serios. Cualquiera que vea la boca de un Jack Russell o un Beagle ya puede entender lo que queremos decir… Su mordida no es cuestión de broma.

Desgraciadamente, para superar el test de socialización es preciso que el perro supere varias pruebas, todas ellas de manipulado por parte del veterinario. Estas pruebas consisten en que se le coge en brazos, se le tumba en el suelo o en una camilla, se le cambia de postura, se deja acariciar en postura de sumisión o se le aparta cuando se acerca a un premio arrojado junto a él, todo ello sin mostrar actitud hostil.

Aunque el que todo éste manipulado se tenga que producir forzando al perro no sea de nuestro agrado ni de nuestra entera comprensión (se espera que tenga una actitud pasiva ante el manipulado, sea quien sea quien lo haga y sin importar las intenciones del mismo, y eso no es natural. Cualquier criatura con capacidad defensiva se habría de defender de un agresor), la respuesta es que no es un capricho del veterinario, sino que es lo que tiene estipulado la normativa del Ayuntamiento. No cabe lugar a negociación. Así que trazamos un plan de trabajo a medio plazo.

Con la ayuda de material de protección poco habitual en nuestro trabajo diario (como guantes de malla de carnicero bajo unos guantes de jardinería y el uso de chaquetas gruesas) nos expusimos a sus imprevisibles ataques durante el primer mes.

Al principio las sesiones tan solo consistían en poder movernos libremente en la misma estancia que el perro sin que este atacase, premiando toda buena respuesta e ignorando los errores. Estos errores eran dolorosos mordiscos, pero era importantísimo que nosotros no respondiésemos ni con dolor hacia él ni con alarma o huidas.

Preparábamos el ambiente para que todo fuera amable y satisfactorio, pero cuando fallaba y mordía, no quedaba otra que permanecer quieto y esperar a que él solo se recuperase. Aunque muchos podáis pensar que esto es una locura, en realidad es lo único que funciona. El animal tenía esa respuesta en cuanto se sentía incómodo porque lo había probado en el pasado y había logrado el efecto deseado: hacer huir a la molestia.

La repetición de la conducta con los mismos resultados había consolidado la idea de que morder era la mejor manera de superar los obstáculos. Y nosotros comenzamos una tarea de reprogramación, hacerle ver que morder era algo totalmente inútil, porque ni nos expulsaba ni nos echaba. No había efecto alguno. Eso, junto con el hecho de que tan pronto se recuperaba retomábamos el trabajo con buen ánimo y calma hizo poco a poco que su agresividad fuera bajando de intensidad, hasta desaparecer por completo, tanto con nosotros como con personas poco conocidas por él.

Una vez superada la agresividad, y aun así con mucha cautela, iniciamos un trabajo para educar al perro a que se tumbase en el suelo y girase sobre sí mismo al pedírselo, siempre en positivo. fue increíble ver como, después de todo el arduo y arriesgado trabajo anterior, ahora el perro descubría que le resultaba fácil y que le gustaba el ser recompensado.

Paso a paso fuimos elevando la dificultad: acariciando patas, haciéndole girar sobre su lomo, elevándolo del suelo, y finalmente depositándole sobre una mesa y moviéndole por completo.

¿Qué como acabó la cosa? Pues como no podía ser de otra manera, dado el esfuerzo, trabajo y tiempo invertidos por propietarios, perro y educadores… Aprobó el examen a la primera, comportándose aún mejor de lo que teníamos previsto. Actualmente vive mucho menos inseguro, nervioso y ha aprendido a sobreponerse rápida y pacíficamente de las cosas que le impresionan.

¿Tiempo de trabajo? Seis largos e intensos meses, trabajando dos o tres sesiones semanales, pero es la prueba viva de que el esfuerzo y el sacrificio continuado acaba dando el fruto deseado. Si vuestro perro tiene algún problema y de verdad queréis resolverlo, no arrojéis la toalla. Él os lo agradecerá.

 

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

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