Prevenir para evitar peleas

Supervisar no es lo mismo que controlar

Con frecuencia nos hacen la pregunta que atemoriza a prácticamente todos los propietarios de perros que se preocupan por socializar a sus peludos en parques y similares: ¿Qué hay que hacer en una pelea de perros?

La respuesta no es sencilla, y de hecho es bastante vaga. No hay un manual de como actuar, ni una forma perfecta de actuar; hay cosas que intentar, probar, como el clásico mojar a los perros en disputa, hay que tener sangre fría,… pero no hay un truco, no hay un método mágico para separar rápido a dos perros sin que nadie salga herido. Como esta es, lógicamente, una respuesta poco satisfactoria, en Edog no nos quedamos ahí, si no que alargamos nuestra respuesta un poco mas lejos… aunque hacia atrás.

En nuestra opinión la mejor forma de actuar ante una pelea entre perros es… evitarla. Y seguramente muchos de los que lean este articulo pensaran “pues vaya consejo, esto lo hace todo el mundo sin que nadie se lo explique”; y la triste realidad es que no es cierto. Casi todo el que entra a un parque canino cree firmemente que lo esta haciendo, pero como veremos en seguida, muy pocas personas lo hacen realmente, y es que hay una gran diferencia entre hacer algo, y creer que estamos haciendo algo.

Lo primero y más básico es estudiar el entorno. Antes de acceder a una zona canina declarada o potencial (como una playa libre, por ejemplo) evalúo donde voy a entrar. ¿Ya hay perros o él/los mío/s son los primeros? Si hay mas perros dedicare apenas dos o tres minutos a estudiarlos, a ver como interactúan entre ellos, como reciben a otros recién llegados, si son juguetones, aislacionistas, dominantes, o simplemente si son compatibles con mi perro. Si veo en el parque un perro juguetón pero brusco e impaciente, y mi perro es poco paciente; o si veo un perro asustadizo e inseguro y el juguetón pero brusco es el mío, es poco probable que sean compatibles; no se trata de perros buenos o malos, si no de distintas personalidades y sensibilidades. Sobre esta evaluación decidiré si entro y libero a mi perro sin más, si lo mantengo con la correa puesta para gestionar yo las presentaciones que me parezcan delicadas, o incluso si doy media vuelta y paseo por los alrededores a la espera de que roten los perros del interior a un grupo distinto. Una mala presentación es el germen de una pelea, incluso aunque ninguno de los dos perros quiera pelear.

El segundo punto en realidad podría ser el punto uno con cinco, y es que cuando ya estamos dentro, debemos siempre estar atentos a los accesos a la zona (parque, playa,…) que estamos ocupando, por si acceden nuevos perros, y en el caso de que suceda, evaluarlos, porque antes de que ese perro recién llegado entre en contacto con el mío tengo que tener una opinión solida de si son compatibles o no, asumiendo que pueda equivocarme, claro. “Pero mi perro es bueno, es el dueño del otro perro quien tiene que entrar con cuidado”. Por un lado, ya hemos dicho que no se trata de buenos o malos, dos perros sociables y no hostiles pueden ser incompatibles, o simplemente malinterpretarse el uno al otro y reñir; por otro lado, escatimar esfuerzos en seguridad con la esperanza de que el resto del mundo compense mi dejadez es una ingenuidad, incluso aunque tenga razón. Como hemos dicho al principio, todos creemos llevar cuidado, pero poca gente lleva cuidado realmente, confiando en que el mundo civilizado lo hará todo.

El tercer punto es nunca dejar solo a mi perro. De nuevo, la mayoría de la gente que afirma preocuparse por evitar peleas llega al parque canino y dedica toda su atención al móvil, o a los otros propietarios, o incluso a otros perros, y esto es una negligencia. Debo asegurarme de estar siempre cerca de mi perro, pero no en medio de su diversión. Debo supervisar sin molestar. Debo asegurarme de ser el regulador del juego. Esto implica simplemente ir moviéndome cerca de los perros a la carrera, detenerme cerca de donde se detienen a jugar, e incluso incorporarme a los juegos si me apetece y conozco a todos los implicados (por evitar que el juego me supere y acabar en el suelo). Nadie concibe llevar a sus hijos a un parque infantil y dejar de prestarles atención, pero todos lo hacemos con nuestros perros. En mi imaginación es más fácil separar a dos niños de cuatro años peleando que a dos perros, pero admito que no lo he comprobado, no tengo hijos.

Como veis, hay diferencia entre lo que nosotros consideramos estar cerca, y lo que la mayoría de propietarios creen que es estar cerca (estar en la misma zona y acercarse corriendo y gritando cuando la pelea ya ha empezado).

El cuarto punto también podría ser el tres punto cinco, y es que para supervisar tengo que estar cerca. Algo que todo propietario de perro debe hacer es aprender lenguaje canino, el corporal, no el de Disney. La gran mayoría de las peleas se pueden ver venir, los perros implicados suelen sostenerse la mirada el uno al otro, si les estamos viendo desde el principio veremos como sus cuerpos se tensan, levantan las colas, e incluso gruñen y enseñan los dientes (dos señales que no indican amenaza). Siempre es más fácil separar a dos perros que se van a pelear que a dos que se están peleando. Si estoy cerca y pendiente de ellos, casi siempre podre actuar antes de que empiece la pelea.

Otra posibilidad es que un juego brusco y bruto se desmadre y acabe en riña. Hay perros a los que les gusta jugar a los empujones, mordiscos y revolcones, y no tiene nada de malo si todos los participantes lo desean y se divierten, pero a veces estos juegos acaban mal, sobre todo si algún participante es poco paciente o simplemente se cansa del juego y no logra que el otro perro pare. En esos casos, si logro detener yo el juego antes de que se desmadre evitare la pelea, y permitiéndoles volver al asalto una vez las paciencias y aguantes se hayan restablecido, también evitare dañar su amistad y confianza mutua.

Como veis, es sencillo evitar la mayoría de las peleas, basta con esforzarme yo para que mi perro pueda disfrutar de su relación con otros perros; y lógicamente este esfuerzo sería infinitamente menor si todos nos lo aplicáramos. Y a quien le parezca demasiado esfuerzo, le diré que es como conducir, al principio requiere toda tu consciencia, pero al final lo harás sin apenas darte cuenta, recurriendo a tu consciencia solo cuando hace falta de verdad.

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