¿Tu perro defiende la comida?

Descubre como tratar la protección de recursos

“Mi perro defiende la comida y me amenaza… ¿Por qué?

Si tu perro defiende la comida y te gruñe cuando te acercas a ella, lo mas probable es que muestre un comportamiento conocido “protección de los recursos”. Se trata de una conducta que puede ser tratada con relativa facilidad. No debería costar mucho con perros cachorros, aunque será más complicado en animales adultos o de gran fortaleza mental. Esto es así porque las conductas tienden a arraigarse con las repeteciones y convertirse en la primera opción a utilizar en las ocasiones que le dieron origen. Pero con calma y conocimientos, podrás revertir esa actitud día a día.

Antes de hablar de cómo corregirlo, déjame que te explique cual es el origen de esa conducta. Entender el problema es crucial para solucionarlo.

¿El perro defiende la comida por instinto o por condicionamiento?

Cuando tenemos un perro que defiende la comida tenemos que hacernos esta pregunta… ¿Lo hace siguiendo un instinto propio o por que le hemos preparado inconscientemente para ello? Dependiendo de cual sea el origen de esa conducta, nos encontraremos ante una sitiación compleja en mayor o menor medida.

Antes de nada, vamos a ver la definición que hace la Real Academia Española de la Lengua sobre ambos términos.

Instinto: 1. m. Conjunto de pautas de reacción que, en los animales, contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie. Por ejemplo: Instinto reproductor.

Condicionamiento: 1. m. Acción y efecto de condicionar, hacer depender algo de una condición.

La principal diferencia entre un término y otro es que el instinto moldea un comportamiento de forma natural e involuntaria, algo no meditado ni aprendido. El reproducirse, el huir o atacar ante un problema, la territorialidad o la captura de presas son algunas acciones instintivas. El condicionamiento va conformando el comportamiento ante una serie de circunstancias de forma gradual y progresiva. Lo hace empleando la fórmula ensayo/error, por tanto es consciente y voluntaria. Aprender que coger el abrigo y la correa significa “calle” o que abrir la nevera es que es hora de comer, son ejemplos de acciones condicionadas a otras.

Ante la pregunta: el comportamiento de protección de los recursos… ¿nace o se hace? Pues hay casos en los que la respuesta es una, otra, o incluso ambas.

Defensa de los recursos por instinto de protección

Hay animales que tienen más instinto de territorialidad y sentido de la protección que otros. Algunas especies son más protectoras de recursos que otras. Y dentro de una misma especie, hay razas  más dadas a mostrar este comportamiento. Y logicamente, incluso dentro de una misma raza, hay sujetos con más tendencia que otros.

Hay quien lo dictamina como dominancia o como la existencia de un problema jerárquico entre humanos y perros. Esto es algo en lo que no estoy nada de acuerdo salvo en contadísimas excepciones. El comportamiento de defensa de los recursos, por más que nos pueda llegar a asustar, proviene de un instinto natural aún mas poderoso y primario que cualquier dominancia. El instinto de autoconservación. Protegen lo que consideran valioso e importante para su continuidad.

Los humanos hemos utilizado durante siglos esta predisposición innata de los perros hacia la custodia. En el pasado les dejamos al cuidado de nuestro ganado, de nuestros templos y de nuestros graneros. Posteriormente hemos visto con buenos ojos que protegieran nuestras fincas, naves y terrenos de personas extrañas y de otros animales. Y les hemos empleado para ello, sin que las muestras de protección supusieran drama alguno. Era lo que se suponía que deben hacer. Aún hoy día recibimos muchas peticiones de propietarios para que “enseñemos” a su perro a defender la casa o la nave en la que trabajan. No realizamos ese tipo de “adiestramiento”, pero estas peticiones dejan claro que para muchas personas sigue siendo valioso esta función del perro. Yo creo que, en la era de la electrónica, es mucho mas útil instalar alarmas y cámaras que arriesgar la integridad de un peludo en semejante tarea.

Os aconsejamos que si vuestro perro protege la comida consultéis con un educador canino profesional. Si es grave, os ayudará a reconducirlo, y si todavía no lo es, os enseñará como evitar que el problema vaya a mas.

El problema surge cuando reducimos nuestro “territorio” y nos trasladamos a vivir en pisos a las ciudades. En espacios muchos mas reducidos su instinto ya no nos es tan necesario. En realidad, para la mayoría de las personas representa una molestia. No quiero decir que los perros no deban vivir en ciudades o que solo los camperos sean felices. Al contrario, los perros de ciudad tienden a tener un contacto más directo con sus humanos adoptivos, algo que les encanta.

Tan solo afirmo que este cambio de estilo de vida requiere una “aclimatación” en la que los perros, como especie, todavia se encuentran inmersos. Los cambios adaptativos de una especie requieren de generaciones para consolidarse. Hemos de ser conscientes que durante ese proceso pueden aparecer conductas “incómodas” que tendremos que canalizar de la mejor forma posible.

El convivir tan próximos nos revela aspectos del perro a los que no estamos acostumbrados. El perro defiende la comida de muchas amenazas: otros perros, personas extrañas o incluso de miembros de su familia humana. Pero es que no podemos cambiar siglos de “colaboración” de un plumazo.

Defensa de los recursos por condicionamiento progresivo

Pero no siempre es cuestión de instinto. Es más, lo más frecuente es que esta conducta nazca por un condicionamiento gradual en el tiempo. Cuando la protección de recursos se produce hacia extraños u otros animales lo solemos ver dentro de la normalidad. Nos resulta útil, beneficioso o comprensible. En el primer caso mantiene alejados a aquellos con malas intenciones y en el segundo lo consideramos parte de su lenguaje natural. Pero cuando el perro defiende la comida de un miembro de la familia nos resulta algo incomprensible… Una traición. Pero si lo es, generalmente no es de él hacia nosotros, sino a la inversa. Si examinamos bien la situación, es frecuente que veamos previamente comportamientos indebidos por nuestra parte. En realidad, por mi experiencia, creo que es mucho mas frecuente el perro que defiende la comida por un condicionamiento negativo.

¿Verdad que habéis oído mil veces que “el perro tiene que acostumbrarse a que le metamos la mano en la comida”? ¿O “ha de aprender quien manda”? Yo lo he escuchado infinidad de veces. Es uno de esos “mantras” que se repiten una y otra vez, hasta que de tanto repetir se convierte en una máxima  incuestionable. Pues no lo es. Meter la mano en la comida mientras el perro come no es un buen consejo ni una buena práctica. La mayoría de los perros con problemas que defiende la comida la han desarrollado por esta manía nuestra.

Nos dicen que si no nos dejan quitarles la comida, es que el animal no nos respeta como líder. Todo lo contrario. Somos nosotros quienes no le respetamos a él. Le fastidiamos por puro ego, por comprobar que podemos. Alguien que te arrebata constantemente la comida de entre las manos no es un líder, es un tirano y un abusón. Pero lo que es peor, le estaremos preparando gradualmente para que termine enfrentándose a nosotros. Porque cuando un día, llevado por la tensión y la incomprensión, nuestro perro defiende la comida y nos gruñe, nos quedamos sorprendidos, atónitos, por la falta de lealtad de nuestro querido perro. No nos planteamos que hemos sido nosotros los que le hemos llevado a ese nivel de hartazgo.

Molestarle a menudo mientras come le enseña a defender su alimento

El perro es un ser inteligente, que aprende por las experiencias obtenidas a través de las repeticiones. Es capaz de prever una situación y anticiparse a ella cuando percibe condiciones que ya ha experimentado antes. Si realizamos con frecuencia acciones que le resultan molestas, le estaremos inclinando hacia un comportamiento de protesta o evasión de las mismas. Al insistir en quitarle la comida, manosearle mientras come o apartarle la cara del plato, le estaremos empujando hacia una conducta de defensa de la comida. Al principio a través de gestos de protección, gruñidos y amenazas indirectas, mirando hacia otro lado mientras lo hace. Es su forma de comunicar su protesta.

Esa protesta no significa que sea un mal perro o que nos esté desafiando. Al contrario, es una solicitud de que se le respete a él y se le deje comer tranquilo. Imagina que vas a un restaurante, pides un menú delicioso y durante la comida, un familiar de mayor edad o el jefe de tu empresa comienza a interrumpirte. Te quita el plato cuando le apetece, te regaña por hacer gestos de querer recuperarlo, te da empujones para apartarte de tu comida… Hasta te tira al suelo panza arriba cuando protestas mas fuerte. Aunque seas la persona mas paciente y tranquila, semejante trato te molestaría y te ofendería. Posiblemente te enojase lo suficiente como para acabar discutiendo a gritos… Imagina ahora que esto sucede frecuentemente durante tus comidas. No tardarías en sentir una fuerte antipatía hacia la persona responsable de ese trato. Pues así es como tienen que comer muchos perros cada día.

Meter la mano en la comida mientras el perro come no es un buen consejo ni una buena práctica. La mayoría de los perros con problemas que defiende la comida la han desarrollado por esta manía nuestra.

Pero… ¿Quitarle la comida de la boca frecuentemente no ayudará en caso de que coja algo peligroso?

Ese es el gran error. Es la cantinela que nos dicen a todos una y otra vez. Incluso algunos adiestradores experimentados aconsejan ésto erróneamente. En realidad no ayuda en absoluto, son situaciones diferentes. Como hemos podido ver con los párrafos anteriores, quitarle la comida de la boca frecuentemente va a preparar gradualmente al perro a tensarse, así que cuando coja un objeto peligroso y nos entre el miedo propio de esa situación, su tensión se verá elevada exponencialmente y su respuesta será mucho peor que si intentamos quitarle algo por vez primera. Por el contrario, si no tenemos habituado a nuestro perro a un manipulado excesivo y estresante, si nos vemos obligados a quitarle algo de la boca y lo hacemos sin alboroto, le pillará por sorpresa y posiblemente no reaccione mal.

No obstante, para que suelte lo que ha cogido hay métodos no aversivos y trabajos de habituación que deberíamos enseñarle a nuestro perro. En posteriores artículos os hablaremos sobre ello.

El momento de comer, igual que el de descansar, debe ser lo más calmado posible

Y por calmado no me refiero necesariamente a que el perro deba permanecer inerte como un guardia suizo, sino sin tensión de ningún tipo. Comer es una necesidad básica de todo ser vivo, pero también es un indicativo de bienestar. Al igual que el dormir, debería ser lo más tranquilo, positivo y placentero posible, para asegurarnos el mayor equilibrio emocional de nuestro perro. A través de la alimentación, el cuerpo del perro recibe todos los nutrientes y elementos necesarios para mantener su cuerpo en buen estado. Ese proceso de “procesado” de los alimentos no se llevará a cabo de la misma manera en un organismo sin estrés que en uno alterado. Y el temor a que le arrebaten les altera y mucho. El uso de la fuerza y de la dominación de su comida tan solo agravará el problema.

Pero ojalá sólo estuvieramos hablando del estrés de que te arrebaten la comida… Déjame que te dibuje la secuencia del momento de comer para un perro que protege la comida desde hace ya varios meses:

  • Se acerca la hora de la comida = aparición de estrés.
  • El propietario llena el plato = aumento de estrés.
  • Aproximación al perro repitiéndole a voces “Sienta” o “a tu sitio” = aumento de estrés. (un comando que le hayamos enseñado debe emitirse en tono suave y una sola vez)
  • Al tiempo que le habla, le mira fijamente a la cara = aumento de estrés y sensación de amenaza.
  • Posibles gestos agonísticos (señalar con el dedo o gritos) = aumento elevado de estrés y sensación de amenaza.
  • Entrega del alimento = sensación de alivio
  • Proximidad del humano = aumento de estrés y sensación de amenaza.
  • Advertencia del humano de que abandone la comida = aumento de estrés y sensación de amenaza
  • Mantenimiento de mirada fija = aumento de estrés y sensación de amenaza
  • Robo del alimento = aumento de estrés y sensación de amenaza

Como puedes comprobar, incluso aunque el animal no llegase a dar muestras de protección, la carga de estrés en un momento muy breve es altísima, y no todos los perros tienen la misma capacidad de gestión del estrés. Y encima las condiciones pueden ser aún más adversas:

  • Movimiento y ruidos en el entorno = aumento de estrés y sensación de amenaza
  • Encontrarse en un punto sin posibilidad de huida (un rincón, una galería o junto a una puerta cerrada) = aumento de estrés y sensación de amenaza
  • Pseudo control mediante herramientas (correas, escobas, etc) = aumento de estrés y sensación de amenaza
  • Regañarle tras emitir gruñidos de advertencia = aumento de estrés y sensación de amenaza
  • Intentar manipularle físicamente o “darle un toque” = aumento de estrés y sensación de amenaza

Si llegado a este punto, el perro aún no ha dado muestras de agresividad por miedo será un milagro.

Al contrario de lo que se cree, el gruñido no es la antesala del mordisco, sino la alternativa a la agresividad.

Pero… Los perros se arrebatan la comida entre sí. ¿No es entonces  algo natural entre ellos?

En absoluto. Los perros no se arrebatan la comida entre sí cuando ésta está en la boca o entre las patas de otro. Pueden tratar de picar de lo que cae al suelo o robar de la mano del humano que reparte, pero no de otro perro. El respeto hacia la comida que está en la boca de uno es máximo. Arrebatarle la comida no es algo natural. Incluso cuando el alimento está en poder de uno de los sujetos más débiles, el resto del grupo respeta su comida.

Solo se arrebatan el alimento cuando éste es un bien escaso y la supervivencia inmediata depende de su consumo. En este caso, el sujeto más fuerte arrebatará la comida al débil con un gran alarde de violencia, porque siente y sabe que no es un comportamiento social adecuado. Lo hará movido por el instinto de supervivencia, pero para que se de el caso las condiciones han de ser realmente muy extremas. Y nunca se produce como una conducta habitual, sino como rara excepción a la regla.

La norma social canina dicta que el alimento que posee uno es de uno. Como digo, es infrecuente que otros perros, incluso mayores o más fuertes, intenten arrebatarle su alimento. Lo que si es frecuente es que el perro poseedor de la comida emita gruñidos y señales corporales de aviso cuando otro perro se le aproxima. Trata de comunicar su incomodidad por su cercanía. Y estas señales son siempre atendidas y respetadas por los otros perros, que se retirarán.

Esto pone un tanto en entredicho la extendida teoría de que si los humanos acostumbramos a quitarle la comida al perro, éste nos verá como una figura de autoridad y liderazgo. No nos verán así, tan solo se sentirá confuso y agraviado. Y si lo hacemos frecuentemente y con alboroto, no

¿Sólo existe la protección hacia la comida?

En absoluto. Lo habitual es encontrar que el perro defiende la comida, pero puede que ocurra también con otros elementos u otras circunstancias. Es casi igual de frecuente que defiendan sus juguetes favoritos. Seguro que habéis visto a algún perro enzarzarse en una discusión por una pelota, un nudo o un palo.

Tampoco es infrecuente que defiendan su lugar de descanso. Más que protección de lugar podríamos decir que se trata de protección a su propio descanso. Si le sacamos a la fuerza del lugar que ha tomado como descanso con frecuencia, aprenderá a que si quiere descansar tranquilo debe “mantenernos a distancia“.

También se puede dar el caso del perro que protege su lugar de descanso, el agua o incluso a alguna persona por la que siente mayor vínculo.

El perro gruñe cuando nos acercamos mientras come… ¿Entonces es agresivo?

Para nada. Cabe decir que si el perro ya está dando estas muestras es que llevamos tiempo preparándolo sin saber para ello. Lo ideal es habituar al perro desde cachorro a que nuestra proximidad mientras come no es molesta ni competitiva. Pero si ya hemos llegado al punto en que el perro defiende la comida, es conveniente saber qué es agresión y que es comunicación, para actuar convenientemente.

El  gruñido es una de las principales señales de comunicación del perro. Viene a significar que algo de lo que está sucediendo en su entorno no le resulta agradable. Muchos propietarios y profesionales están convencidos de que el gruñido es una amenaza, un desafío, y que debe ser corregido. Afortunadamente, los avances en el estudio de la etología van tumbando viejas teorías, demostrando que están equivocadas. El gruñido no es la antesala del mordisco, sino la alternativa a la agresividad. Dicho de otra manera, el perro cuando gruñe está intentado evitar la agresión y comunicar su malestar. Y debería ser respetado. Si siendo consciente de que causo un malestar a alguien sigo en mi conducta, entonces el provocador soy yo.

Hay quien se preguntará… “Pero si cuando el perro defiende la comida nos alejamos… ¡Estaremos reforzando esa conducta!”. Pues efectivamente, pero… ¿Es esto negativo? Uno puede pensar que sí desde la óptica clásica, la que piensa que gruñir es malo. Pero si tomamos el gruñido como un lenguaje que indica malestar y solicita tiempo y espacio, lo más correcto es respetarlo. Reforzar una comunicación nunca es malo, todo lo contrario. Nos avisa de una situación que si no se resuelve con tacto puede acabar con violencia. El peligro radica en que esté tenso y no lo comunique. El ataque será inesperado.

Además, si el perro comprueba que sus avisos son respetados, se sentirá más cómodo con nosotros, mas comprendido. Tener una herramienta de comunicación reducirá el nivel de estrés en esa situación. Y a menor estrés, mayor autocontrol y mayor paciencia.

¿Pueden darse otros patrones de conducta además de la agresividad?

Sin duda. Cuando se siente bajo la amenaza de que se le arrebate el alimento, lo más normal es que el perro defiende la comida, pero pueden surgir otros patrones. Quizá estos no sean tan aparatosos, pero también son nocivos.

  • Ingesta rápida: Es bastante frecuente que uno de los primeros estadios antes de llegar a la defensa de la comida sea el devorar el alimento apresuradamente. Hay que diferenciarlo de aquel perro que siempre ha sido ansioso con la comida, desde su edad de cachorro. Nos referimos al perro que tras haber comido tranquilamente toda su vida, de pronto empieza a mostrar nerviosismo y ansiedad a la hora de comer, acelerando la velocidad de ingesta a medida que nos aproximamos a él. Esta ansiedad puede causarle diversos problemas digestivos, mala asimilación y elevará su nerviosismo general.
  • Evitación de la comida: Es más grave, si cabe que el anterior. Consiste en la negativa del perro de probar alimento salvo que esté totalmente solo. Es más frecuente en perros a los que se les ha tratado de “enseñar quien manda con la comida”. Asocian la combinación de personas y comida en el mismo momento y lugar con la anticipación de un castigo. Tratan de eludir el castigo (físico o emocional) manteniéndose alejado de la fuente de la disputa. Como podréis imaginar, esta conducta dificulta que haya rutinas horarias de comida, y refleja un espíritu atormentado y temeroso.

¿Cómo podemos corregir la protección de la comida?

Antes que ninguna otra cosa he de recordaros que este problema puede tornarse grave si actuamos de forma indebida. Nuestra recomendación es siempre que pidáis ayuda a un educador canino que tenga experiencia con este problema. Será quien mejor os guie en este proceso.

Si es un CACHORRO , para evitar que cuando crezca sea un perro defiende la comida, podemos habituarle a nuestra proximidad siguiendo algunas pautas y ejercicios:

  • Elegiremos el espacio mas amplio y abierto posible para darle de comer. Que no se sienta acorralado ni sobreprotegido por ningún mueble.
  • Comenzar dándole de comer de nuestra propia mano, galleta a galleta o trocito a trocito. Tendremos la comida en la mano cerrada, y cuando desista de querer arrebatárnosla la abriremos y le daremos acceso a la comida. Siempre con la palma de la mano abierta, como si de un plato se tratase. Así le enseñaremos que solo calmado podrá conseguir la comida.
  • No le hablaremos excesivamente ni le manipularemos físicamente más allá de darle la galleta. Tras cada bolita ingerida le felicitaremos con calma y nos apartaremos un paso hacia atrás. De esta forma nos aproximaremos con comida y nos alejaremos sin ella. Estaremos empezando a habituarle a nuestro movimiento.
  • Pasados unos días comenzaremos a emplear el comedero, con tan solo unas pocas bolitas de pienso y acercaremos el comedero al suelo. Si se avalanza o se altera, tranquilamente volveremos alejarlo y le daremos unos segundos de tiempo sin hacer nada. Cuando parezca calmado repetiremos el intento de dejar el plato en el suelo. Cuando nos deje depositarlo sin tirarse a por la comida le felicitaremos y nos alejaremos un paso o dos, dejando que acuda al bol. Cuando se coma las bolitas felicitaremos sin excitación y nos acercaremos el paso que antes nos retiramos para dejar caer otras pocas bolitas de pienso desde arriba. Si come con cierta calma repetiremos esta acción hasta darle todo el pienso que le corresponda. Si le notamos notablemente excitado, cuando su plato esté vacío lanzaremos tres o cuatro bolas lejos del bol, para redirigir su atención a otra parte y  poder retirar el plato sin que lo aperciba. Depositaremos otras pocas bolitas en éste y volveremos a practicar desde el punto uno.
  • Con el paso de los días, si el perro ha ido positivizando nuestra presencia, dejaremos la mitad de su toma de pienso en el bol en el suelo siguiendo el procedimiento anterior, y mientras come nos acercaremos e iremos dejando caer algo más de pienso en el recipiente. Le habituaremos a que nuestra presencia es positiva, porque no retira el alimento, sino que lo aporta.

¡Recordad! Todo esto siempre en silencio, con movimientos tranquilos y confiados.

Si ya es ADULTO y tu perro defiende la comida, os aconsejo seguir estas otras pautas:

  • Al igual que con los cachorros, dar la comida en un espacio lo mas abierto posible, a poder ser en un lugar diferente a donde ha dado las anteriores muestras de protección de recursos. A veces un entorno no asociado a la comida ayuda a obtener una conducta menos violenta, por no estar condicionado al alimento.
  • Tendremos todo preparado antes de que el perro entre en el área donde comerá. El espacio diáfano, el alimento medido en su comedero, incluso una silla en la estancia pero en la zona más alejada a donde dejaremos su comedero.
  • Dejaremos el comedero y cuando todo esté listo, abriremos la puerta, dejando que el perro entre en la estancia.
  • Nada más dejarle acceder, nos retiraremos en silencio, sentándonos en la silla que hemos preparado al final de la estancia. Así estaremos en su presencia pero en vez de acercarnos, notará que le otorgamos mayor distancia, mayor confort.
  • Mientras le demos de comer, no le miraremos a la cara, no le hablaremos, no le tocaremos. Todo ello puede provocar la conducta de protección de recursos.
  • Con el paso de varios días repitiendo este procedimiento, una vez sentados, cuando haya comido media ración, nos levantaremos en silencio y sin mirarlo, sin acercarnos, solo nos incorporaremos, para volver a sentarnos un instante después. Le habituamos a la ruptura de nuestra quietud.
  • Cuando notemos que nuestra presencia en la lejanía no le supone un problema, nos acercaremos un par de pasos para dejar en el suelo algo de comida aún más apetitosa que su pienso y alejarnos de nuevo. Con el tiempo, el perro irá asociando que cuando nos movemos es para algo positivo y no para hostigar, y que acto seguido de comer lo ofrecido puede volver a acabar su plato sin intromisión.

Consejos generales

  • Si te es posible, lleva un registro por escrito de las fase en la que se encuentra tu perro, el tiempo y número de repeticiones que has realizado de cada paso. Este registro te ayudará a tener un mayor control de lo que haces, lo que has de hacer más adelante, y sobre todo: te ayudará a tener paciencia.
  • En todos estos procesos, cuando el animal haya acabado de comer, no iremos a por el plato en su presencia bajo ningún concepto, ni le pediremos que se aparte o se vaya. Nosotros saldremos de la estancia, sin llamarle. Lo mas probable es que el perro nos siga o acuda al poco tiempo al mismo lugar en el que estamos ahora, ahora ya sin la tensión que le provoca la comida. Aprovecharemos cualquier momento en que se aleje de la puerta para cerrarla tranquilamente y poder acudir a retirar el plato sin la presencia del perro.
  • Alternativamente a esto podemos enseñarle el comando “suelta” con sus juguetes favoritos, con intención de que nos ayude cuando su tensión al comer sea menor. No es recomendable utilizar este comando cuando el perro se encuentre en las primeras fases del tratamiento, porque puede ser contraproducente. Podría aumentar su tensión. Pero sí algo más adelante, cuando haya positivizado este comando a través del juego y las recompensas.
  • Y la más importante: No dejes que nadie de la comida a tu perro si no es bajo tu supervisión. Nadie debe hacer nada indebido que vuelva a tensar al animal. Es importante no dar pasos atrás antes de tiempo, pues podría tirar por tierra todo tu esfuerzo.

Espero que este artículo, pese a su extensión, os haya resultado interesante y os ayude a solucionar los problemas si tu perro defiende la comida.

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