¿El tuyo es un perro que tira de la correa?

Muchos propietarios nos preguntan cómo pueden lograr que sus perros no tiren de la correa durante el paseo. Esto es lo que les explicamos.

Si tu perro tira de la correa no te desesperes. Vamos daros una serie de pautas y recomendaciones de utensilios cómodos y seguros para solucionarlo.

Antes de nada, debemos de advertir que no todo perro tira de la correa por los mismos motivos. Por tanto, no todos dejan de hacerlo con la misma velocidad y facilidad. No es lo mismo el perro que tira de la correa porque tiene miedo o se siente enojado ante algo que ve, que el que lo hace porque está anticipando que llega a un lugar de juego en el que disfruta o el que lo hace porque está olfateando un rastro que lo tiene abstraido, así que su obstinación e insistencia tampoco será en absoluto la misma.

¿Qué significa tirar de la correa?

Con frecuencia vemos por la calle a personas arrastradas literalmente por su perro, con poca capacidad por parte del humano para tomar decisiones si fuera necesario. Ese no es un paseo ni cómodo ni seguro para ninguno de los dos participantes. Esta es la que para mí es la definición exacta de tirar o jalar de la correa.

Sin embargo, hay propietarios terriblemente exigentes que esperan que sus peludos compañeros caminen siempre junto a su pierna, ignorando cuanto le rodea sólo porque al humano le gusta que sea así. Bueno, la realidad es que el perro es un ser inteligente, social y terriblemente curioso, y aprovecha los paseos para dar rienda suelta tanto a sus necesidades fisiológicas (orinar, defecar, estirar los músculos), pero también las mentales (olfatear, relacionarse, descubrir y entender el mundo que le rodea, realizar las cosas propias de un perro, etc).

Y aunque a todos nos gustaría poder planificar la vida de nuestro perro para que sea segura para él al tiempo que se ajusta a nuestras propias circunstancias de tiempo, espacio, ánimo o gustos, la verdad es que ésto no es posible. El perro desarrollará gusto por actividades que no comprenderemos y rechazará algunas de las cosas que le propongamos, porque tiene su propia vida interior, su propia esencia.

Incluso los perros que son adiestrados para actividades deportivas caninas no pueden mantener esa posición mucho más allá de unos cuantos minutos. Y eso que es su principal actividad y de los que se espera que realicen ejercicios de paseo en posición de “junto” perfectos.

Mucho más dificil será para nuestros perros domésticos, con los que no ponemos en práctica tal actividad. El grado de concentración requerido es muy alto, demasiado como para mantenerlo mucho tiempo.

De modo que la idea de dar un paseo de unos cuarenta minutos en el que el perro no se despege ni un instante de nuestra pierna es simplemente una utopía. Incluso cruel, porque no deberíamos aspirar a que nuestro “mejor amigo” vaya por el mundo como un autómata, alienado del entorno que le rodea y malgastando su tiempo de vida (que al igual que el nuestro, nunca recuperará) en no experimentar sensaciones y vivencias. Deberíamos aspirar tan solo a lograr un paseo en el que ninguno de los dos lastima al otro, en el que ambos se relajen y disfruten plenamente de lo que el entorno les ofrezca.

¿Cómo debería ser un paseo con nuestro perro?

El animal ha de sentirse igual de cómodo que nosotros, y eso suele estar relacionado de forma muy directa con el disponer de cierta distancia de separación con respecto a quien le lleva. Este hecho se ve mucho más acentuado en perros de tamaño grande, que necesitan una zona de confort algo mayor. ¿Qué significa ésto? Que es probable que el animal necesite entre 45 centímetros y metro y medio de distancia de nosotros. Esto no significa que no nos importe si el perro tira de la correa.

Con esto no quiero decir que el perro ha de ir por libre siempre que quiera, sin control, tan solo deseo transmitiros que el paseo del perro ha de ser agradable y beneficioso, principalmente, para el propio perro, porque para eso lo hacemos, se trata de SU paseo. Para lograr que se desarrolle adecuadamente, que sacie sus necesidades e instintos a través del juego y el deporte, y luego, una vez liberado del exceso de energía y estrés, se desenvuelva con normalidad en el resto de los aspectos cotidianos de vuestras vidas en común.

Del mismo modo, para los perros, pasear es sinónimo de olfatear. Ellos descubren y registran el mundo que les rodea a través del olfato, mientras que nosotros lo hacemos a través de la vista. Los humanos observamos una flor, ellos la olfatean. Nosotros leemos un cartel, ellos olfatean un rastro. Mientras que nosotros nos aprendemos una ruta por la distribución de las calles y los comercios de las mismas, ellos lo hacen a través de la secuencia de aromas

Salimos de casa, huele a mi orina. Sigo hasta el semáforo de la esquina, que huele a mí. Continua por el camino hasta llegar al olor a tierra del jardín de aquella casa. Continúo hasta el solar donde huele a gato. Y cuatro contenedores de basura más allá, el ansiado parque…”. Creo que así es como los perros se mueven por el mundo.

Por ello es tan importante que puedan olfatear y que les dejemos hacerlo. De lo contrario les estaremos pidiendo que sea vuelvan “ciegos” por nuestro propio capricho. Esto no nos aporta beneficio alguno. Está comprobado que un perro que usa más el olfato tiende a ser mucho más equilibrado emocionalmente. No importa que a nosotros nos de la sensación de que sufre de una enorme falta de concentración. Nada más lejos de la realidad. Se concentra y mucho, pero en lo que para un perro es verdaderamente importante. ¿No nos gusta eso? No tengamos perro.

Y sí, todo perro necesita, aprecia y valora el pasear. Incluso aquellos que sufren miedos, muestran conductas agresivas o que no tienen hábito de salir a pasear. El paseo será uno de los aspectos esenciales para su recuperación, aunque en esos casos tendremos que ser mucho más cuidadosos y selectivos a la hora de elegir zonas, horarios y actividades.

También aquellos animales que disfrutan de terreno o jardín deben salir a pasear, aunque no sea preciso hacerlo varias veces como con los perros que viven en pisos o casas, sino una vez al día. En ocasiones nos hemos topado con perros que daban muestras de no querer pasear, que se negaban a salir al exterior o que una vez allí se sentaban o tumbaban en vez de caminar. La explicación para estos comportamientos debemos buscarla siempre algo más allá que el simple razonamiento del “no le gusta” o “es que es muy cabezota”.

Estas actitudes responden a problemas más preocupantes que el mero hecho de ser vago. Y creedme, convivo con un Bulldog Inglés, sé lo que es un perro vago… Podemos estar ante el caso de un perro con miedo a algún estímulo frecuente del exterior (al tráfico, el sonido de las persianas de los comercios, los gritos y risas de los niños en el patio de un colegio, un olor desagradable para él que proviene de algún taller o fábrica cercana, etc), o simplemente ante un perro que ha negativizado el paseo con correa (se forcejea mucho con ella, nunca se le permite detenerse a inspeccionar algo, se le ha regañado fuertemente con cierta frecuencia por tirar, etc). En todos estos casos deberíamos localizar la fuente del problema y trabajar el reducir su impacto sobre nuestro perrito. Aunque detectarlo no siempre sea fácil ni rápido.

¿Por qué el perro tira de la correa?

Pues por desgracia debo deciros que en la inmensa mayoría de las veces es culpa de los propietarios. Les hemos enseñado de forma inconsciente a ello. Como la mayoría de los errores en cuanto a educación canina, sucede por desconocimiento de nuestras actitudes. Pondré algunos ejemplos y que levante la mano quien se reconozca en alguna de estas situaciones en el pasado.

Cuando era cachorro, como por falta de las pertinentes vacunas no se le podía sacar a pasear, no experimentó el estar sujeto hasta casi los cuatro o cinco meses. Esto es muy frecuente, y causa que para cuando el animal se siente cohibido por vez primera ya es algo más fuerte, despierto e independiente, y se opone a tal inhibición de su libre albedrío y toma de iniciativas. Además, suele coincidir con sus primeras salidas a la calle, un mundo que al principio es enorme, aterrador y lleno de peligros a sus ojos.

Y justo cuando es expuesto a tantas amenazas nuevas es cuando ve su libertad de movimientos más cohibida. ¿Os ponéis en sus cabecitas? Mayor número de peligros y menor abanico de posibles respuestas. ¿Resultado? Tirones a un lado y al otro, para liberarse de lo que le cohíbe y debilita tanto.

Muchas veces, cuando vamos paseando en compañía a nuestro perro, con la pareja, familiares o amigos, nos abstraemos del perro y estamos tirando de la correa sin darnos cuenta. Aceleramos o deceleramos el ritmo súbitamente, nos paramos a ver escaparates o consultar el móvil, y en todas estas situaciones hacemos lo mismo: ser nosotros quienes tiran de la correa al perro. ¿Y luego nos extraña y molesta que él haga lo mismo? Hemos de aprender a no tirar de ellos desde el primer paseo, para que ellos no aprendan a tirar de nosotros.

Siempre hay quien responde aquello de “el perro ha de estar pendiente de lo que hace su amo”. Bueno, ¿de verdad? ¿Estamos seguros de que el perro sabe que es posesión nuestra? ¿Conoce semejante concepto? ¿Y más aún un cachorro o un perro adolescente? Incluso viviendo en manada, dentro de sus propios grupos jerárquicos, con estrictas normas, ningún miembro de la manada posee a nadie.

Ningún perro alfa impide que otro pueda moverse para alejarse de un riesgo o acercarse a algo que le inspira curiosidad. Y menos de forma continua y totalitaria. Son conceptos y actitudes que los perros no conciben, y aunque les hagamos vivir 20 años con nosotros, nunca llegarán a entender.

En su fuero interno, al igual que nosotros, todo perro se siente un individuo único y libre en esencia. Tan solo aprenden a vivir con el cautiverio al que les sometemos. Y por desgracia y para su protección, si queremos convivir con perros en las sociedades urbanas del siglo XXI, tenemos el deber y la obligación de llevarlos sujetos con correa y limitar mucho su propia voluntad, pero deberíamos esforzarnos por, en la medida de lo posible, ayudarles a sobrellevar estas limitaciones del modo mas cómodo y respetuoso posible, no sumarnos a ese montón de circunstancias incomprensibles para la mente de un perro.

Vamos a salir a pasear, y ya desde casa le decimos al perrete “!¿Vamos a la calle?! ¿Quieres ir al parque?”. A mucha gente le encanta ver cómo se emociona. Luego nos sorprende comprobar que se vuelve medio loco. Se nos sube encima, da vueltas, algunos hasta se hacen pis, apenas se deja colocar el arnés o la correa, patea la puerta… Y entonces salimos a la calle y no tenemos un perro sino un mihura desbocado… ¿Sabéis de quien es la culpa? Nuestra, de los humanos.

Y lo grave es que pase el tiempo que pase, comprobemos una y otra vez que el comportamiento es el mismo, seguiremos haciéndolo igual

Hemos de predicar con el ejemplo. Si queremos calma, hemos de ser calmados e instar a la calma… no emocionar y provocar emociones que luego no sabemos gestionar. ¿Hay que ir a la calle? Pues le pongo la correa y me voy. Sin preámbulos, sin avisos, sin emocionarle. Imaginad que a vuestros hijos o sobrinos les enseñáis una entrada a Disneyland Paris y le decís “¿Queréis que vayamos? ¿Queréis? ¿Eh? ¿Queréis?”...

El resultado os lo puedo vaticinar sin ser vidente… Gritos, carreras, saltos, llantos de alegría y una total falta de paciencia a partir de ese mismo instante. Un minuto se les antojará mucho tiempo, y llegarán hasta el coche corriendo y metiéndonos prisa.

Y el camino hasta el parque no será relajado, sino excitado y nervioso. Sí, la motivación, el destino, era algo positivo, pero el proceso, el transcurso hasta alcanzarlo lo habremos excitado tanto que, con gran seguridad, nos veremos obligados a enfadarnos en varias ocasiones para instarles al autocontrol. Pero habremos sido los causantes.

Si a esos mismos niños, sin decirles nada, les pedimos que se pongan los abrigos y nos vamos tranquilos hacia el coche, si realizamos el desplazamiento sin revelar donde vamos, minimizaremos las posibilidades de que se sobreestimulen, y cuando estemos próximos al lugar y descubran nuestro destino, su sorpresa será mayúscula, además de ilusionante. Habremos logrado ejecutar nuestra sorpresa sin habernos tenido que enfadar ni estresar. En esencia es lo mismo con los perros.

No necesitamos revelar nuestra sorpresa. No necesitamos que de muestra de que le ilusiona, sabemos claramente que ir a pasear, salir al parque, le ilusiona. ¿Para qué sobrexcitarle diciéndoselo? Lo único que obtendremos serán grandes dosis de emociones, que se acaban transformando en impaciencia, estrés y más tarde en incomodidad y enfado por nuestra parte. Debemos ponerle la correa en silencio y marcharnos acto seguido. Habrá emotividad, la misma puerta abierta le emocionará, pero ni una cuarta parte que si le animamos.

Y no me vale que digáis “¡Le da igual! Una vez lo hice tal y como dices, y le dio lo mismo, se comportó igual”. Hombre, claro. Si durante tres años te someto a una rutina, por que uno o dos días haga algún cambio en la misma, la propia dinámica adquirida hará que te comportes como tienes costumbre. Pero ay, amigo, si llegas a tener paciencia y mantienes la nueva actitud durante varias semanas seguidas… En apenas ocho o nueve días comenzarás a ver que se altera menos, que poco a poco va calándole esta actitud más calmada. Paciencia, con los perros hay que tener constancia y paciencia.

¿Y qué hago si mi perro tira de la correa?

Si tu perro tira de la correa, el primer consejo es que comencéis a trabajar esto desde cachorro. Acostumbrarle a llevar la correa y a tenerlo sujeto varios minutos diarios, aunque aún le falten varias semanas para poder bajar a la calle. Aprovecha el momento de darle la comida para motivarle a que te siga por el pasillo de casa llevándole sujeto con la correa en una mano y su ración de comida en la otra.

La visión de la comida le hará acompañarte sin querer alejarse de tí, por lo que será una excelente primera experiencia con la correa. Cada tres o cuatro pasos, detente, dale un par de bolitas de su pienso, espera que las trague, ponte de nuevo en marcha, diciéndole de forma animada “ven”, “junto” o “conmigo” y caminando otros dos o tres pasos. Una vez más, si no hay tirones, le dais otras dos o tres bolitas de pienso.

De esta forma estaréis sentando las bases tanto de su respuesta a la correa como del comando “ven” (o el que empleéis). Advertiros que vuestro perro no entiende vuestro idioma, así que tan solo estaremos comenzando a trabajar el que asocie la palabra empleada a un proceso concreto con un resultado concreto.

Al principio no irá porque digáis ven, sino porque vuestro movimiento de alejaros y el cuenco con comida en vuestra mano le atraerá. Serán necesarias muchísimas repeticiones de esta acción para poder decir que el perro tiene claro el significado de la palabra utilizada y de lo que debe hacer para agradarnos y obtener su recompensa.

Pero… ¿Y si aun así es un ansia viva y tira? ¿O si mi perro ya no es cachorro y lleva mucho tiempo tirando de la correa al pasear? No desesperéis, todavía hay posibilidad de cambiar ese hábito. La genial educadora canina Turid Ruugas, en su libro “¿Qué puedo hacer cuando mi perro tira de la correa?” nos lo expone como si de una receta de cocina se tratase, empleando un proceso básico que luego pone en práctica con diferentes variaciones dependiendo de la respuesta del propio perro. Dicha receta requiere de los siguientes…

Ingredientes:

  • Un perro
  • Una persona
  • Un arnés o collar fijo
  • Una correa
  • Premios comestibles (snacks, queso, salchicha, etc)

y el Método, en su versión corta es…

  • Enséñale a atender a una señal, por ejemplo a un chasquido con la lengua. El sonido debe ser poco utilizado en nuestro lenguaje cotidiano, para que no aprenda a atendernos con un sonido o palabra que utilicemos constantemente en nuestras conversaciones cotidianas. A continuación, en un pasillo o habitación sin muchas distracciones, espera a que no te preste atención directa, y entonces haz ese sonido que has elegido. Cada vez que se gire a mirar el origen del mismo, felicítale y dale un premio. Repite esto muchas veces, probando a hacerlo en diferentes lugares, cada vez con más distracciones, hasta que compruebes que cada vez que lo haces obtienes su atención un instante.

 

  • Detente de inmediato en cuanto la correa se tense o esté a punto de tensarse.

 

  • Espera un par de segundos sin moverte ni decir nada

 

  • Haz el sonido o chasquido con la lengua.

 

  • Tan pronto el perro se gire hacia tí, aunque sólo sea un poco, felicítale, camina un par de pasos en cualquier otra dirección, y si te sigue, prémiale con una golosina.

Tendrás que repetir este proceso cada vez que tu perro esté a punto de tirar de la correa o quieras cambiar de dirección.

Es el principio del cambio, claro está. Tendrás que repetirlo muchísimas veces, aumentando muy poco a poco la dificultad. Primeo en lugares sin distracciones y tan solo un par de pasos o tres, y con el paso de los días podréis alargar el número de pasos, las distracciones alrededor y el ritmo de paseo.

Aunque es un proceso sencillo, no es infrecuente el pretender ir demasiado deprisa en su avance para lo que es capaz el perro. Si tenéis dificultades, os aconsejo que solicitéis ayuda a un educador canino profesional. Si vivís en las provincias de Alicante, Badajoz, Cádiz, Castellón, Córdoba, Granada, Huelva, Sevilla o Zaragoza, cualquiera de los miembros de E-dog Educadores Caninos Profesionales podremos echaros una mano.

¿Cual es la mejor correa para el perro que tira de la correa?

Podemos encontrar muchísimo material en el mercado. Tanto que puede resultar un poco complicado decidir cual adquirir si no tenemos el asesoramiento adecuado. Y a veces, los puntos de venta nos confunden un poco más, recomendando correas y accesorios que nos van a dificultar, en lugar de facilitar, el paseo sin tirones.

En cuanto a correas, tenemos que diferenciar entre las fijas y las extensibles.

Correas fijas

Las correas fijas son las que nosotros recomendamos para el paseo propiamente dicho (es decir, para ir desde un punto A, como la casa, a un punto B, que podría ser el parque). ¿Que por qué no consideramos adecuadas las correas extensibles para pasear? Pues porque con las correas extensibles, con su mecanismo de recuperación del cordel, están constantemente tensas, y eso transmite nerviosismo e incomoda al perro.

La longitud de correa que nosotros aconsejamos es de dos o tres metros. Nos permitirán ofrecerle una distancia de separación aconsejable dependiendo del tipo de vía o terreno por el que caminemos.

Hay correas fijas de muchos materiales, siendo las de cuero o las de nylon las más comercializadas. Os aconsejamos que no utilicéis correas de eslabones de cadena, pues pesan mucho (tanto para el perro como para nosotros), golpearse con ella puede ser doloroso, y su manipulado, por culpa del metal de la cadena, es frío, molesto y complicado de controlar.

Las de nylon son mucho más confortables y ligeras, y si lo que os preocupa es que vuestro perro las rompa enseguida, os recomendamos las trenzadas, que son mucho mas resistentes a los mordiscos.

Las correas muy cortas no son aconsejables, pues limitan mucho al perro y la falta de separación hace que los tirones aparezcan constantemente, tanto por culpa del perro como por la nuestra, y es justo lo contrario a lo que recomendamos. No obstante, algunas razas de perros, las injustamente catalogadas como Perros Potencialmente Peligrosos (PPP) son obligadas por ley en algunos municipios y comunidades a ser llevados con correas cortas.

Pero siempre que os sea posible, os recomendamos prescindir de correas muy cortas, porque aunque den sensación de mayor control, la realidad es que tanto humano como perro iréis terriblemente incómodos, y bajo esas circunstancias es muy factible que los encuentros con los perros y personas de la calle sean menos agradables y tranquilos.

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Correas de Adiestramiento

De entre las correas fijas, nosotros destacamos y recomendamos las denominadas correas de Adiestramiento, que no es otra cosa que una correa (las hay de cuero, de gran calidad y precio acorde a ello, pero también las hay más económicas en nylon, que bien nos pueden durar varios años) con un mosquetón para enganchar en cada extremo y varias anillas para sujetar o reducir su longitud a lo largo de la misma. Nos gustan porque son largas, de unos dos metros y medio, al tiempo que se pueden convertir enseguida en correas algo mas cortas, si nos fuera necesario. También podemos emplearlas para correr con comodidad.

Correas extensibles

También conocidas como Flexis. Consisten en una empuñadura de plástico que oculta un mecanismo que permite la extensión y la recuperación automática de una cuerda (en algunos modelos es una cinta) de entre 2 y 8 metros, de modo que evita que se lie. Estas correas, pese a no ser recomendadas para el paseo, son una buena herramienta para permitir al perro gozar de un mayor grado de libertad y movimiento una vez llegado a la zona de juego, si es que en ésta no se nos permite tenerlo suelto sin riesgos o si aún no tenemos control sobre el comando “Ven”. Si este es nuestro caso, deberíamos tener el hábito de llevarla con nosotros y sustituirla por la correa fija una vez llegados al parque. Debería ser parte de nuestra equipación de paseo.

Hay una enorme variedad de modelos, en los que varía la longitud de la cuerda, el peso que son capaces de soportar o el diseño. Hasta hay correas extensibles con linterna para ayudarnos en el paseo por la noche o con dispensador de bolsas para los excrementos. Para gustos, los colores…

 

Otra gran pregunta… ¿Collar o arnés?

Pues dependerá mucho de las condiciones fisiológicas de nuestro mejor amigo peludo. Partimos de la premisa que debemos buscar el máximo equilibrio entre confort y control del animal. Si nuestro perro sufre alguna dolencia articular, dificultades respiratorias o etc, será conveniente el uso de arnés. Para el resto, y dedicando tiempo a habituarle a no tirar, será más adecuado el collar de cuello.

Collares

Es el sistema más extendido, y en conjunción con un adiestramiento de paseo sin tirones, tal y como hemos explicado algo más arriba, puede ser una opción muy económica y sencilla. Hay una gran variedad (de piel, de nylon, de tela, de goma, etc…), pero debemos tener en cuenta algunos aspectos:

  • Ha de ser seguro, es una herramienta de control, el cual necesitamos que sea especialmente efectivo en las situaciones de mayor riesgo (que no se abra o se rompa en caso de pelea, fuga, etc) por lo que debemos asegurarnos de que el material es bueno. Nos gusta recomendar los de cierre de hebilla. Si lo compráis de cierre de clip, buscad los que el clip es de metal. El clip de plástico se deteriora con el tiempo y el clima, y cabe la posibilidad de que se parta en el momento menos propicio.
  • Hemos de colocar el collar ceñido, a su medida, no holgado. Muchas personas prefieren llevar el collar muy abierto, muy flojo, con la idea de que así le lastiman menos, pero es todo lo contrario. Un collar que esté bien ajustado, que cubre todo el cuello y sólo huelga el espacio para meter un dedo con comodidad, en caso de tirones, distribuye toda la tensión a lo largo de toda la superficie del collar. Un collar muy holgado, además de que aumenta preocupantemente las probabilidades de que se le salga con cualquier tirón, concentra toda la tensión del tirón en un único punto, generalmente, la tráquea, lo que puede causar severas lesiones.
  • Evitar collares de ahogo o de cierre variable, cadenas o cuerdas, pues un mal uso puede causar serios daños al perro, quizá irreversibles. El collar de puas, conocido como collar de trabajo, es una herramienta que sólo deben emplear algunos profesionales del adiestramiento titulados, que tengan demostrada experiencia y sean muy sensibles a las consecuencias de un mal uso. No debemos aceptar la “recomendación” del dependiente de la tienda de mascotas del collar de puas como “solución fácil e inmediata” a los tirones durante el paseo, no estará velando por nuestro confort, sino que estará aprovechando nuestra necesidad para cerrar la venta de un artículo de cierto valor En manos inexpertas no solo es dañino, sino que puede generar muchos y muy serios problemas de agresividad o miedos, además de que en ocasiones sigue sin evitar los tirones.

Arneses

Hemos de tener en cuenta una cosa clave, y es que el arnés es un correaje que se ideó para que los perros se sintieran cómodos mientras tiraban de trineos y carros, por lo que, por sí solo, no ayudará a que el perro deje de tirar, si no que incentivará que el animal tire con mayor intensidad, al no sentir tanta molestia corporal. Desde el punto de vista de la salud del perro, los arneses son la mejor opción, pero requerirá que nos tomemos en serio su educación y dediquemos algo de esfuerzo, siguiendo el sistema que hemos explicado un poco más arriba, a enseñarle a no tensar la correa. De lo contrario, en lugar de ayudarnos nos estaremos dificultando el paseo.

 

 Arneses anti-tiro

Pero existe un tipo de arneses que reducen el tirón del perro y al mismo tiempo les confieren una gran comodidad a ellos. Son una muy buena recomendación, si lo que queremos es utilizar una herramienta que limite la potencia de su tirón sin necesidad de dedicar tiempo a enseñarle al perro a no hacerlo. Su principal característica es que en lugar de sujetarle desde una anilla en la espalda lo hace desde otra en el pecho. La filosofía de este sistema se fundamenta en la idea de que cualquier tensión que el perro sienta desde la espalda le llevará a ejercer una tensión hacia delante para tratar de zafarse, mientras que si la tensión proviene desde el pecho, la tendencia es a reducir la marcha.

También hay arneses que lo que hacen es que, cuando el perro tira y tensa la correa, esta tensión ejerce una leve presión en los hombros, refrenando al perro.

La variedad de herramientas de este tipo es cada día más ámplia. Los que solemos recomendar son los arneses Gentle leader Easywalk o los Sense-ible, que han sido diseñados teniendo en cuenta la morfología del perro y tratan de que les resulten lo más cómodo posible.

 

Herramientas útiles

Aunque nuestra recomendación es la de que enseñéis a vuestro perro a no tirar llevando una simple correa fija y un collar o arnés, hay utensilios indoloros para el perro que pueden ayudaros si no tenéis ese tiempo, no sabéis hacerlo o si, por problemas de salud, necesitáis poder controlar el paseo con una dosis de fuerza y de desgaste por vuestra parte mucho menor. Estos son el Halty y el Cannycollar.

Halti

El halti consiste en una especie de bozal de tiras finas (aunque no es un bozal. El perro puede comer, beber y llegar a morder igual que si no lo tuviera puesto) cuyo diseño hace que podamos controlar la cara del perro a través de unas cinchas que rodean su hocico, en cuyo extremo colocamos el mosquetón de la correa. Es un sistema fácil y bastante útil, aunque hemos de advertir que a algunos perros, si no dedicamos tiempo a positivizar su uso, se sienten extraños y molestos con él puesto, no porque duela (es indoloro, aunque a la larga, forzar una y otra vez la posición de su cara en contra de su voluntad puede causar alguna lesión de cuello) sino por lo poco habituados que están de ser controlados desde la cara, en vez de desde el cuello o los hombros.

 

Cannycollar

Es la alternativa al halti, para nosotros incluso mejor, porque ejerce un mayor control realizando un movimiento mucho menos forzado que el de retirar la cara. Consiste en un collar de nylon cuya única novedad es que tiene una anilla a cada lado del cuello. Por esas anillas pasa una fina tira de nylon con una nueva anilla en sus extremos. Esa tira se pasa por encima del morro del perro, y la correa se sujetará a ambas anillas de los extremos a su vez. Con esto se logra que cuando el perro tensa la correa se produce una leve presión hacia abajo que lleva su nariz un milímetro hacia el suelo. Con este simple desplazamiento de la mirada, la inmensa mayoría de los perros reduce la marcha automáticamente. Y sin que los humanos tengamos que tirar, tan solo con la propia tensión ejercida por el animal. De nuevo es preciso que dediquemos un tiempo a lograr positivizar el cannycollar, porque puede resultarles raro en un inicio. Este sistema modifica mucho menos las posturas naturales del perro, ni requiere que las forcemos, por lo que a la larga es mucho más recomendable para el bienestar del perro.

https://www.cannyco.com/es/tienda

Material adicional

Cordadas de adiestramiento y cuerdas de escalada

Cada vez hay más zonas de esparcimiento seguras para los perros (pipicanes y parques para perros completamente cerrados), pero aún son escasos en comparación con el número de perros censados en nuestro país. Si no disponéis de este tipo de instalaciones en vuestra población y vuestro perro es propenso al escapismo o aún estáis en proceso de educarle en obediencia, podéis utilizar las cordadas de adiestramiento, unas cintas de entre 12 y 20 metros, acabadas en un mosquetón. Esta es una herramienta que se emplea para enseñar a los perros a rastrear, pero también puede darnos cierta seguridad de que no se va a escapar durante los juegos.

También podéis adquirir cuerdas de escalada y un mosquetón. Cumple la misma función y pueden resultar hasta mas resistentes y duraderas.

Eso sí, preparaos para que se lien una y mil veces…

 

Correr, patinar o ir en bici con perro
Pero no solo podemos disfrutar del paseo caminando. También podemos enseñar y divertirnos con nuestro perro yendo en bicicleta, patines, skate o simplemente haciendo footing. Debemos tener doble cuidado, por nosotros y por él, pero es muy gratificante, y vuestro perro os lo agradecerá.

La conjunción de arnés con alguno de los sistemas que os mostramos aquí abajo es lo que os recomendamos.

 

 

Y hasta aquí nuestros consejos para lograr que los paseos sean cada día un poco mejores. Esperamos que os sea de mucha utilidad.

Esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

E-dog Educadores Caninos Profesionales

¡Pasión por tu perro!

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Si su perro tiene algún problema de conducta o necesita adiestramiento puede ponerse en contacto con nosotros pinchando aquí.

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