Tu perro se orina en casa. ¿Te castiga? ¡Nada de eso!

Hay diversos motivos que conducen a este resultado, pero desde luego no es ninguna forma de castigarnos, sino que responden a causas más sencillas, y a menudo la solución también lo es. ¿Queréis conocerlas?

Momentos clave para el pipí

Para poder educar correctamente a nuestro perro en sus hábitos higiénicos, antes debemos ser conscientes nosotros de cuales son las situaciones más frecuentes en la que nuestro perro va a sentir una mayor necesidad de hacer pis o caca. La capacidad de autocontrol no será la misma en perros cachorros que en adultos, ni en machos que en hembras, salvando algunos casos especiales. Este listado muestra las principales causas por las cuales tu perro se orina en casa.

  • En cachorros
    • A los pocos minutos de despertarse, tras cada sueño. Entre cuatro y ocho minutos después de levantarse, abandonar su zona de descanso y desperezarse le vendrán ganas de evacuar. Cuanto más cachorro sea el perro, mayor número de siestas hará diariamente, y por tanto mayor número de orinas tras las mismas. Conforme cumple meses, las siestas son menos numerosas pero más largas, produciéndose un mayor intervalo de tiempo entre pis y pis.
    • A los pocos minutos de comer o beber. Tras ingerir alimento o agua, su cerebro da la orden al cuerpo de evacuar y dejar espacio en el aparato digestivo para los nutrientes recién llegados. Conforme el animal crece, esta conducta estará más regulada, aunque siempre tendrá una tendencia natural de evacuar tras haber comido o bebido.
    • Tras cada juego intenso. La actividad enérgica genera un incremento de la excitación, y cuando tras ésta llega la inactividad, con ella aparece la relajación muscular, y junto a ella, la relajación de esfínter y vejiga, propiciando el orinar o defecar.
    • Unos minutos  después de la aparición de alguna figura que le haya causado emotividad (alegría / miedo / enfado). Es el mismo principio que el punto anterior: la excitación. Cuando una presencia extraña le cause algún impacto (ha jugado con él animadamente, ha estado un buen rato tocándole u observándole de cerca, o simplemente le habla con un timbre de voz nervioso), en cuanto tenga la posibilidad de alejarse o pase un poco de tiempo y asuma finalmente la presencia, se relajará,y con la relación… pis o caca.
    • Tras cada regañina o castigo. La gravedad de nuestro timbre de voz, la energía de nuestros movimientos, la intensidad de nuestra mirada, son cosas que asustarán al cachorro. Más aún si le causamos dolor o molestias. El resultado es que es muy probable que se orine por miedo.
    • Si ha sido retirado del cuidado de su madre u otra hembra que ejerza como tal antes del mes y medio de vida. Como explicaremos un poco más abajo, si el perro ha vivido estas circunstancias, se habrá perdido la fase en la que la madre le enseña hábitos higiénicos, y continuará comportándose como ha hecho siempre.
    • Y en definitiva, como los bebés humanos, cada tres o cuatro horas, durante los primeros tres o cuatro meses. Un cachorro no deja de ser un bebé, pero de otra especie. Sus ciclos vitales, aunque no sean iguales a los nuestros, si requieren dormir, comer y evacuar cada poco tiempo. Por ello tendremos que habilitarle algún lugar para hacerlo, o sacarle a la calle (si ya puede, claro) con mas frecuencia que de joven o adulto. Tratar de que la naturaleza cambie súbitamente porque a los humanos no nos resulta cómodo tener que limpiar con tanta frecuencia no suele dar buen resultado.
  • Perros adultos
    • Las primeras semanas tras una adopción. Hemos de tener en consideración que las condiciones en las que ha vivido hasta llegar a tu casa han sido completamente diferentes, quizá no tenga ni rutinas concretas de paseo (es frecuente en perros que vienen de protectoras y albergues, en los que cada día salen a una hora, dependiendo del clima y del número de voluntarios) y que esté habituado a hacerlo en donde le sea posible. Dadle tiempo, numerosas salidas hasta conocer su ciclo digestivo y premiad cada pipí en la calle.
    • Como marcaje sexual. Es muy frecuente que perros adultos (principalmente machos, aunque algunas hembras también lo hacen) y que hasta la fecha han dado muestras de saber donde evacuar comiencen a orinar en los suelos, puertas, sofás y camas de casa. Esto no responde a un mal comportamiento, una forma de castigarnos ni que se haya vuelto loco. Tan sólo está siguiendo su instinto, marcando su territorio para atraer al sexo opuesto y advertir a los competidores de su sexo. Esto sucede con perros no esterilizados. Para evitarlo (y por muchas razones de salud más) recomendamos la esterilización tanto de los machos como de las hembras una vez haya terminado su ciclo de crecimiento.
    • Si hay olor de excrementos de otros animales. Puede ser de otros perros, pero también sucede con excrementos de otras especies de animales. El olor de sus heces y orina puede hacer que el perro siga el ejemplo y haga sus necesidades en los mismos lugares. Para evitarlo, limpiemos con frecuencia la bandeja, jaula o lugar donde los otros animales hacen sus cosas, para que el olor no sea demasiado penetrante.
    • Si limpiamos los suelos con amoniaco o lejía. Ambos productos promueven que nuestro perro orine encima. La lejía les irrita y les hace orinar, y el amoniaco está presente en la urea, de modo que el perro creerá que otro perro ha marcado por toda la casa, y lo normal es que él orine encima para marcar con su propio olor.
    • Si las salidas a la calle son muy escasas o el tiempo de las mismas es muy corto. En el primer supuesto es posible que el perro no pueda aguantar tantas horas sin orinar, entre salida y salida. Deberíais encontrar el modo de lograr hacer una salida más, entremedias. En el segundo supuesto, en el que les sacamos pero muy pocos minutos, es probable que el animal se haya percatado que cada vez que hace su pis y su caca nos damos la vuelta y regresamos a casa. Y es probable que él quiera jugar más, pasear más, explorar más. No hace sus cosas en la calle para impedir que regreséis antes de lo que considera necesario. ¿Cómo arreglarlo? Lo primero, satisfaciendo su necesidad, alargando el tiempo de paseo y de juego. Provocar que se pegue alguna carrera ayudará a estimularle las ganas de orinar. Y sobre todo, cuando orine, permaneced al menos cinco o seis minutos más paseando, para que el pipí y la caca caiga en el olvido y no relacione ese hecho con el de finalizar el paseo.
    • Tras un gran susto. Fruto del propio miedo. No le riñáis ni castiguéis, no es algo que haga a voluntad, sino como reflejo de su temor.
    • Si sufre ansiedad por separación. Uno de los síntomas más comunes en los trastornos de ansiedad por separación es el de orinarse y/o defecarse en el suelo de casa. Como en el punto anterior, no hay que castigarle, pues esos excrementos son el resultado del único modo que el pobre animal encuentra de aliviar, aunque sea un instante, su pánico a la soledad. Os recomiendo pedir ayuda a un educador canino profesional para esta tarea. Si residís en las provincias de Alicante, Cádiz, Castellón, Granada, Huelva, Sevilla o Zaragoza, nosotros mismos podremos ayudaros. Contáctanos enviándonos un mail.
    • Si está enfermo. Sentir cualquier malestar puede debilitar tanto los riñones como el sistema inmune, provocando pérdida del control de la vejiga o el esfínter.
    • Si sufre estrés por alguna causa podría desarrollar este hábito. Una mala gestión de las situaciones estresantes aumentará el nerviosismo del perro, que puede sentir necesidades fuera de las horas rutinarias.

La capacidad de autocontrol no será la misma en perros cachorros que en adultos

Cachorros

Es el caso más frecuente y también el más comprensible. Para comprender los por qué debemos conocer mejor cómo evoluciona un perro desde que nace hasta que llega a nuestro hogar. Solo comprendiéndole podremos ayudarle.

Nacimiento: la indefensión absoluta.

¿Alguna vez habéis asistido a un parto o visto a un cachorro de pocas horas de vida? Los perros nacen ciegos y sordos, aislados sensorialmente de lo que les rodea excepto por el olfato y el tacto. Saben que su madre está próxima porque sienten su calor y se aprenden su olor. Debido a su ceguera y sordera temporal, permanecen en la paridera junto a su madre sin alejarse apenas unos centímetros.

Durante este periodo, la madre se deshace de las cacas y los pises de los cachorros ingeriéndolos ella misma. Hace esto porque sus cachorros son tan frágiles que no se puede permitir el lujo de alejarse de ellos para llevar a uno a orinar apartado, pero no puede dejar que el olor de los excrementos atraiga la atención de otros animales y les conduzca directamente a la paridera donde descansan sus cachorritos. En este periodo, la madre humedece con su saliva los órganos excretores de los cachorros para estimular a que orinen y defequen.

La aparición de los sentidos de la vista y el oído.

La aparición de percepción visual ocurre entre el décimo y el decimocuarto día tras el nacimiento (cada perro lo vive cuando su organismo se ve preparado). Los párpados se van abriendo poco a poco, y los perritos comienzan a ver manchas nubladas, que con el paso de los días van cobrando mayor nitidez. Entre los días dieciocho y veinte cobran el sentido del oído, al abrirse por completo sus conductos auditivos, y es a partir de ese momento que los cachorros comienzan a explorar más abiertamente su entorno.

Como ya son algo más independientes, la madre comienza a llevarse a los cachorros uno a uno y a estimularles para que evacuen, ahora ya lejos de la paridera o lugar de descanso de los cachorros. Comienza a darles cierta educación higiénica, aunque sigue eliminando cualquier excremento que se produzca en el entorno cercano de la paridera.

Es a partir de este periodo que los cachorros aprenden a realizar sus necesidades alejados de las zonas de descanso, donde se alimentan o beben. Su madre los enseña a alejarse para evacuar, para evitar que el olor de excrementos atraigan a otros animales hacia la zona donde descansan los cachorros. Éstos comienzan a imitarla e intentan no orinar ni defecar en las proximidades de su cama, de su bebedero o su comedero.

La llegada a la casa

Imaginad por un momento que sois un niño pequeño criado en un ambiente, pongamos que una cabaña junto a una playa o un campo, rodeado por tu madre y tus hermanos. Y que de pronto te meten en un vehículo y te llevan a un lugar tomado al asalto por los olores y sonidos, a cada cual mas nuevo y extraño. Te liberan en un entorno de suelos artificiales, en los que hay unas criaturas enormes, excitadas por tu llegada y que no saben comunicarse bien contigo. Imagina que pasan las horas y no parece que vayas a regresar a la seguridad de lo que conoces, sino que parece que vas a tener que acostumbrarte a todas esas cosas nuevas… ¿No estarías nervioso? ¿Asustado incluso?

Los cachorros pueden alternar momentos alegres con otros de miedo en muy pocos segundos. Y toda esa tensión, la emotividad, la incertidumbre, la falta de comprensión, provoca que aumenten las ganas de orinar y defecar. ¿Por qué? Porque ambas acciones relajan, y el cachorro se trata de relajar en multitud de ocasiones. Si lo sumamos a su falta de control sobre los esfínteres y la vejiga, tenemos la respuesta a por qué tanto pis.

Además, en la mayoría de los casos, los cachorros de perro aún no tienen puestas todas las vacunas, por lo que no deben salir a la calle hasta estar lo suficientemente inmuno protegidos. ¿Qué significa esto? Que durante semanas o incluso meses, la casa es el único lugar que va a conocer el perro, y en ese espacio tendrá que llevar a cabo todas sus funciones básicas: descansar, comer, jugar y también evacuar. Durante esta época, el perro hace sus necesidades en casa porque no hay otro lugar seguro donde hacerlas.

Los cachorros de tiendas o enjaulados

¿Recordáis que hace unas líneas os decía que había una fase en la que los cachorros, imitando a la madre, se alejaba de su lugar de descanso y alimentación para hacer caca y pis? Pues imaginad ahora que durante esa fase os encierran en una vitrina, corralito o jaula durante seis, ocho o incluso mas horas diarias. Eso es lo que viven esos cachorros que son expuestos en tiendas de animales, los que acaban en protectoras o perreras o los que aunque sean adoptados se les confina a vivir en un baño o galería.

Al no disponer del espacio suficiente, los animales se ven abocados a realizar sus necesidades muy cerca de su cama, su comedero o su agua y pueden llegar a establecer esa conducta como la habitual, continuándola una vez adoptados y llevados a su hogar definitivo.

Tenemos que ser conscientes de que tanto los cachorros que han estado en tiendas como los adultos que llevan tiempo en protectoras tendrán el hábito adquirido de evacuar donde les apetezca, les costará más esperar a las salidas. No es que sean malos ni tontos, sino que es a lo que están acostumbrados por necesidad. Tendréis que ser mas constantes, más previsores y más pacientes que con otros animales, pero lo lograréis igualmente.

Perros miedosos

Los perros más inseguros (entre los que podemos contar a los cachorros en sus primeros días de salida a la calle) pueden percibir la calle como un lugar inhóspito, lleno de riesgos y peligros, de olores desconocidos, de sonidos atronadores y de presencias terroríficas. Si a vuestro perro le da miedo algún aspecto de la calle (algún ruido, la presencia de perros o automóviles, si se ha criado en el campo y no está habituado a la ciudad, etc.) es muy probable que no se atreva a exponerse tan vulnerable y bajar la guardia para hacer sus cosas.

Es muy factible que aguarde a la seguridad del hogar, en el que todos esos elementos que le preocupan no están, para aliviarse. ¿Cómo solucionar esto? Pues tratando la raíz del problema, su inseguridad, y no los efectos colaterales. Os recomiendo pedir ayuda a un educador canino profesional para esta tarea. Si residís en las provincias de Alicante, Cádiz, Castellón, Granada, Huelva, Sevilla o Zaragoza, nosotros mismos podremos ayudaros. Contáctanos enviándonos un mail.

Terrazas y jardines

Muchos propietarios de perros que suelen vivir en estos espacios nos consultan preocupados que por qué sus perros no dejan de orinar en la terraza o el jardín, cuando salen varias veces al día a pasear. La respuesta es muy fácil, y es que los olores y sonidos que les llegan son los mismos que los de la calle.

Para los perros, los jardines, la galería o la terraza son meras extensiones de la calle, y basta que les llegue el aroma de la orina reciente de otro perro para provocar su respuesta por marcaje. Si no queremos que orine allí tendremos que dejarles vivir en el interior de la vivienda (que por otro lado es nuestra recomendación en todos los casos).

Machos y hembras

Hay un par de diferencias entre machos y hembras que debemos tener en cuenta a la hora de entender el por qué nuestro perro aún no ha dejado de orinar dentro de casa.

La primera es que los cachorros macho ejercitan más y con antelación, respecto a las hembras, el control de vejiga, ya que desde los pocos meses de vida (desde los cuatro meses en adelante, dependerá del individuo) comienzan a imitar a los machos adultos, cuyas marcas de orina perciben en cada calle y en cada parque. De esta manera, aprenden a “guardar” un poco de orina para marcar donde consideren, y esto hace que ejerciten un mayor control de su orina. Las hembras, al no participar de ese ritual territorial, tardan varios meses más en practicar el control urinario.

La otra diferencia es que las hembras, al ser muy pocas de ellas las que marcan su territorio con orina, son menos proclives a darnos problemas de orina una vez alcanzada la madurez.

¿Cómo enseñarles a no orinar o defecar en casa?

Ante todo hemos de deciros que no hay dos perros que respondan igual ante una misma situación, y lo que con un perro pueda llevar unas horas, con otro puede ser cuestión de semanas, dependiendo de muchos factores.

¿Hay que castigarles?

Rotúndamente no. No debemos castigar si el perro se orina en casa, sino trazar un plan para reconducirle gradualmente hacia la calle. Para el perro no hay nada de malo en hacer pipí o caca. Es una necesidad natural y básica. No hay nada que plantearse, el cuerpo se lo pide y él lo hace.

Los perros retienen los datos de las cosas que le ocurren en su memoria durante tan solo un par de minutos o tres. Es más, desde que sucede un hecho, conforme pasan los segundos se van disipando las posibilidades de que asocie correctamente el hecho con sus consecuencias, por lo que castigar resulta totalmente inútil salvo que le pilléis in fraganti.

En contraposición, premiarle tarde por algo bien hecho tampoco ayuda a establecer una correcta asociación de ideas, pero al menos, al contrario que el castigo, no estropea ni el carácter del perro ni la relación con su guía. La memoria de los perros funciona de una manera determinada, y no podréis cambiar la naturaleza por mucho que os moleste.

Si le reñís, castigáis o pegáis por hacer sus necesidades le estaréis confundiendo mucho, porque no encuentra la “maldad” en ello. Es más, la frustración que vuestra reacción le genere puede dar como resultado problemas mucho mas graves, como:

  • Mayor frecuencia de la orina: Si sometemos a un perro a castigos, riñas o azotes (aunque sean “flojitos” como alegan muchos propietarios) aumentamos el nivel de estrés del perro, y por tanto el de sus nervios. Esto se traduce en una orina más frecuente, alejándose de las pautas horarios a las que le tratamos de habituar. Es decir, aumentamos nuestro problema.
  • Coprofagia: El perro aprende que hacer pis o caca le conlleva graves represalias cuando los humanos están presentes e intenta eliminar los rastros de sus excrementos. Esta conducta no es dañina a nivel fisiológico, pero sí que muestra una gran falla en su confianza hacia nosotros. Y él no ha sido el culpable de originarla.
  • Evacuar a escondidas: Al igual que en la consecuencia anterior, en este caso también existe una percepción de que no os gusta que orine o haga caca. En este caso lo intenta hacer fuera de la vista, en lugares más inaccesibles, como debajo de las camas, tras las cortinas o puertas, incluso dentro de armarios o cajas. Además de la importancia que tiene el que nuestro perro nos tema tanto que tenga que hacer lo natural a escondidas, está el hecho de que nos costará más localizar y limpiar los excrementos.
  • Debilitamiento del vínculo afectivo: Los castigos y riñas frecuentes hacen que aumente la sensación de incomprensión del perro, baje su propia autoestima, su valentía y, sobre todo, el vínculo existente entre el animal y su humano. Esto puede conllevar varias consecuencias a su vez: menor dependencia, menor obediencia, una peor tolerancia a los cambios sociales, e incluso la aparición de conductas agresivas.

¿Cómo le enseñamos si el perro se orina en casa?

  • Sin olores que le inciten. Lo primero es limpiar todo rastro de olor de orina en la casa, tanto suya como de otros animales. Las partículas olorosas de la orina pueden permanecer en casa durante meses, depositadas en las juntas de los azulejos, las grietas de la madera o la propia pintura de las paredes. Aunque nosotros no lo podamos oler, ellos sí lo hacen, y ese aroma les sirve de foco, atrayéndoles a continuar orinando allí. Para eliminarlo suelo recomendar realizar una limpieza en profundidad usando un cubo con agua muy caliente, el zumo de dos o tres limones y un chorro de vinagre de manzana o vino. Con eso se friega y limpia todas las superficies, eliminando gran cantidad de los olores, y una vez se seque se friega de nuevo, ahora con un limpiador jabonoso.
  • Prever sus necesidades. Conociendo los momentos clave en los que un perro se siente inclinado a evacuar podremos anticipar su necesidad y estar preparados para sacarle a la calle antes de que orine en la casa.
  • Un paseo agradable. Lo primero es ofrecerle las mejores experiencias de paseo posibles, no limitarnos a deambular por la calle de nuestro edificio a la espera de que haga su pis o su caquita. El paseo debe tener juego, exploración, ejercicio y encuentros con otros perros. Si el paseo es gratificante, el perro se sentirá inducido a evacuar tras el juego.
  • Premiad cada avance. Cualquier amago de orinar o defecar en la calle debería ser recompensado con trocitos de comida que le guste. Sed originales, se trata de premios, no os limitéis a darle una bolita del pienso que come siempre. Se trata de remarcar de forma llamativa la acción que queremos premiar, y un trozo de queso, salchicha, un snack para perros o incluso trocitos de manzana será mucho más apreciado. Tendréis que premiarle con cada evacuación durante los primeros meses, para cimentar y reforzar el hacerlo en el lugar elegido, hasta que el perro lo mecanice y ya no tenga la tentativa de hacerlo en el hogar.

¿Qué no debemos hacer nunca?

  • Darles con un periódico. Lograréis que vea un objeto cotidiano, como los periodicos, las revistas o los papeles, como una herramienta para castigarles, negativizándolos. Es factible que en el futuro, si ve a alguien mover un periódico hacia él, responda de forma agresiva tratando de protegerse de un ataque. Habremos creado un grave problema.
  • Frotarles el morro contra los pises o las cacas. Esto es la creencia más común y también la insensatez más grande del mundo. Solo sirve para lastimar y traumatizar al animal. No comprenderá nada, tan solo que ha de mantenerse alejado de nosotros. ¿Qué hacer pis está mal? Pero si no puede evitarlo…
  • Encerrarles durante una hora. Para que aprendan, se suele decir. Pues no. No aprenden. Porque no pueden, su capacidad de memoria se lo impide. Les estaréis castigando sin sacar nada en claro, y la angustia y el estrés que el propio castigo genere pueden traer consigo otros problemas de conducta a posteriori. Las técnicas modernas de adiestramiento descartan cualquier aislamiento que supere los dos minutos de duración, por carecer por completo de utilidad.
  • Gritarles y perseguirles. Aunque puede que os sintáis “satisfechos” de lo atemorizado que pueda parecer el perro, no habréis logrado nada más que eso, asustarle de vosotros. Aumentará sus nervios, generará otros problemas de conducta y la orina no desaparecerá de la casa.
  • Meterle prisa. Presionar al perro para que haga el pis en la calle cuanto antes reducirá las probabilidades de que lo haga, pues le desconcentraremos y atraeremos la atención hacia nosotros.

¿Y si le enseñamos a hacer sus necesidades en un periódico?

Este es una de las medidas que la mayoría de los propietarios de cachorro nos vemos obligados a adoptar, porque al no poder salir a la calle hasta estar vacunados, les preparamos un lugar “propicio” para hacer caca y pis. Pero… ¡Cuidado con aclimatarnos a eso! Puede parecer bastante cómodo (para nosotros los humanos) pero podemos caer en la tentación de “ahorrarnos” paseos, porque, total… “puede hacerlo en el papelito”. Para el perro, cada paseo es como una mezcla de una jornada de trabajo y unas minivacaciones. Su aprendizaje se desarrolla principalmente en la calle, y cada paseo que nos ahorremos supondrá escatimarle una muy valiosa lección.

Por otro lado, debemos pensar a largo plazo. Quizá ahora no nos importe estar cambiando papeles mojados del suelo, pero… ¿Tengo planificado cambiar de vivienda? ¿Y podré mantener allí esta dinámica? Porque lo que para nosotros es un problema tan nimio como el de no ponerle el periodico, para un  perro que ha crecido orinando siempre en periódico supondría algo similar a ir a vivir a un hogar sin aseos. Incómodo, cuando menos. Si no vamos a utilizar los periódicos durante la vida adulta del perro deberemos encargarnos de educarle a hacer en la calle tan pronto pueda comenzar a salir, para que lo aprenda cuanto antes y no le cueste tanto abandonar el hábito del periódico.

¿Cómo habituarle al periódico?

Como os hemos dicho, los perros actúan guiados principalmente por el olfato, y por lo tanto tendremos que emplear los olores para atraerles. Comercializan productos atrayentes de micciones, aunque nos debería bastar el empapar una esquina del periódico con un pis anterior, colocarlo en el suelo y acercar al cachorro al papel. No hace falta que lo mantengáis ni que le digáis nada. El olor hará el resto.

Empapadores, la alternativa a los periódicos

Efectivamente, las hay y son más higiénicas que el papel de diario de toda la vida. Por ejemplo, los empapadores para perros. Es el mismo material que los pañales de bebe o los cubrecamas de los hospitales. Son unos cuadrados de celulosa muy absorventes, con una de sus caras cubiertas por un plástico

Parterres de césped, lo último

Sí, habéis leído bien. Actualmente puedes suscribirte a planes para recibir en tu propia casa unas bandejas con césped que, en teoría, capturan la atención de los perretes, que sienten la inclinación de hacer sus necesidades en ellas. Las firmas que lo comercializan te preguntan si quieres recibir una bandeja cada quince días, un pack mensual o todas las necesarias para dos meses. Recomendamos que estas bandejas se usen como refuerzo o solución para días tormentosos, en los que estemos enfermos u otras causas de fuerza mayor, no para sustituir los paseos por la calle, tan necesarios para su estimulación y desarrollo mental.

 

Recomendaciones:

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

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