¿Qué hacer si nos persigue un perro?

Cuando corremos por parques o bosques podemos encontrarnos con perros sueltos, una de las circunstancias más incómodas para un corredor.

Con frecuencia no sabemos como actuar ante esta situación y nuestra reacción puede ser clave en el comportamiento del can. Es importante mantener la calma, disminuir el ritmo de carrera y evitar huir de él. El educador canino y atleta, Joan Estruch, nos da las directrices básicas para afrontar la situación.

Si vemos que el perro continúa siguiéndonos a pesar del descenso del ritmo, lo mejor es pararse.

Esto es lo que asegura Estruch, quien insiste en que hay que saber con qué intención viene el perro hacia nosotros. Si se acerca con ganas de jugar, nos paramos, le saludamos si queremos e intentamos que se marche. Sin embargo, si viene enfadado, ladrando o gruñendo ya es otra cosa. “Personalmente conozco a muchas personas que corren y a muy pocas a las que le haya mordido un perro. En todo caso, hay que estar tranquilo porque cuanto más nos alteremos, más posibilidades hay de que nos ataque”, afirma.

No es bueno gritarle, levantarle la mano, echar a correr más rápido, moverse rápido… Cabe evitar todo lo que pueda alterar al perro. Será suficiente que el perro nos huela para que deje de vernos como algo peligroso. “A la mayoría de los perros les llama la atención aquello que se mueve. Es por eso que cuando ven gente corriendo o en bicicleta suelen quedarse mirándolos”, explica el educador canino, quien insiste en que en la gran mayoría de los casos los perros no nos llegarán a atacar.

¿Hay perros especialmente peligrosos?

Obviamente no es lo mismo una mordida de un perro que pesa 40 o 50 kg que la de uno que pesa solo 3. Los dientes y el tamaño de la boca no son iguales en unos y en otros. De la misma manera, la mordida de un perro de presa no sería lo mismo que la de un caniche o un chihuahua. “Ahora bien, lo que tendríamos que intentar es comportarnos igual y mantener la calma independientemente de la raza del perro”, afirma y recalca la importancia de ser capaz de transmitirle la misma tranquilidad independientemente de su tamaño.

Estruch asegura no conocer ningún objeto que pueda utilizarse para ahuyentar a los perros cuando salgamos a correr. Insiste en que el porcentaje de ataques es muy bajo y que los canes sienten curiosidad por los corredores y ciclistas, pero solo tienen intención de jugar. “Lo mejor que podemos hacer cuando salimos a correr es olvidarnos de todo y disfrutar. Lo más efectivo es demostrarle al perro que no le tenemos miedo y que no nos vea como una amenaza”, concluye.

 

En todo caso, hay que estar tranquilo porque cuanto más nos alteremos, más posibilidades hay de que nos ataque.

Joan Estruch

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