Presentación de perro y bebé. Timur y Diana

Presentar a un perro y bebé requiere, ante todo, calma

Hay un tema siempre delicado en el mundo del perro, y es el de presentarle a un bebé y que ambos sobrevivan a la experiencia. Es delicado porque hay muchos factores que pueden influir en el resultado, desde las reacciones del perro y de los humanos, a la buena o mala previsión que tengamos. No son pocas las familias que tienen problemas por ser demasiado confiadas (seguro que todo irá bien, el perro nunca ha dado problemas), y son muchas mas las familias que tienen problemas por ser excesivamente celosas y protectoras.

Para poder tocar este tema tan importante y delicado de una forma que, esperamos, resulte mas instructiva que un artículo (como los que ya escribiera Eduardo en esta misma pagina), hemos grabado la presentación de mi sobrina Diana y Timur. Se trata de dos vídeos simultáneos, uno mas largo que el otro, y algunas fotos que hizo la madre de la criatura (mi cuñada) una vez se recuperó del susto, y es que Timur es un buenazo, pero grande y bruto, la delicadeza no es su fuerte.

Preparación y previsión

Aclaro que el vídeo (los dos en conjunto) son verídicos y honestos. Cuando en ellos se ve a Timur alzar la vista hacia la niña, es la primera vez en su vida que la ve. Sin trabajo de presentación tras el telón. Pero no sin preparativos.

En una experiencia tan importante como esta, la preparación y la estrategia son vitales. Por eso los visitantes llegaron a una hora acordada. Con anterioridad, Timur y yo habíamos dado un buen paseo. Al volver a casa estuvimos haciendo unos juegos olfativos, para cansarnos todo lo posible de una forma bien divertida y estimulante.

Después de esto ya solo nos quedo esperar a la Hora B y dar comienzo al ejercicio. Y este es otro punto importante: para Timur fue un ejercicio. Tuvo que hacer un esfuerzo, tuvo que pensar y procesar mucha información. No fue un día normal, con experiencias normales, y por ende para mí tampoco podía serlo. Creo que la previsión es imprescindible en algo como esto. Pero también considero que previsión sin concienciación de lo que tenemos entre manos es una carretera al desastre. Para que la familia pudiéramos disfrutar de la jornada, primero había que acabar el ejercicio.

Aclarado este punto, Vamos con los vídeos.

Llegada y primer encuentro

Es importante que notéis que salgo a la calle a recibir a la niña (y a sus padres). Entro en casa con la niña en brazos, sostenida con mi brazo dominante, ya preparado por si necesito usar una mano (previsión y estrategia). Diana, el bebé, no quedó a la altura de Timur en ningún momento del ejercicio (no entró en casa en su cochecito), siempre la tuvimos en alto. Tampoco fue casualidad que mi cuñada, Aida, entrara primero. Ni lo fue que mi hermano Sergio entrara el ultimo, con Diana y conmigo en medio. De forma que, como veis en el vídeo, Timur pasó varias veces alrededor de la niña sin prestarle atención; la alegría de volver a ver a su familia distrajo su atención de la novedad que tenía ante las narices durante unos valiosos segundos. Esto nos permitió entrar en casa y cerrar la puerta sin el caos y los nervios de sujetar al perro o llamarle. Él hizo lo que queríamos, voluntariamente.

Con esto llegamos al segundo 34 del primer vídeo. Es el momento en el que Timur se da cuenta de que hay una “forastera en el pueblo”. Dado lo emocionado que esta por volver a ver a Aida y Sergio, se deja llevar e intenta alcanzarla y darle un lametón. Este es un gesto totalmente positivo para un perro, en otras circunstancias debería ser permitido. En este momento (sigo con el segundo 34) lo impido y hasta lo corrijo. Timur está demasiado emocionado, y es muy viable que, sin querer, haga daño a la niña.

¿Como lo hago? Lo importante no es el chasquido de dedos, si no que roto mi cuerpo con suavidad pero con rapidez hacia mi derecha (el lado opuesto en el que tengo a Timur saltando) para proteger a Diana con mi cuerpo de un posible empujón accidental y al mismo tiempo avanzo levemente hacia Timur, para instarle a bajarse.

Planificando los pasos a dar

De nuevo permitidme remarcar algo que puede pasar por casual, pero es previsión y planificación: Timur no sube al sofá ni a los sillones, motivo por el que elegí detenerme junto a uno de dichos muebles, para que si Timur hacia algo incorrecto (como en el segundo 34) no pudiera hacerlo por mi derecha, que era donde tenia a Diana; utilicé el sillón como escudo (podía haber utilizado una pared perfectamente, pero prefería tener un espacio lo mas abierto posible en el que Timur pudiera moverse con libertad, y el centro del salón me pareció la mejor opción al combinar espacio abierto con obstáculos que podía usar a mi conveniencia).

Aquí voy a hacer un segundo alto para hacer un poco de autocrítica constructiva. A todos los profesionales nos pasa con frecuencia que al hacer las cosas para dar ejemplo nos decís cosas del tiempo “claro, pero sale bien porque lo haces tu” o “es que tu tienes un algo que yo no tengo. A mi no me saldría igual de bien”.

Timur me sorprendió con su nivel de nervios. No esperaba que se emocionara tanto (por esto es importante prepararse aunque confíes en que todo vaya bien, porque nos podemos equivocar). Por eso en el segundo 34 logra saltar y apoyarse en mi pierna. Tardé en reaccionar. Por si alguno estáis preocupados o estáis pensando “si a mi me hace eso lo mato”, en el vídeo mas corto se ve que no toca a la niña mas que con la lengua y en los pies. El poco peso que descarga el perro cae sobre mi.

Los educadores caninos no somos perfectos, nos equivocamos. Las cosas no siempre salen como queremos o esperamos. La clave está en que no nos venimos a bajo ni culpamos al perro. Tomamos decisiones y resolvemos. Es por esto que tras un par de momentos de mala previsión por mi parte, en el segundo 45 del segundo vídeo logro anticipar su tercer salto. Lo corrijo antes de que suceda, avanzando hacia Timur y desplazándole ligeramente con mi cuerpo.

Timur comienza a autocontrolar sus nervios

En el segundo 35 del segundo vídeo, Timur da un nuevo salto, al que tampoco logro anticiparme. Pero se percibe ya un cierto grado de autocontrol en Timur, que logra lamerle la cabecita a Diana, pero no descarga nada de peso sobre nosotros. Aún así, dado que sigue muy nervioso, lo corto desplazándole de nuevo con mi cuerpo y rotando sobre mí mismo. En este caso hacia la otra dirección ya que el sofá me falla por mi falta de reflejos y de anticipación.

Tras la gestión de estos tres saltos (recordemos que el tercero fue abortado antes del lanzamiento), Timur empieza a bostezar (señal de estrés), a beber agua (esfuerzo por distraerse), apartarse de mi camino o pasar él a mi lado en vez de saltarme y a evitar mirarme a intervalos, en lugar de clavarnos la mirada como al principio (señal de calma). Todo esto me da a entender (y aquí si acerté) que podía ir normalizando la situación. Y en el minuto 2:43 del primer vídeo decido sentarme.

No tengo hábito de sentarme en el reposa-brazos de los sofás. De hecho es algo que nunca he hecho en ese en concreto. Pero en esta situación necesito sentarme para transmitir naturalidad y tranquilidad. El sofá propiamente dicho es demasiado bajo. Si me equivoco y Timur vuelve a hacer algo indebido, yo no podría impedirlo. De modo que opto por sentarme en el reposa-brazos, mucho mas alto y rígido, desde donde podría ponerme en pie y volver a “enfriarme” y alejar a la tentación (Diana) de Timur.

Esta vez Timur se acerca con mucho mas tiento, aunque todavía nervioso. Opto por dejarle interactuar con Diana, ofreciéndole los piececitos y dejándole olerlos e incluso lamerlos. Es donde menos posibilidades tiene de dañarla accidentalmente.

Al apoyar su cabeza sobre mi pierna antes de tocar al bebe, Timur me demuestra que no ha vuelto a alterarse al agacharme. Por esto no solo le ofrezco los pies si no que dejo que sea él mismo quien se retire. Lo hace a los pocos segundos. De no haberlo tenido tan claro lo habría retirado yo con suavidad. Lo hubiera hecho rotando, poniendo mi brazo por en medio o incluso poniéndome en pie de nuevo. Todo ello con calma y sin hablarle.

La adecuada gestión logra que, en apenas tres minutos y medio, Timur opte por tumbarse en su sitio (junto al sofá) sin que nadie utilice una orden para ello. Esta es otra muestra de que esta intentando tranquilizarse, de que esta empujando en nuestra misma dirección, no en la opuesta.

A partir de este punto ya solo había que tener en cuenta y prever que Timur se volvería a poner nervioso cuando nos moviéramos alguno de los que estábamos a su alrededor. En efecto, podéis ver como sucede en el minuto 4. Cuando Diana protesta un poco, cansada de verme solo a mi. Y aun así tengo que señalar que Timur apenas vuelve a lamerle los pies. Esta vez apenas los roza, ya que su indice de nervios ha bajado enormemente, en apenas 4 minutos bien gestionados.

 

Hay que repetir los encuentros numerosas veces

En el minuto 4:15 vuelve a intentar lamer a Diana, pero esta vez busca la cara. Es una conducta totalmente natural y positiva, repito). Pero lo sigo considerando excesivo (la niña tiene menos de un mes, su cabeza sigue siendo demasiado delicada y solo toleraría un contacto si Timur estuviera totalmente quieto y relajado) lo evito, utilizando esta vez solo la pierna derecha como barrera. De nuevo, no es casualidad que la cabeza de la niña este orientada hacia el respaldo del sofá, ni que la parte de la niña mas al alcance de Timur sean los pies.

En el minuto 4:40 Timur vuelve a pasar a mi lado, aun nervioso e inquieto. Mira los pies de Diana, y pasa de largo, decidiendo que ya los tiene muy vistos. Esto se ha logrado por haberle permitido saciar su curiosidad sin dejar de regularle.

En el minuto 5:55 intento acariciar a Timur cuando le veo tranquilo y relajado. Esto habría sido positivo para demostrarle que sigue gozando de mi atención, de los mismos derechos que siempre. Pero al estar él tumbado, y yo sentado en alto, me suponía un riesgo. No creí adecuado agacharme yo y poner a Diana mas al alcance de Timur, ya que el nerviosismo habría vuelvo a crecer. La niña es todavía muy pequeña para tomar cierto nivel de riesgos, así que decido no hacerlo y recupero una postura estable.

Dejadme apuntar que en todo el ejercicio hubo riesgos, todos ellos evaluados y planificados, pero nada de riesgos de agresividad. No solo deben preocuparse por esto los propietarios de los perros con problemas, todos pueden presentarnos algún nivel de riesgo, por pequeño que sea).

 

¿Monta por dominancia? Ni mucho menos

A pesar de lo bien que va todo, en el minuto 6:25, Timur vuelve a emocionarse. Cada vez hablamos mas, y sobre todo cada vez le hablo mas a Diana, que cada vez hace mas ruiditos. Cada vez hay mas nervios en la sala. Eso le lleva a intentar saltarme, y en lugar de obtener una respuesta de frustración, de enfado o hastío (por ejemplo “¿ya estas otra vez? Si te habías tumbado, estaba todo hecho”) obtiene la misma respuesta de siempre. Control de espacio, calma y respeto una vez vuelve a respetar mi espacio con las cuatro patas en el suelo. Eso me lleva a volver a sentarme (recuperar la normalidad) cuando Timur me demuestra que se esta volviendo a calmar (no saltándome) y a permitirle volver a olfatear los pies de Diana.

En esta ultima ocasión si que es mas insistente con el lamido y decido cortarlo, simplemente poniendo mi mano por en medio. En este punto Timur no sólo se me planta si no que intenta montarme claramente. Aprovecho la ocasión para detallar que este acto casi nunca tiene un componente jerarquico o sexual, como afirman las teorías mas anticuadas, si no que suele tratarse, como en el presente caso, de puro nerviosismo. Timur no esta intentando dominarme, ni poseer al bebé, ni planeando conquistar el mundo. Está intentando relajarse y gestionar todo el nerviosismo, la emoción y la frustración que siente.

Cuando el vídeo se corta la niña ya esta pidiendo comida, y el nervio de los berridos vuelven a alterar a Timur, que me salta una ultima vez. Vuelvo a avanzar hacia él para desequilibrarle hasta que se baja voluntariamente. Ya no volvió a intentarlo en todo el día.

 

Conclusiones

Al final del vídeo se me oye proponer separar a Timur y Diana mientras come, simplemente porque existía la posibilidad de que Timur se volviera a alterar. Aida, la mamá del bebé, no estaría en disposición de actuar como había estado haciendo yo, pero finalmente no hizo falta; me limité a sentarme a su lado mientras comía por si tenia que intervenir, pero no hizo falta, Timur ya no volvió a intentar alcanzar a Diana ni una sola vez (tendréis que fiaros de mi en esto, no grabamos todo el día, pero os aseguro que estuvieron en la misma casa 6 horas mas sin ninguna situación de riesgo, solo las que se ven en los vídeos, y nadie necesitó atención medica ni psicologica.

La idea del ejercicio no sería “no puedes acercarte a Diana” si no “no puedes acercarte a Diana nervioso, pero si estas tranquilo puedes interactuar con ella”.

Para terminar, quiero remarcar a que me refiero con “gestionar correctamente la situación”: en los vídeos se ve que nadie grita, no hay ordenes, no hay tirones, zarandeos ni ningún tipo de violencia. Se percibe bastante bien que en ningún momento miro directamente a Timur. Miro por encima de él, para poder verle sin ponerle mas nervioso de lo que ya esta por fijar mi mirada en la suya. Al principio no hago nada con la niña, y conforme Timur está más tranquilo voy hablándole y comportándome con mas naturalidad. Solo añado nerviosismo cuando él ya ha reducido el suyo. De esta forma, en menos de diez minutos normalizamos la casa, y Diana pudo comer, tumbarse en su cuna, estar en brazos de unos y de otros. Los demás también pudimos sentarnos a comer, sin ningún tipo de problema ni riesgo. El ejercicio se había afrontado desde el principio, y se había superado.

Ahora Timur ya reconoce a Diana como una más de la familia.

Desde E-dog esperamos que toda esta información te ayude a disfrutar con tu perro!

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