Sofy busca adopción. Está en Alcoy, pero si aparece la persona idónea que quiera cuidarla de por vida, se enviará a donde sea preciso.

Es una perra preciosa que a causa de una riña en su juventud sufre la constante amenaza de la desconfianza. Su familia la mantiene separada de la otra perra de la casa, y eso, como suele suceder, no ha hecho mas que acrecentar los nervios entre ellas. Sin embargo, podréis comprobar en un video que le han grabado, que se lleva fantástico con los perros.

Sofy creció con María y su familia, quienes siempre han intentado darle lo mejor, pero esta historia es una de esas en las que la voluntad de hacer bien las cosas y el conocimiento para hacerlo no han ido de la mano a tiempo. Sofy siempre ha sido una perra nerviosa y agitada, es mestiza de alguna raza de caza, y en estas razas las infancias moviditas son muy habituales. En la misma casa vive su hermanastra Noah, una boxer extraordinariamente tranquila para su raza. Un día tuvieron la tipica riña de hermanos, muy frecuente cuando juegan juntos dos perros con niveles de nerviosismo diferentes: alguien se emociona, pisa alguna zona sensible de su compi, el otro se pone serio, el primero se queja porque no entiende a que viene tanta seriedad, y el juego acaba en discusion sin que nadie sepa quien tiene la culpa y quien empezó. Todo el que tenga hermanos sabe que ni los humanos estamos libres de estas situaciones. La parte humana de la familia temió lo peor, y con ánimo de evitar que se hicieran daño las separaron; pensaron que al tener una casa grande podrían vivir así sin problemas, unas veces teniendo a Noah entre la familia, y otras aislándola para que Sofy pudiera disfrutar de sus seres queridos. Deseaban lo mejor para ambas, pero no fueron conscientes de lo estresante que supone vivir en una casa teniendo a tu enemiga siempre tras alguna puerta, fuera de tu alcance, pero siempre cerca, día tras día, mes tras mes.

Sabiendo que no podían vivir asi decidieron buscar ayuda profesional y apuntaron a Sofy a un club de agility. Allí Sofy y Maria aprendieron mucha obediencia, pero no cambiaba apenas su situación en casa. Además tambien resultó que una de sus compañeras de clase era intolerante con los juegos nerviosos, como los de Sofy, y se sabía grande, por lo que siempre que Sofy no estaba trabajando su obediencia, cada vez que intentaba jugar con sus compañeros, la matona de la clase la empujaba y la tiraba al suelo violentamente, igual que hacía con cualquiera que se atreviera a mostrar nerviosismo en su presencia. Tan mal lo paso Sofy que en ocasiones muestra miedo y sumisión cuando ve a perros que le recuerdan fisicamente a aquella abusona.

Sofy se encontró con que su vida se limitaba a estudiar, sufrir abusos en el “recreo” y preocuparse por si se encontraba con Noah en casa (la misma preocupacion que Noah sentía de encontrarse con Sofy, no había culpables, solo víctimas, en esa casa).

El conflicto que marcó su vida

En medio de esta vida de estrés constante, Andrea y su perrita Pelusa, que vivían fuera, se mudaron e instalaron con la familia, con todo el nerviosismo que conllevan las mudanzas y las reorganizaciones familiares. Los perros no son inmunes a nuestro estrés, lo absorven, se les contagia, e intentan gestionarlo, pero no todos pueden. Sofy no podía mas, a pesar de los esfuerzos de su familia por ayudarla. En esos días Sofy estaba muy estresada, y algo que casi nadie nos explica a tiempo es que en la naturaleza la violencia es un gran desestresante (si dejamos de lado la ética y los valores morales, claro). Un día, nada mas llegar a casa de pasear, Sofy se encontró con el miembro de la familia mas débil y menos conocido, Pelusa, e inició una pelea. Todo sucedió muy rápido, y nadie recuerda si Pelusa pudo hacer algun mal gesto, o si Sofy dio algún aviso o emitió alguna señal de calma que fuera ignorada antes de la pelea. Tal vez simplemente nuestra amiga estresada decidió que no podía aguantar mas y la tomo con la mas vulnerable; tal vez la diferencia de peso hizo mas que las propias perras, pero nadie tiene dudas de que fue una pelea seria. Por fortuna todos se recuperaron de las heridas físicas, y decididos a no rendirse, siguieron buscando ayuda con las heridas mentales. Entonces nos contactaron a nosotros.

Evaluando a Sofy

La primera impresión que me causo Sofy fue que era una perra sociable, ligeramente insegura en la presentación, pero cariñosa y confiada pasados los primeros instantes. Entonces nos la llevamos a pasear para verla en la calle. Pasear es la mejor forma de conocer como es realmente un perro. Y lo que vi fue un animal tranquilo y controlado durante el 70% del paso, pero físicamente fuerte, y con explosiones de nerviosismo el 30% de cada paseo. Frecuentemente, cuando veía a algún perro o a alguna persona que le resultaba agradable o simpática. En estas “explosiones” solía saltar y ponerse a dos patas, y en ocasiones ladraba de forma muy ruidosa, pero todo en su lenguaje corporal indicaba que lo que quería era jugar y hacer amigos, y al no poder la frustración la desesperaba. Sofy es un animal que lleva mal la frustración, el no poder presentarse a todo el mundo, pero nunca vi que esta frustración supusiera un peligro mayor de que alguien acabara por el suelo, y quien mas riesgos corría era la propietaria. Le cambiamos a Sofy el arnés de espalda que dificultaba controlarla cuando se emocionaba por un arnés de pecho y enseñé a Maria a preveer las situaciones que la excitaban para poder afrontarlas de forma segura, eliminando los riesgos de los tirones y los empujones con ayuda del mejor control del arnés nuevo.

Los paseos mejoraron notablemente, y en cuestión de unos días el 30% de situaciones que tanto asustaban a los transeutes y a la propia María se habían reducido a la mitad, y su intensidad también era una sombra de lo que fué. Sofy  pasea tranquila y relajada, y con ella María y el resto del barrio, siempre y cuando María mantenga las pautas, el “método” que tanta tranquilidad le dan a su compañera.

Controlada la calle nos armamos de un bozal y nos fuimos al parque para perros de Alcoy. Lo que ví me sorprendió gratamente. Sofy estaba muy tranquila, jugaba cuando se la invitaba, ignoraba cuando se la ignoraba, se presentaba a los otros perros infinitamente mejor que cuando va atada, emitiendo señales de calma y gestionándolo todo con cuidado y tranquilidad, e incluso aceptaba gestos raros y confusos durante los juegos sin que su humor cambiara. Pronto resulto evidente que el bozal era innecesario. Le gusta jugar a empujar y que la empujen, quiere que haya revolcones por el suelo, pero de lejos era la que jugaba mas “suave” del parque. Considero difícil que, ahora que es mas madura, vuelva a tener problemas jugando como le paso con Noah.

Por qué necesita un nuevo hogar

Sofy esta muy cambiada. Ni esforzándome puedo ver en ella a la perra estresada que me describieron antes de conocerla, pero las perras no fueron las únicas que sufrieron heridas mentales: los humanos de la familia también sufrieron con aquella pelea; Se instaló un miedo atroz a que cualquiera de ellos pudiera lastimar a otro, un temor que, aunque el cambio de actitud era evidente, no lograban hacer desaparecer de sus mentes.Todos aquellos que amamos a nuestros compañeros no humanos sabemos lo dramático que es verlos en una pelea, y como nos marca semejante experiencia.

Actualmente Sofy no está viviendo con su familia, vive en la casa de unos familiares, pero con muy pocas horas de compañía. Está bien cuidada y atendida, pero estar tantas horas solas no la ayuda, sino que es un acelerante del nerviosismo. No convive con ellos porque durante el tiempo que lo ha hecho, los malos recuerdos estaban en sus mentes cada minuto, el miedo a que todo vuelva a suceder era algo constante, y ese clima de miedo suponía un estrés permanente, y Sofy no gestiona bien el estrés. Se le controlaba en exceso, se preocuban no por las cosas sucedidas, sino por las que imaginaban que iban a suceder.  Esto quiere decir que, generalmente, el miedo a que un incidente vuelva a suceder aumenta las posibilidades de que vuelva a suceder. Pero no convivir con ellos, con su familia, tampoco es justo para Sofy, que necesita sentirse acompañada como cualquier otro perro. Por eso María ha tomado la decisión mas difícil emocionalmente y es buscarle una nueva familia que la adopte y le de la vida que María no puede darle actualmente por causas de fuerza mayor.

Como veis el caso de Sofy es complicado y delicado. Tiene un problema de mala gestión del nerviosismo y la excitación que puede darle problemas si su nueva familia no aprende a ayudarle a gestionarlo; Ademas tiene en su historial una agresión aunque, si estoy en lo cierto y mi criterio profesional no está equivocado, no volverá a suceder mientras Sofy no sufra niveles de estrés y presión superiores a lo que puede gestionar. En manos de personas tranquilas y pacientes continuará mejorando como ha estado haciendo los últimos meses.

Por todo esto Sofy no solo está buscando una simple nueva familia: está buscando una familia que la conozca y la acepte, una familia que la cuide y la ayude. Sofy y María están buscando una familia adoptante, pero no una familia que sólo quiera adoptar a un perro, necesitan a una familia que quiera ayudar a un perro necesitado.

El teléfono de contacto es 628 76 88 30

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

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